Atracciones de Santiago

Santiago, Chile

Quedaban algunas cosas para ver aún en Santiago, y dos días para pasear. Aquella mañana decidimos ir al Mercado Central, anduvimos curioseando los pescados y mariscos, y luego visitamos la Estación Mapocho, donde había unas muestras de fotografía. Me llamó la atención una en especial, mostrando ventanas, y a través de ellas la vista. Una parte costumbrista, una más social. El adentro, el afuera y todo un juego filosófico en relación a ello. La otra, trabajando sobre los desnudos, nos motivó preguntas sobre el valor del arte y lo que se espera de él, en cuanto a mensaje, transmisión, sensación.

Cruzamos el Mapocho, hacia donde empezaba el barrio de Patronato. Por lo que dijo Marcela, tiene rasgos de lo que es Once en Buenos Aires. Era sábado, pero estaba todo cerrado, máxime los arreglos que estaban haciendo en las calles. Así que nos acercamos a ver una iglesia en la avenida que tenía una arquitectura especial, y cambiamos de rumbo.

El destino fue la Quinta Normal, aquel predio que alberga, entre otros, al Museo de Historia Natural. Entramos brevemente al edificio y confirmé que se parece al museo homónimo de Londres, sólo que este es de madera y mucho más sencillo, con una altura de la nave principal mucho más modesta, pero con el mismo espíritu arquitectónico.

Almorzamos unos completos cerca del lago, donde muchos paseantes andaban en los tradicionales botes a pedal, y luego fuimos al museo ferroviario. Muchos años atrás estuve allí con Leo, y tras mi último regreso a Santiago, había empezado a sospechar que aquel muestrario espectacular de trenes estaba dentro de la Quinta Normal. El material en materia de locomotoras expuesto allí es impresionante: hay de todos los tamaños y potencias, adaptadas a la montaña y al llano. Una de ellas es imponente por su tamaño, y fue de las más grandes de Sudamérica. Hay también una locomotora del tren trasandino que funcionó hasta entrada la década de 1970; tenía para mí un sabor especial, era parte de mi historia, además de que había visto por dónde trepaba en el camino que cruzando el paso internacional, une Santiago con Mendoza. También visitamos los vagones comedor de antaño, donde unas señoras muy simpáticas se quedaron conversando con nosotras.

Volvimos temprano, haciendo paradas en los shoppings. Allí el tiempo se enredó, y aunque habíamos pensado salir antes del cierre, terminaron pidiéndonos que nos retiráramos para poder cerrar.

Todas las compras que faltaban quedaron para el día siguiente. Cerramos así la estadía en Santiago y la visita a sus atractivos. Quedó mucho por ver… quedó mucho por lo cual volver.

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