Descubrir a Mahler

Anoche fuimos a ver un concierto gratuito: tal vez un privilegio de la gran ciudad. La sala sinfónica, maravillosa. Siempre es lindo encontrarse con una orquesta y poder verla, detectar la sonoridad de cada instrumento e identificar de qué lugar del conjunto proviene… ver al artista desarrollar su arte, años de estudio plasmado en cada sonido. Por último, es maravillosa la sensación de escuchar música en vivo sin mediación de micrófonos.

El concierto incluía un concierto para violín, violoncelo y orquesta de Brahms, y una sinfonía de Mahler. De las dos, la sinfonía me dejó totalmente sorprendida. Detecté aires de música judía, había una tensión latente en muchos sonidos suaves y sostenidos, y la potencia de los metales que hacían atronar la sala por momentos. Me encantó, y me di cuenta que sabía poco de este compositor y su obra.

Ya me dio un indicio que los movimientos estuvieran escritos en alemán (se siente milagroso poder entender lo escrito) y no en italiano, como el concierto de Brahms. El uso de la lengua materna hablaba de una reacción nacional, tal vez un cierto romanticismo, lo mismo en aquellas melodías populares que se entremezclaban en la obra. Así que me dediqué a leer un poco sobre él.

Gustav Mahler nació en Bohemia, que en ese tiempo formaba parte del Imperio Austrohúngaro y que hoy está dentro de la República Checa. Durante su vida, además de componer, dirigió múltiples teatros, entre ellos la Opera de Budapest, la Opera de Viena, y el Metropolitan Opera House de Nueva York. Se lo considera parte del posromanticismo, que fue un movimiento de finales del siglo XIX que pretendía a la vez conciliar y superar el romanticismo y el realismo. La diferencia con los románticos es que los posrománticos no deseaban abandonar la comodidad de la vida burguesa; esto les generaba una crisis de identidad y una ambigüedad ante las situaciones de su tiempo (en la literatura, quedará de manifiesto en obras como Dr. Jeckill y Mr. Hyde o El retrato de Dorian Gray).

Mahler procedía de una familia judía conversa, lo que le implicó ser dejado de lado durante largos años tras su muerte, en 1911, y recuperado luego de la caída del nazismo. Introdujo en sus composiciones elementos de distinta procedencia como melodías populares, marchas y fanfarrias militares, que pueden notarse en la sinfonía que escuchamos anoche.

Se trataba de su Primera Sinfonía en re menor, “Titán”, una de sus obras más ejecutadas. Para mí, fue novedosa. No recordaba haber escuchado algo así, y fue muy conmovedor.

Mahler expresa en esta música diversas emociones, tanto relativas a su vivencia de la naturaleza como a ciertos contenidos autobiográfico; además, el empleo de efectos espectaculares, visuales y espaciales, destinados a crear un impacto directo sobre el oyente, es muy notorio y efectivo. El señor de al lado mío saltaba de su butaca y gesticulaba, y por momentos la música nos llevaba a todos a seguir el ritmo.

Sus cuatro movimientos son:

  1. Langsam, schleppend, immer sehr gemächlich (Lento, arrastrado, muy cómodo). La sinfonía comienza con una introducción mágica y como de ensueño, tras la cual aparece un movimiento rápido dominado por un tema alegre en la cuerda, que luego pasa a toda la orquesta. Tras una repetición de la introducción, aparece un tema nuevo en las trompas, que conduce a un gigantesco clímax tras el que el movimiento concluye con una alegría desenfrenada.

    II. Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell (Poderosamente agitado, pero no demasiado rápido). El movimiento se basa en un tema de carácter popular, de origen austríaco. A pesar de su apariencia alegre y rústica, el movimiento se vuelve algo agitado en ocasiones. La parte central, (trio) es más tranquila, y ofrece un momento de descanso poético, aunque manteniendo el carácter de danza popular.

    III. Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen (Solemne y medido, sin arrastrar). Es una marcha fúnebre, que comienza con un solo de contrabajo, al que se van incorporando diversos instrumentos. A continuación, aparece un tema de carácter nostálgico que procede de la música tradicional de Bohemia. La tristeza de la marcha fúnebre en la que alternan estos dos temas contrasta con pasajes grotescos en los que parece sonar una música de banda popular.

