Nadie escapa a su tiempo

La lectura colectiva de la Divina Comedia va por su día 21 y nos va atravesando a todos. La estructura de un canto por día da espacio para debatir y masticar el texto, y esto nos lleva a resultados sorprendentes. Entre ellos, que diferentes hechos cotidianos disparan reflexiones sobre la Comedia. Por ejemplo hoy encontré sin querer algo interesante que me llamó mucho la atención y que hace al contexto de la famosa obra de Dante.

Todos sabemos que ningún texto es ascéptico de intencionalidad; en este caso, siendo Dante un intenso activista político en Florencia que debió exiliarse, no sorprende que incluya en el infierno a muchos de sus contemporáneos. Hoy leyendo “Vigilar y castigar” de Foucault, me encontré que el texto me llevó directo al infierno de la Divina Comedia, ya que éste refleja toda la concepción punitiva de la época y los mecanismos de control social que se ponían en juego.

Foucault describe y analiza el suplicio como forma punitiva anterior al siglo XVIII. Un suplicio es una pena corporal, dolorosa, más o menos atroz. La muerte-suplicio es un arte de retener la vida en el dolor, subdividiéndola en “mil muertes”. Queda claro que los castigados del infierno están padeciendo un suplicio. Foucault dice que por parte de la justicia que lo impone, el suplicio debe ser resonante y comprobado por todos, en cierto modo como su triunfo; él mismo nos lleva a la Comedia diciendo: “La poesía de Dante hecha leyes”.

En el suplicio el pueblo es el personaje principal; en la Comedia, ese pueblo espectador del suplicio está representado por Dante, que a la vez es el personaje con el que el lector se identifica. ¿Por qué el protagonista es el pueblo y no el supliciado? Porque es preciso que se atemorice, pero también debe ser el testigo como el fiador del castigo. Así, la intención política de la obra es testificar el castigo a los que, a juicio de Dante, han procedido mal y han quedado impunes en el mundo.

Sin embargo, Foucault explica que la práctica de los suplicios era menos una economía del ejemplo que una política del terror: hacer sensible a todos la presencia desenfrenada del soberano. El suplicio no restablecía la justicia: reactivaba el poder. En este caso, lo que Dante quiere mostrar es el poder de Dios y de la justicia divina.

El problema era que muchas veces, en la ceremonia de los suplicios aparecía una solidaridad del pueblo con el delincuente, mucho más que el poder del soberano. Por eso, cuando en Inf 20 Dante llora ante los condenados y Virgilio lo reta duramente, es porque se está generando esa solidaridad con el supliciado que deviene en un cuestionamiento a la justicia divina, y por tanto, al poder de Dios.

En conclusión: Dante está tratando que el lector reconozca el poder de Dios sin cuestionamientos, confíe en su justicia y vea que aquellos que en la tierra han atentado contra esas leyes divinas tienen su castigo al igual que los delincuentes en la Tierra. Para ello se vale de las concepciones y experiencias de su época.

Lo grandioso, a mi entender, es que la obra ha trascendido y sigue teniendo el poder de hacernos reflexionar aún cuando los mecanismos punitivos y de control social de nuestro tiempo sean tan distintos a las del contexto de escritura. Para nosotros hoy tiene ese valor metafórico que combinado con los saberes, cosmovisiones y concepciones de nuestro tiempo nos permiten una reflexión profunda y actual como la que generaba en su tiempo.

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Mundo Playmobil

Cuando Pablo dijo que había una exposición de Playmobil en el Museo de la Ciudad, nos miramos y al unísono dijimos “vamos”!! Me imaginé las cosas que podrían estar armadas allí con los muñequitos que en la infancia nos permitieron crear mundos imaginarios de lo más diversos.

Habían armado maquetas con las temáticas de todos los tiempos, dejando ver la calidad de los detalles de estos muñequitos. Si bien yo esperaba quizás algo más espectacular, me dio ternura ver muchas de ellas. si me habré pasado horas con mis hermanos jugando a armar la función de circo… diseñábamos los actos, buscábamos utilería y los musicalizábamos con las melodías prediseñadas que traía el órgano eléctrico. En verano, pintabamos en el patio con tiza la pileta del club para los acalorados muñequitos, y les armábamos también la cancha de futbol y el sector de parrillas para comer asado.

