Frases célebres 2018

Final del recorrido. Hasta Febrero, disfrutaré de mis “3 meses de vacaciones”. En fin, en un año agotador, triste para los educadores, sigo firme en la postura de que siempre es mejor reir que llorar y que necesitamos rescatar lo positivo de nuestra tarea, que es mucho y siempre está vinculado con los chicos y con aquellos colegas que se dedican de corazón a ellos.

Como ya es un clásico, he aquí las frases célebres que he leído en el año. Para reir en este momento final, para ponerse en el modo vacaciones despidiéndose de la tarea con una sonrisa.

El actor es servicio económico terciario porque no aporta nada a la sociedad y sólo tiene que mostrar su cuerpo metrosexual al cine.

El publicista es un servicio económico terciario porque es como el actor pero en una versión más pobre.

El modisto es un servicio económico terciario porque aconseja al individuo qué ponerse para verse más lindo.

El pastor está prestando el servicio de llevar a pasear a las ovejas y a otros animales.

Un médico es actividad económica secundaria porque modifica algo de tu cuerpo para que puedas seguir viviendo.

El problema es que la sociedad está matando especies que ya están extinguidas.

La sandía es un recurso natural no renovable porque cuando la comas se va a acabar y tal vez comas otra sandía pero no la misma. El melón lo mismo, nunca vas a comer el mismo melón cuando lo termines.

Los animales nos sirven como recurso natural por el alimento que nos dan, son renovables porque se reproducen, es cuando una vaca tiene una cría, una vez ya vieja la vaca la llevan al matadero y dejan a la cría.

La vegetación es renovable porque tarda poco tiempo en renovarse. Ejemplo: yo cultivo todo y al mes vuelve a crecer todo.

El zapallo sirve para alimentarse ya que es comida pero también mezclándolo con otras cosas se hacen diferentes alimentos como por ejemplo puré de zapallo.

Alrededor de los polos están los círculos polares que irradian frío.

La construcción del territorio es un proceso histórico, ya que la mayoría de las construcciones se construyen sobre un territorio en el cual ya se había construído.

Las generaciones posteriores tienen que regresar en el tiempo para observar las decisiones tomadas por nuestra sociedad.

Son países que están satisfechos con sus necesidades básicas.

Población pasiva transitoria es la población de personas que pasan por un momento tranquilo o pasivo.

Crecimiento vegetativo es el crecimiento de la vegetación.

El comandante en guerra Julio Roca

Con el ferrocarril podían ir desde lejos hacia el centro de la ciudad o de la provincia (y a otras partes también) ya que se fue expandiendo como un racimo de uva por varias provincias.

Mexito tiene un IDH alto

Si estuvieras viajando en un avión sobre el océano, podrás notar las profundidades por la oscuridad, y cuanto más oscuro, más hondo.

Un conjunto de islas es un archilámpago.

Los océanos son mucho más profundos que los mares, en ellos se encuentran también muchos peces pero es más difícil pescarlos por las profundidades a las que están.

La diferencia entre mares y océanos es que en el océano se encuentra la mayoría de los peces y en los mares menos peces porque es muy pequeño a diferencia del océano.

La magnitud significa que tan fuerte fue, para leerlo se necesita un sismógrafo, y se lee diciendo al final “en escala de Richter”.

Se llama erupción volcánica al momento en el que la chimenea está tapada intentando retener el gas, cuando ya no puede más el gas es disparado hacia la superficie explotando el cono volcánico generando una erupción volcánica.

Se llama erupción volcánica a la reacción que sufre un volcán al soltar el magma que contiene adentro.

La magnitud es el poder con el que ataca el sismo

Se usa el feed lot para un engorde más rápido en mucho menos tiempo.

Luego de la siembra y la cosecha se utilizaba el espacio para ganadería para no desgastar el suelo y dejarlo respirar.

