Un nuevo verano en Chile

Hay viajes en los cuales las cosas no salen como uno espera. Este fue el caso. Venía de un año muy duro en lo emocional, y necesitaba descansar, pero no lo conseguí. Al contrario, llegué más cansada y más angustiada que lo que me fui. Los motivos, prefiero guardarlos; pero serán la razón para que en este relato hable de las personas sólo cuando sea indispensable.

Tristemente fue un viaje decepcionante. A veces pasa. Una a una las ilusiones con las que lo había soñado se fueron cayendo. De todos los lugares que habíamos dicho que íbamos a ver, no vimos ni la cuarta parte. De todos los reencuentros que quería tener, llegó uno único y nada más. Solo una de las percepciones se concretó con contundencia: el hecho de que todo esto era un error. Lo supe desde el momento en que cerré la compra de pasajes. Traté de apostar en positivo, de entusiasmarme y disfrutar, pero la realidad se impuso: hacer este viaje en esas condiciones fue un error.

Pero aunque haya terminado el periplo exhausta, llorando por mi verano perdido, por mi oportunidad de descanso mental y disfrute diluida en el aire, con el paso de los días empecé a recuperar lo positivo. Y eso no implica negar lo malo, que fue mucho… Fue positivo por todo aquello de lo que tomé conciencia; a veces se necesita caer bien abajo para reaccionar, y por eso fue positivo por todos los “nunca más” que pude definir. Y aunque en muchos momentos me nacía desde muy adentro el “no hay derecho a que estas sean mis vacaciones”, primó el hecho de que tal vez esa era la única forma de poner las cosas en su lugar, barajar y dar de nuevo. A veces necesitamos un golpe drástico que nos haga reaccionar, y los viajes son especiales para ello. Por eso, aunque haya salido mal, en el fondo estuvo bien.

Entonces, ¿qué voy a contar? Voy a contar de los lugares que vi, de las cosas que aprendí, porque siempre hay un rescate positivo, aunque sea mínimo. Voy a hablar de las cosas buenas que tuvieron sabor a poco, porque valía la pena estar allí y hubiera sido mejor haber aprovechado más. Voy a contar de mis sensaciones, omitiendo, como dije arriba, lo más posible a las personas, a menos que sea totalmente necesario. Y voy a arrancar por una de esas excepciones necesarias, que es expresar mi gratitud infinita a la familia de Marcela que desinteresadamente y con todo amor nos recibió.

1. Santiago histórico – Santiago

2. La Chascona y alrededores – Santiago

3. Una llegada accidentada – Puerto Saavedra

4. Atardecer en los miradores – Puerto Saavedra

5. Completos – Entre Puerto Saavedra y Temuco

6. Cerro Maule y boca Budi – Puerto Saavedra

7. Camino a la balsa – Puerto Saavedra

8. Lagos y volcanes – Villarrica

9. Día de termas – Coñaripe

10. Tradición mapuche – Lican Ray

11. Los ojos ven y el corazón siente – Caburgua

12. San Sebastián – Puerto Saavedra

13. Cruzar el río – Nehuentúe

14. La belleza de lo escondido – Carahue

15. Tarde de playa – Puerto Saavedra

16. Recorrida a Temuco – Temuco

17. En un rincón del mundo – Cherquenco

18. El río – Vilcún

19. Shopping – Temuco

20. Feria campesina – Puerto Saavedra

21. Rema, rema sin parar – Puerto Saavedra

22. Miradas desde el cerro San Cristóbal – Santiago

23. Sabor a poco – Viña del Mar

24. Valparaíso maravilloso – Valparaíso

25. Atracciones de la capital – Santiago

26. Llegar

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