Todo esto estaba en la muestra, junto con la serie del far west, de los piratas, del mundo medieval y de las casas victorianas. Los chicos miraban fascinados, y muchos grandes también sacamos el niño interior.

La historia de estos muñequitos viene de Alemania de fin del siglo XIX, de una fábrica que fue mutando en sus producciones a lo largo de la historia hasta llegar a ellos. De artículos ornamentales pasaron a teléfonos y cajas registradoras; del metal pasaron al plástico como principal componente de sus productos, en un afán de abaratar costos. Incursionaron en la industrial del juguete con autos, camiones y tractores para niños, que fueron paulatinamente reduciendo su tamaño para seguir reduciendo costos, hasta que con la crisis del petróleo en los años 70 reformuló la producción creando los Playmobil.

El diseño del muñequito es simple, y está pensado para potenciar la imaginación infantil. Cabe en un bolsillo, se mantiene parado fácilmente y con sus manitos puede tomar infinidad de accesorios intercambiables. Cuando éramos chicos, los combinábamos con los rastis, con cajas de cartón, con cualquier material que nos permitiera crearles un mundo. Han sido, tal vez, uno de los juguetes que más han potenciado nuestra capacidad de crear y que nos han entretenido por más horas. Será por eso que todos, grandes y chicos, queríamos sacarnos fotos con el playmobil gigante.

Para mi, la carita simple del Playmobil, de dos ojitos y sonrisa de media luna, es la cara de la felicidad de la infancia.

Elementos (para pensar)

No me gusta atribuir de modo determinista que tal persona “es” o “deja de ser” en virtud de su combinación astrológica: creo que somos hijos de nuestras experiencias, de lo que hemos sabido construir. Sin embargo, el el asunto siempre me intrigó, por lo que hice lo que sé hacer mejor: leer mucho al respecto. Los años me han mostrado que la astrología es mucho más que los “buscadores de coincidencias” de la Tana Ferro (memorable la escena de “hay algún Sagitario más en esta sala”), o de la simplificación que lleva a todos a huir cuando una persona dice que es de Leo o de Escorpio, como si fueran los intratables en el género humano. Siempre detesté el etiquetado automático de las personas en función de su fecha de nacimiento, y lo confirmé cuando descubrí la riqueza de esa relación ancestral entre el estudio del cielo y el intento de explicar la psicología de las personas que nos rodean. Vamos, responder al por qué el otro es como es y hace lo que hace nos gustaría a todos. Finalmente aprendí a interpretar rudimentariamente un mapa astral, y me di cuenta de que en muchos sentidos, la estadística puede más y se llega al momento del “creer o reventar”.

El taller de hoy se promocionaba como una introducción básica a la astrología desde los cuatro elementos. Pensamos que iba a ser una charla de sábado por la tarde, pero la charla fue solo parte del taller. La propuesta inicial fue vivir los cuatro elementos, para luego entender su teoría. Así, nos encontramos personificando, haciendo cuerpo, lo que es ser tierra, lo que es ser aire, lo que es ser agua, lo que es ser fuego. Un caminar estructurado, la sensación de poder fluir libremente entre todo, la flexibilidad y adaptación… La actividad nos permitió repensarnos, repensar nuestro entorno una vez más.

Básicamente, la astrología plantea que las doce constelaciones del zodíaco son un anillo que rodea a la Tierra, ya que están ubicadas en el plano de la eclíptica, que no es otro que el de la traslación terrestre alrededor del Sol. Cuando uno mira desde la Tierra y ve el Sol, la Luna y los planetas del sistema solar, estas constelaciones sirven de telón de fondo para cada uno de estos astros. La carta natal es el mapa del cielo en el momento que nacimos: así, tal vez el Sol tenía como fondo a Aries, la Luna a Libra y Mercurio a Sagitario; y así cada uno. Cuando alguien dice “yo soy de Tauro”, quiere decir que el Sol, el astro mayor, el que más peso tiene en la personalidad astrológica, estaba ubicado delante de la constelación de Tauro. Pero el Sol no es el único, los otros astros también juegan, y cada uno está “cargado” de la energía de las constelaciones que los respaldan y tiene influencia sobre nosotros.