El campesino era una persona que tenía su propia tierra que era cuidada por él ya que él vivía ahí para vigilarla. También él se encargaba de producir los cultivos y venderlos. También se caracterizaba por su famoso caballo y el mate que sostenía con su mano mientras se desarrollaba la producción.

La atmósfera cubre y hace la función como el de un escudo, nos protege dañando a lo que quiera entrar como los meteoritos y aparte esta nos cubre de los rayos ultravioleta.

La causa del calentamiento global es la quema de comestibles fósiles y genera aumentos temperativos.

La nubosidad es el conjunto de nubes que forman grandes nubes y forman la precipitación.

La industria tuvo un desequilibrio importante debido a la neoliberación

La crisis del 2001 llevó a grandes cambios internamente hacia el país, desinflación en las obras públicas, variaciones en el dinero.

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El retrato de Dorian Gray

Quizá te imaginas que estás a salvo y crees que eres fuerte. Pero un cambio casual de color en una habitación o en el color del cielo matutino, un determinado perfume que te gustó en una ocasión y que te trae recuerdos sutiles, un verso de un poema olvidado con el que te tropiezas de nuevo, una cadencia de una composición musical que has dejado de tocar, pueden cambiarte.

El retrato de Dorian Gray es la única novela que escribió Oscar Wilde. En ella, presenta una mordaz caricatura de la sociedad de su tiempo y de los valores que ésta manejaba.

El protagonista de la historia, como el título lo anuncia, es Dorian Gray. Un joven al que encontramos en sus 18 años, y que súbitamente descubre que su belleza no es imperecedera, entrando en la desesperación. Acaba de ser inmortalizado en un retrato, con el que entabla una relación de amor-odio, ya que él permanecerá con su belleza inalterada mientras que Dorian envejecerá afeandose inevitablemente, no solo por el deterioro corporal sino por las huellas que las actitudes y acciones dejan en el cuerpo.

Sin embargo, Dorian no hace este descubrimiento solo: es Lord Henry el que lo despierta a la cruda realidad. Lord Henry es la voz de la sociedad de su tiempo: una voz seductora, dulce, persuasiva, encantadora… y fuertemente corruptora. Desde mi óptica, es él el verdadero protagonista, despreciable y vil encarnación de su tiempo.

Las buenas influencias no existen. Toda influencia es inmoral; inmoral desde el punto de vista científico. Influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la música de otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para él.

¡Palabras! ¡Simples palabras! ¡Qué terribles eran! ¡Qué claras, y qué agudas y crueles! No era posible escapar. Y, sin embargo, ¡qué magia tan sutil había en ellas! Parecían tener la virtud de dar una forma plástica a cosas informes y poseer una música propia tan dulce como la de una viola o de un laúd.

Publicado en 1890, la novela refleja el desencanto imperante frente a los efectos sociales de la revolución industrial: habiéndose puesto la esperanza en el valor transformador de la ciencia y la técnica, el fin del siglo XIX se encuentra con sociedades polarizadas, donde las grandes masas viven en condiciones paupérrimas. Frente a esta realidad pesimista nacida de los valores del utilitarismo y el materialismo, la burguesía y los sectores altos de la sociedad intentan evadirse y así desligar también responsabilidades. De este modo, el culto por la belleza en sí misma ha parecido una salida para muchos, originando el movimiento esteticista, que se basa en la doctrina de que el arte existe para beneficio de la exaltación de la belleza, la que debe ser elevada y priorizada por encima de la moral y de las temáticas sociales. Consiste en una reacción a la “fealdad” general creada por la época industrial.

La obra transmite fuertemente todo ese desencanto. Sus personajes muestran total desdén por las miserias ajenas, buscando constantemente el placer, la belleza y la satisfacción de sus deseos, incluso cuando éstos pueden enviar a la ruina a los demás. Es una oda al materialismo y el egoísmo extremo. En cierto sentido, muchos de sus pasajes me han remitido a la sociedad actual y sus valores.