    IV. Stürmisch bewegt (Tormentosamente movido). El gran final de la obra simboliza el tránsito de las tinieblas a la luz. En la primera sección aparecen una serie de motivos tempestuosos y agitados, que desembocan en la exposición de un tema de carácter trágico sobre un acompañamiento ininterrumpido de las cuerdas, y que finaliza con unos dramáticos golpes de la percusión. El segundo tema es una melodía lírica en las cuerdas, que comienza de forma tranquila y se va elevando hasta un clímax apasionado. Tras el regreso del tema tempestuoso en el desarrollo, aparece un nuevo tema triunfante en los instrumentos de metal, pero le hará falta luchar y ser derrotado dos veces antes de alcanzar el brillante final. Después de un último pasaje reflexivo, se encuentra el triunfo definitivo del optimismo, en un final lleno de espectacularidad en el que la orquesta parece forzar al máximo la capacidad del aire para transportar el sonido.

 

Salimos muy contentos, y para terminar la velada de manera soñada, nos fuimos a cenar a un rincón tradicional de Buenos Aires: El palacio de la papa frita. El salón no muy grande, conservado en su estética tradicional, nos recibió para degustar una milanesa napolitana con la especialidad de la casa: papas soufflé. Son papas fritas en rodajas, que quedan infladas. El flan casero también nos resultó muy rico. Pero lo más rico de todo fue la conversación sobre lo vivido, sobre aquellas notas del concierto que aún seguían en nuestros oídos.

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Mucho para pensar

Una tarde de sol invernal que parece ya primaveral bastó para que leyera “Rebelión en la granja”.

Es muy fácil leer rebelión en la granja y ver aquello que Orwell quiso mostrar: una crítica al comunismo soviético del período estalinista. Vamos leyendo y vamos encontrando la analogía entre cada personaje y la realidad: el granjero es el Zar, la yegua de tiro es la nobleza zarista, el cuervo es la Iglesia, los cerdos son la nomenklatura, y entre ellos, Snowball es Trotski y Napoleón (curioso nombre, dado que el conocido francés trocó la revolución francesa en un imperio personalista) es Stalin. Luego aparece la división entre los caballos, que algo piensan, cuyo trabajo es más valorado, y las ovejas y gallinas, que no pueden siquiera recordar las letras. Hay una valoración intrínseca al proletariado por sobre el campesinado.

La división entre el trabajo intelectual, justificado por la propaganda y que amerita ciertos privilegios, y el trabajo manual productivo, está muy clara desde el principio: “Los cerdos en verdad no trabajaban, pero dirigían y supervisaban. A causa de sus conocimientos superiores, era natural que ellos asumieran el mando.” Unos pocos renglones más atrás, acababa de decir que el caballo entendía el trabajo de segar mejor que el granjero… y llegado a ese punto surge la pregunta de por qué ese conocimiento no le da poder de mando al caballo. La respuesta es que se naturaliza algo, a elección de un beneficiario y sus intereses, y se desnaturaliza el resto… Si no, no se entiende cuándo el conocimiento de los cerdos comenzó a valer más que el del caballo, si el caballo permite segar y alimentarse. ¿No es que todos los animales son iguales?

Y la obra recién empieza a interpelarnos, y luego va más en profundidad, sobre todo en su primera parte. Lo leía y no podía dejar de pensar en la escuela, o en la reunión de consorcio. Cómo la vida está atravesada por el poder, y cómo ese poder convierte en falacia el hecho de que todos los hombres son iguales y de su es posible sostener una organización horizontal. Claramente, unos son más iguales que otros. El poder existe, circula y recae, aunque no nos guste verlo. No podemos suprimirlo y sería grave error negarlo. Solo podemos aceptarlo y reflexionar qué hacemos con ello. Queda claro, no existen las organizaciones horizontales. Siempre alguno termina de líder, quiera o no. Y los líderes son los más astutos, y los que tienen el saber: ese saber que es, sobre todo, el saber de los enemigos que se quiere combatir.