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Gaucho

Gauchos. Hombres errantes, sueltos y sin domicilio, cuyo ejercicio es andar de pago en pago, en las hierras, carreras, y en las casas o tabernas de juego; montado siempre en los mejores caballos que no teniéndolos propios, los toma a lazo o con las bolas, de las manadas que pastan por los campos…”

Francisco Javier Muñiz, c. 1845

Hoy nos fuimos al CCK, Centro Cultural que funciona en el edificio del Correo Central, a ver la exposición de fotografías, cuya temática es el gaucho,que propone Aldo Sessa. El fotógrafo es reconocido por haber recorrido el país capturando con su cámara los paisajes más icónicos como la vida de su gente. La muestra es una selección de imágenes muy movilizantes, que llevan a pensar un poco sobre esta figura tan típica de la Argentina.

El gaucho es, ante todo, el hombre de campo. Históricamente nació del mestizaje colonial. Se contrataba para arrear ganado de manera temporaria, y el resto del tiempo vagaba por la llanura a su ritmo y placer. Se lo encontraba en las pulperías, donde compartía alguna caña o se batía a duelo de cuchillos con otros como él.

El gaucho argentino es el ser más libre e independiente de la especie humana. Sus necesidades están reducidas a las primeras de la naturaleza. Unos cuantos caballos que los toma de los primeros que se le vienen a las manos, que no procura enseñarles más que a sufrir el jinete encima, irse al paso a ratos a galopar de trecho en trecho cuatro leguas de seguida, y después para un poco para fumar él un cigarro; un rancho de cueros, una guitarra para divertirse y matar de cuando en cuando una vaca gorda para comer ciertas piezas escogidas, y hacer de cuero unos tamangos o bolas, lazo, riendas y carona para el avío o apero de montar; yerba amarga del Paraguay para tomar mate y algunos tejidos del país o extranjeros para vestirse; que adquieren en camio de animales que venden, o de los quesos tejidos que hacen las mujeres; y en los lugares del tránsito, con lo que ganan cuando conducen a un viajero de un lugar a otro.”

Juan Espinosa, 1839

El gaucho sufrió un cambio muy violento con la llegada del “progreso” y el alambrado de los campos. Esta sencilla pero crucial tecnología, circunscribió no sólo el deambular del ganado, sino también del gaucho.

La literatura ha reflejado esta crisis en múltiples libros, de los cuales los más famosos son Martín Fierro, Santos Vega, Don Segundo Sombra y Juan Moreira. Como sus nombres lo atestiguan, todos tienen como protagonista a un gaucho; pero todos relatan ese cambio crucial que se dio en la vida gauchesca con el avance del modelo agroexportador. Martín Fierro relata la persecución y el destierro, la vida con los indios. Don Segundo Sombra es el gaucho que se ha integrado al sistema como peon contratado, mientras que Juan Moreira es la resistencia del gaucho ante el progreso. Por último, Santos Vega es la metáfora de la época: el gaucho que en la competencia con el Diablo, sale perdiendo y termina como alma en pena. Ese Diablo imparable que era el progreso, vence aún al payador más avezado.

Un libro más es el Fausto, de Estanislao del Campo. En un poema magistral, relata la historia de un gaucho que cuenta a otro que al ir a la ciudad, ha asistido a una representación en el teatro Colón. El gaucho, simple ante la vida de la ciudad, vuelve asustado a su mundo rural ya que se ha creído todo lo que vio representado en el teatro. La mirada de este libro es la de la superioridad pretendida del campo sobre la ciudad.


La muestra de Aldo Sessa muestra las destrezas gauchas, la artesanía de platería, la simbiosis con su caballo, la pervivencia de técnicas ancestrales. Se ven gauchos tehuelches boleando animales con maestría, gauchos riojanos en los llanos inhóspitos, gauchos del litoral cruzando los ríos con sus caballos y vacas. Impactantes las fotografías. Vale la pena irlas a ver.