Vivimos en una época en la que se trata el arte como si fuese una forma de autobiografía. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza.

Por momentos leía y pensaba en nuestra realidad actual… En la publicación de la vida en las redes sociales, en lo que mostramos y preservamos, en la forma en que miramos la vida de los otros. Cuando entro a las redes, me chocan las fotos sin encuadre, sin foco, sin estética, un disparar alocado para comunicar lo que estamos haciendo.

Basta esconder la cosa más corriente para hacerla deliciosa. Cuando ahora me marcho de Londres, nunca le digo a mi gente adónde voy. Si lo hiciera, dejaría de resultarme placentero. Es una costumbre tonta, lo reconozco, pero por alguna razón parece dotar de romanticismo a la vida.

A la vez, ¿a quién le interesa lo que publicamos, si las historias de Instagram pasan a vuelo de pájaro ante nuestro dedo que se desliza espasmódicamente por la pantalla? ¿Qué apreciación podemos tener de aquello que no ha estado ni un segundo frente a nuestros ojos? De hecho, nadie va gritando por la calle las cosas que le gustan. El valor de guardar las acciones y pensamientos en la intimidad es, muchas veces, el disfrute de esos mates con un amigo donde podés contarle aquello que has hecho, aquello que te ha sucedido, y el amigo escucha con interés. La hiperpublicación tal vez quita trascendencia a los hechos de nuestra vida.

Es triste pensarlo, pero sin duda el genio dura más que la belleza. Eso explica que nos esforcemos tanto por cultivarnos. En la lucha feroz por la existencia queremos tener algo que dure, y nos llenamos la cabeza de basura y de datos, con la tonta esperanza de conservar nuestro puesto. La persona que lo sabe todo: ése es el ideal moderno. Y la mente de esa persona que todo lo sabe es una cosa terrible, un almacén de baratillo, todo monstruos y polvo, y siempre con precios por encima de su valor verdadero.

Vivimos en una época que lee demasiado para ser sabia y que piensa demasiado para ser hermosa.

Otro elemento llamativo: la información. Tenemos cada vez más fuentes de información, cada vez más datos, pero menos confiables y más inútiles. Nos falta capacidad de reflexión, calma para la mirada de conjunto, para construir nuestra reflexión sin repetir los discursos ajenos.

La historia es atrapante, mordaz, de una actualidad interesante, ya que habla de los sentimientos y miserias humanas, además de retratar el desencanto de una época. Muchos de sus pasajes podrían ser leídos sin saber que fueron escritos más de cien años atrás, y los juzgaríamos de total actualidad.

Dejo, para terminar, algunos de esos pasajes, para que cada cual reflexione a su gusto…

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El silencio grita

El lugar era pequeño. Para mí, era la casa de una extraña, o al menos eso creí sentir. Reconocí sus cosas, la ropa colgada en el placard, alguna que alguna vez fue mía, hecha por ella, y que al desprenderme hace años ella se quedó. Aun seguía usando las camisas a cuadros que me hizo hace 20 años, y ese sweater multicolor que a ambas nos quedaba con las mangas cortas.

Tal vez me estremeció reencontrar el costurero, así como ver sobre la pequeña cama de una plaza el bolso de ropa que volvió de la clínica hace cuatro meses y así quedó. El pijama, las medias viejitas pero suaves que le presté para que estuviera cómoda, el desabille de polar que le regalé cuando las cosas andaban bien entre nosotras, todo tenía el olor de la ropa a medio usar que aún admite otra postura. La cartera estaba deformada de tantas cosas que había tenido adentro tantos días; allí estaban mis auriculares naranja de la Alhambra y el paquete de Maná de limón qué compré en el Carrefour a última hora porque no pasaba la comida. Todo estaba allí.

Rescatamos los potus limon moribundos de sed, y de milagro los malvones abandonados del balcón estaban llenos de flores, gracias a la regadera de la lluvia.