El camino al infierno está tapizado de buenas intenciones. ¿Y como se vuelve?? Con humildad.

Tenemos que tener en cuenta que aún en las situaciones que consideremos más democráticas y horizontales, siempre alguien se erige en líder, quiera o no, por elección personal o porque los demás depositan su confianza (y con ella su poder) en él y se encolumnan tras él. Es inevitable, siempre emerge algún líder porque tiene condiciones para ser convocante. “Los cerdos eran los que siempre proponían las resoluciones. Los otros animales entendían cómo debían votar pero nunca se les ocurrían ideas propias”. Sabiendo ésto, un líder responsable debería asumir que, ante los aspectos a tratar, las tareas a organizar, tiene una postura que es la suya, pero no la única. A partir de esto, debería aceptar incorporar las ideas aunque sean discordantes con la propia. Hasta el líder debe reconocer que todos todos tenemos que hacer sacrificios, y que uno de ellos es tomar en consideración opiniones discordantes.

Pero volvamos a la granja. Todo marcha bien, hasta que se encuentran con el fin de la autosuficiencia; y esto los lleva a ceder en lo que habían establecido: no negociar con el hombre. Lo interesante es que los animales tienen alimento, tienen todo lo que precisan, pero aún así, se ven empujados a buscar más. ¿Por qué ? Tal vez porque lo conocen: porque saben que existe y surge el deseo. Dedican su vida a buscar más, sin darse cuenta que podrían vivir mejor con menos.

Finalmente uno de los cerdos se impone, y comienza el proceso de convencer a los demás animales de una realidad tergiversada que se opone a la experiencia que los animales tienen de los sucesos. La realidad vivida se opone al discurso hegemónico, y aparece la duda… Si yo sé que algo pasó aunque me digan que no, como puedo ir en contra de lo que recuerdo? Aparecen las armas de la manipulación. “Una vez más algunos animales escucharon esto con cierta perplejidad, pero Squealer logró convencerlos de que sus recuerdos estaban equivocados.”

El discurso se reformula y se reafirma con el fantasma de la vuelta del granjero, que es el elemento más eficaz para frenar toda discrepancia. Aún así, cuando esto no alcanza, se crea un enemigo exterior o un traidor interior que aúne opiniones mediante el odio común. Me recordó mucho a lo que aparece en 1984, escrito posteriormente, y que allí tomará la forma del ministerio de la verdad.

En algún momento, los animales empiezan a sentir el desencanto, a recordar sus anhelos y a cuestionar su situación nuevamente. Deciden reivindicar el canto de rebelión de aquellos primeros tiempos, ya que es mantener viva esa ilusión del futuro mejor que se quiere. Entonces surge la pregunta: ¿qué hacer cuando te dicen que el futuro llegó, que las metas fueron alcanzadas y que todos deberán vivir así? ¿Qué hacer cuando hasta te prohíben cantar ese canto de rebelión?¿Quién decide que la revolución está terminada, y sobre todo, por qué lo decide?

Orwell publicó el libro en 1945, tras la invasión alemana y la entrada de la Unión Soviética como parte de los aliados. No abarca el comunismo chino, que surgiría en 1947, ni vivió para ver cómo la granja de los animales fue recuperada por los hombres en los albores de la década de 1990.

Curiosamente, los rusos actuales se empeñan en olvidar esta etapa. Añoran volver al esplendor de la época de los zares, sin darse cuenta que fue lo que los llevó al horror que pretenden evitar. Siguen diciendo que si se esfuerzan más, llegarán al objetivo.

Lo interesante, además de todas las reflexiones sobre el poder que me provocó, fue que el libro me llevó a aclarar algunas dudas que siempre tuve y que nunca me había resuelto a buscar sobre el marxismo y el comunismo. Fue el disparador para profundizar en la historia de la Unión Soviética, así como entender las diferencias entre Lenin, Stalin y Trotski, y por asociación al libro, no creo que las olvide más.