¿Por qué decir no a Halloween?

Halloween es una festividad que en nuestro país asociamos a la cultura de los Estados Unidos, y en menor medida, de Gran Bretaña: desde chicos la vimos en dibujos animados, películas y en las clases de inglés. Hasta allí sólo formaba parte del reconocer elementos de la cultura de los otros, del conocer culturas del mundo distintas a la nuestra. Sin embargo, su incorporación al calendario en escuelas y en la mentalidad popular proponiendo su reproducción en estas latitudes se está convirtiendo en un paso más en la colonización cultural.

Sin embargo, y si bien los fundamentos culturales son más que contundentes para desestimar su festejo en estas tierras, es interesante conocer el origen de esta costumbre en sus tierras de origen como para sumar argumentos para decirle no.

Las tradiciones de Halloween se originaron en Irlanda y fueron transmitidas por los inmigrantes a Estados Unidos y Canadá durante el siglo XIX. El término deviene de una contracción de la expresión All Hallows’ Eve: “Víspera de Todos los Santos”, que hace referencia a la noche del 31 de Octubre por ser la víspera del Día de Todos los Santos cristiano, el 1 de Noviembre.

Su origen se encuentra en una festividad céltica conocida como Samhain, que significa fin del verano, en la cual se celebraba el fin de la cosecha y el comienzo de un nuevo año. En ese momento se hacía el balance y la comunidad se preparaba para pasar el invierno almacenando los alimentos necesarios.

Los celtas creían que en ese momento del año, el mundo y el más allá estaban más próximos, de manera que los espíritus (tanto benévolos como malévolos) podían pasar más facilmente de uno a otro. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que se buscaba alejar a los espíritus dañinos. Es posible que el uso de disfraces y máscaras tuviera por finalidad espantar a los espíritos malignos. Entre ellos había uno especialmente malvado: Jack O’Lantern, quien recorría las casas ofreciendo la opción de “trick or treat” (truco o trato). La tradición cuenta que siempre era mejor pactar con este personaje, ya que el truco consistía en la maldición del hogar y sus habitantes, que sufrirían la mortandad de cosechas y animales, enfermedades, muertes y otros infortunios. Una forma de protección era colocar una calabaza con una cara horrenda para espantarlo, así como prender velas a los espíritus benignos para que ejercieran su protección. De allí la tradicional calabaza agujereada que funciona como lámpara.

Cuando los romanos invadieron los territorios celtas, incorporaron la celebración; eran también los tiempos de la expansión de la fe cristiana, que al llegar a los distintos pueblos, era incorporada a la par de las festividades paganas locales. Este sincretismo quedó reflejado en el hecho de que la Iglesia de Roma estableció como día de Todos los Santos al día posterior a las celebraciones de Halloween. Ambas celebraciones coinciden entonces en cuanto a su significado: la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos.

Como hemos dicho, la tradición se mantuvo en Irlanda y se traspasó a América del Norte con los inmigrantes que se establecieron allí durante el siglo XIX y que reprodujeron sus costumbres en su nueva tierra. Sin embargo, la supuesta masividad de la celebración pagana y sus tradiciones no fue más que un fenómeno comercial desencadenado en los Estados Unidos de la década de 1920. Desde ese entonces, se expandieron la calabaza agujereada en la ventana y la recorrida de los niños pidiendo “truco o trato”. Al respecto, el trato es equivalente a que los adultos den dinero o golosinas a los niños, mientras que el truco sería una travesura tal como desparramar la basura o tirar pintura en la puerta. Otra tradición difundida fue la de contar cuentos de fantasmas e historias de espanto. Todo esto fue llevado al cine, a las series de televisión y a diversos productos comerciales de consumo mundial, de manera tal que llegó hasta nuestros hogares tan lejanos física y culturalmente de estas costumbres.

Es interesante conocer el origen cultural de esta celebración, sus tradiciones; y a partir de allí, creo que una cosa es ver un dibujo animado y decir “es una fiesta propia de los países anglófonos” y otra muy distinta ver a la nieta de mi tía que camina por las calles de su barrio privado vestida de bruja y tocando timbres para que le den caramelos. Llegado a este punto, me asusta el ver tanto lavado de cerebro.