Entonces me detuve en la sala, y vi mi foto de 5 años con cara de sueño quitándome la plasticola seca de los dedos. Según ella, esa foto fue tarde una noche y me reflejaba. Había otras fotos conocidas y una de nosotros tres con ella, ella volcada hacia nosotros tres, que yo no recordaba. Un brazo apenas asomaba sobre su hombro… Y me di cuenta que era una de esas fotos de familia que ofrecen tomarte cuando subis al catamarán del Tigre, y que a veces por compromiso uno compra. Ese hombro era mi papá, ella lo había recortado. Su actitud en la foto era dejarlo fuera, alejarlo de nosotros, y finalmente, tijera en mano, lo había conseguido.

Aguce la vista y reconocí la mesita de caña y vidrio que ella tenía en mente hace más de 20 años, cuando planificaba conmigo la separación. Los sillones de mimbre hacían juego, pero la mesita… “Voy a poner una mesita de caña con vidrio cuando nos mudemos al departamento y lo dejemos solo. Se va a desesperar y le van a desvalijar la casa. Le voy a hacer vender el auto porque se que lo adora y le va a doler”. Y mi voz de niña preadolescente se le enfrentaba: “vos no tenes dignidad, salir de abajo de un techo de el para meterte en otro de el, conseguite un trabajo y que sea en un lugar chiquito pero tuyo”; “Ja!” (despectiva como siempre, contestó así), “no le va a sacar el techo a sus hijos”. Ahi estaba la mesita. Se la compró nomás.

Ella nunca supo que tanto planeaba conmigo que yo tenía mis propios planes: con ningúno de los dos. De alguna manera lo lograría, alguien me recibiría. “Me da miedo que Martín se quiera quedar con él” decía. Nunca pensó que podía ser yo la que la abandonara a ella.

Sin embargo eso no sucedió. Ella no tuvo agallas y quedó en plan durante 20 años. Se ve que tenía la idea fija clavada en la cabeza, la mesita era la prueba. Pero un día se fue, y yo determiné que hasta allí llegaba: era ella o yo. Me saturó con sus egoísmos y su capacidad destructiva. Pero aunque ella se encargó de decirle a todo el mundo que yo la había abandonado, Dios sabe que no fue así: a mi me dijo entre angustia y con susto “me voy a morir”. No recuerdo si me dijo algo más. Hicimos el último viaje juntas, pase a verla y luego se durmió como atinó a pedir Santiago.

Dicen que perro que ladra no muerde y que un gesto vale más que mil palabras. Aprendí a callar. Yo era profesora de historia y mayor de edad, pero ella (y en eso mi papa es igual) sabía más historia que yo, y debia aleccionarme para votar correctamente. Tambien mi gusto en la cocina y en tejidos eran una porquería. Aprendí a ocultarle mis logros para que no los demoliera con su envidia ni se vengara. Aprendí a esperar en silencio la conjunción entre día de sol, lavarropas libre y ella fuera de casa para lavar mi ropa sucia acumulada en el placard, con tal de que no tuviera nada que echarme en cara. Aprendí demasiadas cosas, a ser invisible. Igual fracasé cuando en la clínica le dijo a todos por teléfono que tanto cuidó de nosotros que ahora merecía que la cuiden. Recordé cuando me echó en cara que me había cambiado los pañales cagados. Esa noche llegue a casa y lloré.

Un día tras tanto ladrar, tiro el tarasconcito: se mudó, compro su mesita largo tiempo soñada y lo recortó a mi papá de la foto. Pero no logró que sus dichos se realizaran: todos se sorprendían cuando me veían allí, “no era que no se ocupaba de la madre?” Y yo estaba ahí en silencio, no tenía por qué explicar nada ni desdecir nada. Mis hechos hablan por mi… Ya aprendí que así es, que nada de lo que diga tendrá valor. Esta bien, como siempre yo me callo, pero el silencio grita.