Pickles

 

Ingredientes:

  • Verduras varias… cebolla, ají morrón, zanahoria, pencas de apio, coliflor, pepino… o lo que la creatividad les dicte.
  • Vinagre blanco
  • Sal gruesa
  • Pimienta en grano
  • Hojas de laurel
  • Agua

Procedimiento:

  • Lavar y cortar las verduras crudas en trozos pequeños, uniformes: bastones de zanahoria, cebolla en juliana o rodajas, tiras de morrón, flores de coliflor, y así.
  • Acomodar las verduras en un frasco de vidrio, ponerlas bien juntitas y cuidar la variedad!! irles intercalando alguna hoja de laurel y la pimienta en grano machacada para que largue más sabor.
  • Colocar arriba sal gruesa (apenas) y llenar tres cuartos del frasco con vinagre blanco puro y el resto con agua para que no quede tan fuerte… pero para los valientes se puede hacer todo con vinagre.
  • Dejar macerar tapado en la alacena por 30 días para que las verduras se cocinen en el vinagre.

Memorias del tren

Tren Sarmiento, año 2001

Recién recibí un audio de whatsapp que decía más o menos así:

“Yo me considero naif, pero vos sos más naif que yo… nunca te subas al furgón de un tren en hora pico.”

Cuando pregunté si le pasó algo, me dice que no. Pero que el viaje había transcurrido entre humo de faso, cervezas, música, caras buena onda y caras que te miran buscando por donde entrarte. Celular a la mochila, y mochila adelante, paradito al lado de la bici. Reflexionando que aquello parecía un boliche, y que para esa gente que sale de trabajar, que encara un largo viaje a su casa, el momento de relax empieza en el tren. Claro, quién sabe en qué trabajan, y seguro es llegar, bañarse, comer, tele y a dormir. Y mañana otra vez.

Escuchar los audios uno a uno me hizo recordar un montón de experiencias de los años en que yo andaba, naif como soy, arriba de los trenes. Peor, más naif que ahora porque tenía bastantes años menos. Se me dispararon las anécdotas… y se las conté por audio, agradeciendo el consejo y su deseo de protección. Aquí van.

Capítulo 1

Año 2001, la previa de la crisis. Año 2002, crisis atroz. La gente viajaba en el tren y lo iba desarmando por el camino para llevarse las cosas y venderlas como material. Los vagones ya no tenían vidrios, ni burletes, ni traba persianas. Todo lo que era material reciclable ya no estaba disponible. Yo tenía 19 años, empecé a cursar en el profesorado a la noche, y viajaba en el tren Sarmiento, al menos para ir. Tomaba el rápido de 18.05 que hacía Liniers, Flores, Once. En invierno, cruzaba la Plaza Miserere en noche cerrada.

Capítulo 2

Una tarde perdí el rápido y viajé en el común, que venía llenito. Me acomodé en un vagón más bien adelante, para pasar rápido en los molinetes de Once. Del furgón venía olor al humo de la marihuana y el sonido de las los hombres que vociferaban. De repente, gritos fuera de lo común: “pará flaco, pará, calmate flaco”.

El tren entra a estación Caballito. Se escuchan forcejeos y gritos en el furgón. El tren no arranca. Cuando por fin sale, miro por la ventanilla: un tipo magro, con campera de cuero y expresión de guapo, pecheaba a uno que con las manos arriba le decía “no te calentés”. Bastó un microsegundo para notarle el pánico en la cara, así como para ver que el flaquito patotero tenía los brazos colgando a los lados del cuerpo, y en la mano que daba al tren sostenía un revolver.

Y el tren se alejó lentamente, y no vi más. Luego tomó velocidad y la vida tomó otro rumbo.

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México moderno, vanguardia y revolución

Tarde de sábado en el MALBA. Después de almorzar una hamburguesa Wendy’s liviana, caminamos hasta el museo y descubrimos la ciudad. Íbamos a ver la muestra “México moderno, vanguardia y revolución”, que traza el desarrollo de las diferentes propuestas estéticas modernistas que tuvieron lugar durante la primera mitad del siglo XX en México. El recorrido está compuesto por un conjunto  de 170 piezas emblemáticas de más de 60 artistas, incluyendo a los más grandes maestros del período, que son sus exponentes más conocidos: Frida Kahlo, Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, entre otros, muchos de los cuales se exhibían por primera vez en nuestro país. La muestra fue organizada en colaboración con el MUNAL, Museo Nacional de Arte Latinoamericano de México.