Como latinoamericanos tenemos las tradiciones aborígenes tan devaluadas hoy en día y a la espera de ser recuperadas, como el culto de la Pacha Mama, que además de una festividad es un manifiesto vivo de valores ambientales. Como porteños, las múltiples festividades y tradiciones de los inmigrantes de los cuales descendemos: basta con preguntarle a los abuelos para encontrarse con ellas. Como rioplatenses, el carnaval, que si bien no es mi fiesta preferida, tiene más de raíces locales y arraigo cultural. Porque si bien el contacto cultural enriquece, nos empobrece cuando empezamos a desdeñar nuestras propias tradiciones (si es que alguna vez las tuvimos en cuenta). para incorporar las foráneas que tienen un transfondo más comercial que tradicional.

Es por ello que hoy compré una hermosa calabaza, y como dice el panfleto del encabezado, la voy a hacer puré con romero y crema para armar un rico pastel!!

Cosa de chinos

Ahi voy, otra vez desde el proyecto literario de Uciel. Me resultó interesante la mirada, el compendio, la curiosidad. Convivimos con los chinos del supermercado, a los que a veces como sociedad despreciamos por su calidad de inmigrante (¿por qué será que nos cuesta tanto aceptar lo diferente? ¿por qué será que le tenemos tanto miedo?), y así sobrevuelan los dichos: “apagan la heladera de noche”, “son sucios”, “comen ratas”, “se hacen los que no entienden pero te entienden todo”.

Pero tras los chinos hay una cultura milenaria que, por otro lado, tenemos bastante presente. Porque muchas veces decimos, cuando nos olvidamos de las frases y la desconfianza del supermercado, que son ellos los que han inventado gran parte de las cosas que hay hoy en el mundo. Por eso, cuando Uciel publicó este texto, me gustó y lo quise conservar aquí.

¿Qué no inventaron los chinos?

Allá en la infancia, supe que China era un país que estaba al otro lado del Uruguay y se podía llegar allí si uno tenía la paciencia de cavar un pozo bien hondo. Después, algo aprendí de historia universal, pero la historia universal era, y sigue siendo, la historia de Europa. El resto del mundo yacía, yace, en tinieblas. China también. Poco o nada sabemos del pasado de una nación que inventó casi todo. La seda nació allí, hace cinco mil años. Antes que nadie, los chinos descubrieron, nombraron y cultivaron el té. Fueron los primeros en extraer sal de pozos profundos y fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas. Crearon arados de hierro de porte liviano y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura. Inventaron la brújula mil cien años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla. Mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero. Hace mil novecientos años, inventaron el papel. Imprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg, y dos siglos antes que él usaron tipos móviles de metal en sus imprentas. Hace mil doscientos años inventaron la pólvora, y un siglo después el cañón. Hace novecientos años, crearon máquinas de hilar seda con bobinas movidas a pedal, que los italianos copiaron con dos siglos de atraso. También inventaron el timón, la rueca, la acupuntura, la porcelana, el fútbol, los naipes, la linterna mágica, la pirotecnia, la cometa, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias.

Eduardo Galeano – Espejos

El arte de cebar mate

 

Con mate nuevo

Cebar mate es un arte. Tiene sus mañas, sus trucos y detalles para lograr el mejor sabor, la mayor duración, la temperatura justa, el hecho de que todos tomen la misma cantidad de buenos mates… Cebar mate bien, requiere una suma de conocimientos y cuidados especiales. En algunas familias antiguas sólo lo hacían sirvientas especialmente dedicadas a este arte, llamadas cebadoras de mate. La palabra cebar expresa la idea de mantener, alimentar, sustentar algo en estado floreciente. Al decir cebar mate se quiere significar, no el acto de llenar el mate con agua caliente, sino mantener ese mate en condiciones siempre apetitosas.