Descubrir a Mahler

Anoche fuimos a ver un concierto gratuito: tal vez un privilegio de la gran ciudad. La sala sinfónica, maravillosa. Siempre es lindo encontrarse con una orquesta y poder verla, detectar la sonoridad de cada instrumento e identificar de qué lugar del conjunto proviene… ver al artista desarrollar su arte, años de estudio plasmado en cada sonido. Por último, es maravillosa la sensación de escuchar música en vivo sin mediación de micrófonos.

El concierto incluía un concierto para violín, violoncelo y orquesta de Brahms, y una sinfonía de Mahler. De las dos, la sinfonía me dejó totalmente sorprendida. Detecté aires de música judía, había una tensión latente en muchos sonidos suaves y sostenidos, y la potencia de los metales que hacían atronar la sala por momentos. Me encantó, y me di cuenta que sabía poco de este compositor y su obra.

Ya me dio un indicio que los movimientos estuvieran escritos en alemán (se siente milagroso poder entender lo escrito) y no en italiano, como el concierto de Brahms. El uso de la lengua materna hablaba de una reacción nacional, tal vez un cierto romanticismo, lo mismo en aquellas melodías populares que se entremezclaban en la obra. Así que me dediqué a leer un poco sobre él.

Gustav Mahler nació en Bohemia, que en ese tiempo formaba parte del Imperio Austrohúngaro y que hoy está dentro de la República Checa. Durante su vida, además de componer, dirigió múltiples teatros, entre ellos la Opera de Budapest, la Opera de Viena, y el Metropolitan Opera House de Nueva York. Se lo considera parte del posromanticismo, que fue un movimiento de finales del siglo XIX que pretendía a la vez conciliar y superar el romanticismo y el realismo. La diferencia con los románticos es que los posrománticos no deseaban abandonar la comodidad de la vida burguesa; esto les generaba una crisis de identidad y una ambigüedad ante las situaciones de su tiempo (en la literatura, quedará de manifiesto en obras como Dr. Jeckill y Mr. Hyde o El retrato de Dorian Gray).

Mahler procedía de una familia judía conversa, lo que le implicó ser dejado de lado durante largos años tras su muerte, en 1911, y recuperado luego de la caída del nazismo. Introdujo en sus composiciones elementos de distinta procedencia como melodías populares, marchas y fanfarrias militares, que pueden notarse en la sinfonía que escuchamos anoche.

Se trataba de su Primera Sinfonía en re menor, “Titán”, una de sus obras más ejecutadas. Para mí, fue novedosa. No recordaba haber escuchado algo así, y fue muy conmovedor.

Mahler expresa en esta música diversas emociones, tanto relativas a su vivencia de la naturaleza como a ciertos contenidos autobiográfico; además, el empleo de efectos espectaculares, visuales y espaciales, destinados a crear un impacto directo sobre el oyente, es muy notorio y efectivo. El señor de al lado mío saltaba de su butaca y gesticulaba, y por momentos la música nos llevaba a todos a seguir el ritmo.

Sus cuatro movimientos son:

  1. Langsam, schleppend, immer sehr gemächlich (Lento, arrastrado, muy cómodo). La sinfonía comienza con una introducción mágica y como de ensueño, tras la cual aparece un movimiento rápido dominado por un tema alegre en la cuerda, que luego pasa a toda la orquesta. Tras una repetición de la introducción, aparece un tema nuevo en las trompas, que conduce a un gigantesco clímax tras el que el movimiento concluye con una alegría desenfrenada.

    II. Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell (Poderosamente agitado, pero no demasiado rápido). El movimiento se basa en un tema de carácter popular, de origen austríaco. A pesar de su apariencia alegre y rústica, el movimiento se vuelve algo agitado en ocasiones. La parte central, (trio) es más tranquila, y ofrece un momento de descanso poético, aunque manteniendo el carácter de danza popular.