La selección de obras quería mostrar la búsqueda de la auténtica mexicanidad en estos artistas, así como el modo en que los intereses vanguardistas y revolucionarios cambiaron el rumbo de las artes en ese país. Muestra también la fuerza y la solidez del período moderno en México, en el que lo folklórico, que persiste desde épocas precolombinas y es parte indisoluble de la vida cultural del país, se volvió un sello identitario. Las obras exhibidas muestran que la vanguardia mexicana no fue una mera imitación de lo sucedido en Europa, sino una reelaboración que incorporó los elementos de la cultura local. En este proceso fue crucial el papel de la ciudad, estridente y cosmopolita, repleta de artistas e intelectuales que se nutrieron de lo autóctono, de las costumbres y festividades populares y religiosas, de la temática indigenista, de los conflictos de clases y de la activa vida social y política.

El arte mexicano de la primera mitad del siglo XX es reconocido principalmente por sus contribuciones en torno a la pintura monumental. El muralismo, impulsado por el triunfo de la Revolución, promovió un proyecto de construcción de la nación moderna. Pero no era lo único exhibido allí. La muestra estaba organizada en cuatro salas temáticas.

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Nadie escapa a su tiempo

La lectura colectiva de la Divina Comedia va por su día 21 y nos va atravesando a todos. La estructura de un canto por día da espacio para debatir y masticar el texto, y esto nos lleva a resultados sorprendentes. Entre ellos, que diferentes hechos cotidianos disparan reflexiones sobre la Comedia. Por ejemplo hoy encontré sin querer algo interesante que me llamó mucho la atención y que hace al contexto de la famosa obra de Dante.

Todos sabemos que ningún texto es ascéptico de intencionalidad; en este caso, siendo Dante un intenso activista político en Florencia que debió exiliarse, no sorprende que incluya en el infierno a muchos de sus contemporáneos. Hoy leyendo “Vigilar y castigar” de Foucault, me encontré que el texto me llevó directo al infierno de la Divina Comedia, ya que éste refleja toda la concepción punitiva de la época y los mecanismos de control social que se ponían en juego.

Foucault describe y analiza el suplicio como forma punitiva anterior al siglo XVIII. Un suplicio es una pena corporal, dolorosa, más o menos atroz. La muerte-suplicio es un arte de retener la vida en el dolor, subdividiéndola en “mil muertes”. Queda claro que los castigados del infierno están padeciendo un suplicio. Foucault dice que por parte de la justicia que lo impone, el suplicio debe ser resonante y comprobado por todos, en cierto modo como su triunfo; él mismo nos lleva a la Comedia diciendo: “La poesía de Dante hecha leyes”.

En el suplicio el pueblo es el personaje principal; en la Comedia, ese pueblo espectador del suplicio está representado por Dante, que a la vez es el personaje con el que el lector se identifica. ¿Por qué el protagonista es el pueblo y no el supliciado? Porque es preciso que se atemorice, pero también debe ser el testigo como el fiador del castigo. Así, la intención política de la obra es testificar el castigo a los que, a juicio de Dante, han procedido mal y han quedado impunes en el mundo.

Sin embargo, Foucault explica que la práctica de los suplicios era menos una economía del ejemplo que una política del terror: hacer sensible a todos la presencia desenfrenada del soberano. El suplicio no restablecía la justicia: reactivaba el poder. En este caso, lo que Dante quiere mostrar es el poder de Dios y de la justicia divina.

El problema era que muchas veces, en la ceremonia de los suplicios aparecía una solidaridad del pueblo con el delincuente, mucho más que el poder del soberano. Por eso, cuando en Inf 20 Dante llora ante los condenados y Virgilio lo reta duramente, es porque se está generando esa solidaridad con el supliciado que deviene en un cuestionamiento a la justicia divina, y por tanto, al poder de Dios.