Escribo este post en honor a dos personas que conocí en mi viaje por el sur: Mike e Imanol. Cuando tenga tiempo y pueda escribir el relato de esos días, incluiré más detalles. Basta decir por ahora que ambos son extranjeros, y que ambos probaron el mate conmigo. Ellos se acercaron una noche y me dijeron que querían probar. Mike, inglés, me mató a preguntas, muchas de las cuales respondí y ahora respondo acá. Mike se llenó de admiración, al punto que una noche, mientras ambos escribíamos nuestros diarios, me dijo que estaba anotando todo aquello que yo les había contado. Imanol, francés, aprendió a cebar mate y me cebaba mientras yo cocinaba para ambos. Se vino haciendo dedo a Buenos Aires gracias a un cartel que decía: “Buenos Aires, cebo mate”. Fue por eso que debía aprender.

Y vale también el homenaje a mi papá, que es una de las personas que más dedicación le pone a la preparación de mate, y que hace uno de los mates más ricos que he conocido. Todavía no le pesco la vuelta a su técnica… pero bueno, en eso ando.

Vamos a comenzar por una pregunta de Imanol:

♣ ¿Cómo se prepara un mate?

Primero ponemos el agua a calentar. Mientras tanto, llenamos el mate. Hay de diferentes tipos y tamaños; lo importante es verter yerba en el mate hasta alcanzar aproximadamente las tres cuartas partes del recipiente. Después, se tapa con una mano la boca del mate, invirtiéndolo y agitándolo boca abajo unos instantes. La finalidad de este procedimiento es lograr que las partículas más finas queden en la parte superior de la cebadura, disminuyendo así la posibilidad de que pasen por la bombilla o la tapen. Una vez que el mate volvió a su posición normal, la cebadura, es decir, el huequito donde se va a colocar el agua, debe quedar inclinada, recostada sobre una de las paredes.

Cuando el agua esté tibia, se vierte suavemente en la parte ahuecada de la cebadura en cantidad suficiente para humedecer la totalidad de la yerba, y se deja reposar unos instantes.

Cada cual conoce su pava; el ruidito que hace justo antes de hervir, cuando el agua alcanzó su temperatura óptima para tomar unos mates. Entonces ya se puede comenzar a cebar, vertiendo el agua suavemente. Pero el agua debe mantenerse a temperatura constante sin permitir que hierva, por eso es muy recomendable el uso de un termo.

Un buen cebador no mueve la bombilla (un buen tomador tampoco!! porque es signo de desprecio) pero si fuera necesario, debe moverse cuando el mate esté vacío, es decir, sin agua.

Una vez que empezamos a tomar, fue Mike el que preguntó:

♣ ¿Por qué se toma en rueda y por qué ceba siempre la misma persona?

Se rueda o ronda así al grupo de yerbeadores que comparten una reunión amenizada por el mate. Originada en la rueda del fogón y con todos sus atributos sociales, en términos específicamente materos, se refiere al ordenamiento asignado por el cebador a cada uno de los participantes, a fin de mantener una distribución equitativa del mate. El objetivo es que el que acaba de tomar el mate, no vuelva a hacerlo hasta que haya recibido el suyo cada uno de los demás integrantes de la rueda. A este ciclo se le llama vuelta.

A veces, cuando la reunión es muy numerosa, y para no hacer tan larga la espera entre un mate y otro, suele haber en la rueda más de un mate e incluso más de un cebador. Es también frecuente en estos casos, que en la rueda haya un mate dulce y otro amargo.
Generalmente la rueda tiene dicha forma geométrica, pero esta característica no es obligatoria, y en algunos casos, circunstancias tales como el cambio de lugar de alguno de los integrantes, la llegada de uno nuevo o el alejamiento de otro, alteran dicha morfología, poniendo a prueba la memoria del cebador que siempre aspirará a que todos tomen la misma cantidad de mates.

En cuanto a decir gracias… Gracias es la palabra ritual con que se expresa haber satisfecho el deseo de tomar mate, pero al mismo tiempo traduce el reconocimiento del matero hacia el cebador.

Entonces, si bien yo fui la cebadora en aquella oportunidad, les digo gracias por el hermoso recuerdo que es haber tomado mate en su compañía!

La mayor parte de la información la recolecté de una hermosa página que se llama Soy Gaucho.

El mate es compañero

El mate… no es solo un mate