En conclusión: Dante está tratando que el lector reconozca el poder de Dios sin cuestionamientos, confíe en su justicia y vea que aquellos que en la tierra han atentado contra esas leyes divinas tienen su castigo al igual que los delincuentes en la Tierra. Para ello se vale de las concepciones y experiencias de su época.

Lo grandioso, a mi entender, es que la obra ha trascendido y sigue teniendo el poder de hacernos reflexionar aún cuando los mecanismos punitivos y de control social de nuestro tiempo sean tan distintos a las del contexto de escritura. Para nosotros hoy tiene ese valor metafórico que combinado con los saberes, cosmovisiones y concepciones de nuestro tiempo nos permiten una reflexión profunda y actual como la que generaba en su tiempo.

La experiencia de mirar

La muestra se centra en el trabajo de las dos últimas décadas de la vida del artista catalán, exhibiendo cincuenta obras, realizadas entre 1963 y 1981, pertenecientes a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de España. Este no es un dato menor: muchas veces pensamos en lo lejanos que están los museos de Europa, cuando en realidad muchas veces sus colecciones “salen de paseo” por el mundo y pasan una temporada a una hora en colectivo de nuestras casas.

Joan Miró nació en Barcelona en 1893, y vivió 90 años, por lo que fue testigo del devenir artístico del siglo XX, en el cual participó. Si bien se lo suele encuadrar en el surrealismo, en realidad no perteneció a ninguna corriente específica. En sus inicios, se dedicó al arte figurativo con influencias fauvistas, cubistas y expresionistas, pasando luego a una pintura plana y a la abstracción. Hacia la década de 1930, expresó repetidamente su deseo de abandonar los métodos convencionales de pintura para poder favorecer una forma de expresión que fuese contemporánea sin doblegarse a sus exigencias y a su estética.

En 1956, Miró estableció su estudio en Mallorca, y en este taller-vivienda, reunió por primera vez la totalidad de su producción, lo que le ofreció la posibilidad de revisar y redefinir, directamente, toda su obra. Las obras expuestas en el museo y que pudimos visitar corresponden al proceso de introspección realizada por el artista a partir de la década del 50, en el que, según las explicaciones, alcanzó la máxima simplificación de su universo.

La exposición busca que uno se acerque a esta renovación de su pintura, en la que el artista abordó la simplificación, tanto en la definición de la forma como en el uso del color, para conseguir –según lo que el propio Miró declaró en 1959– que “las figuras parezcan más humanas y más vivas que si estuvieran representadas con todos los detalles”. Por eso, las creaciones de esta época, parten de un motivo casual o fortuito, que puede ser una mancha, una gota, una huella, un objeto encontrado o un elemento natural, recreando, por medio de este impulso, un tema frecuente en su obra: la representación de la naturaleza y de la figura humana. Los curadores explican que “Miró supera la realidad como referente para convertirla en materia y signo, y construye un lenguaje simbólico esencial que emplea en la resolución de problemas plásticos”.

Recorrimos la muestra con atención, y en seguida me di cuenta que me llamaban más la atención las esculturas que las pinturas. Las pinturas eran todas enormes y muy simples, parecían hechas por un niño. Cuando hablan de la simplificación absoluta, sabemos a que se refieren. Casi todas aludían a mujeres, pajaros, cabezas, personajes, pero era difícil distinguir a dónde estaba cada uno de ellos. Paradas delante de cada pintura, elucubrábamos entre todas donde estaba cada cosa. Para mi gusto es demasiado incomprensible, y me cuesta encontrar el valor de esos trabajos.

Las esculturas eran otra cosa. Si la escultura en general tiene la pretensión de ser tridimensional, pudiéndose observar todo alrededor, en Miró se trata esculturas planas para ser vistas de frente. La amalgama de elementos como una pala, tablas de cajón, canastos y otros objetos cotidianos le permite construir figuras que tienen mucho de humano, y donde en general aparece, en algún punto, un pájaro. Aquí la idea se materializaba, sin embargo, con más claridad, y nos resultaron interesantes.

Pero como dice el título de la muestra, se trata de “la experiencia de mirar”. De abrir la cabeza y el corazón, dejarse llevar por lo que percibimos, y disfrutar.

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