    III. Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen (Solemne y medido, sin arrastrar). Es una marcha fúnebre, que comienza con un solo de contrabajo, al que se van incorporando diversos instrumentos. A continuación, aparece un tema de carácter nostálgico que procede de la música tradicional de Bohemia. La tristeza de la marcha fúnebre en la que alternan estos dos temas contrasta con pasajes grotescos en los que parece sonar una música de banda popular.

    IV. Stürmisch bewegt (Tormentosamente movido). El gran final de la obra simboliza el tránsito de las tinieblas a la luz. En la primera sección aparecen una serie de motivos tempestuosos y agitados, que desembocan en la exposición de un tema de carácter trágico sobre un acompañamiento ininterrumpido de las cuerdas, y que finaliza con unos dramáticos golpes de la percusión. El segundo tema es una melodía lírica en las cuerdas, que comienza de forma tranquila y se va elevando hasta un clímax apasionado. Tras el regreso del tema tempestuoso en el desarrollo, aparece un nuevo tema triunfante en los instrumentos de metal, pero le hará falta luchar y ser derrotado dos veces antes de alcanzar el brillante final. Después de un último pasaje reflexivo, se encuentra el triunfo definitivo del optimismo, en un final lleno de espectacularidad en el que la orquesta parece forzar al máximo la capacidad del aire para transportar el sonido.

 

Salimos muy contentos, y para terminar la velada de manera soñada, nos fuimos a cenar a un rincón tradicional de Buenos Aires: El palacio de la papa frita. El salón no muy grande, conservado en su estética tradicional, nos recibió para degustar una milanesa napolitana con la especialidad de la casa: papas soufflé. Son papas fritas en rodajas, que quedan infladas. El flan casero también nos resultó muy rico. Pero lo más rico de todo fue la conversación sobre lo vivido, sobre aquellas notas del concierto que aún seguían en nuestros oídos.

Mucho para pensar

Una tarde de sol invernal que parece ya primaveral bastó para que leyera “Rebelión en la granja”.

Es muy fácil leer rebelión en la granja y ver aquello que Orwell quiso mostrar: una crítica al comunismo soviético del período estalinista. Vamos leyendo y vamos encontrando la analogía entre cada personaje y la realidad: el granjero es el Zar, la yegua de tiro es la nobleza zarista, el cuervo es la Iglesia, los cerdos son la nomenklatura, y entre ellos, Snowball es Trotski y Napoleón (curioso nombre, dado que el conocido francés trocó la revolución francesa en un imperio personalista) es Stalin. Luego aparece la división entre los caballos, que algo piensan, cuyo trabajo es más valorado, y las ovejas y gallinas, que no pueden siquiera recordar las letras. Hay una valoración intrínseca al proletariado por sobre el campesinado.

La división entre el trabajo intelectual, justificado por la propaganda y que amerita ciertos privilegios, y el trabajo manual productivo, está muy clara desde el principio: “Los cerdos en verdad no trabajaban, pero dirigían y supervisaban. A causa de sus conocimientos superiores, era natural que ellos asumieran el mando.” Unos pocos renglones más atrás, acababa de decir que el caballo entendía el trabajo de segar mejor que el granjero… y llegado a ese punto surge la pregunta de por qué ese conocimiento no le da poder de mando al caballo. La respuesta es que se naturaliza algo, a elección de un beneficiario y sus intereses, y se desnaturaliza el resto… Si no, no se entiende cuándo el conocimiento de los cerdos comenzó a valer más que el del caballo, si el caballo permite segar y alimentarse. ¿No es que todos los animales son iguales?

Y la obra recién empieza a interpelarnos, y luego va más en profundidad, sobre todo en su primera parte. Lo leía y no podía dejar de pensar en la escuela, o en la reunión de consorcio. Cómo la vida está atravesada por el poder, y cómo ese poder convierte en falacia el hecho de que todos los hombres son iguales y de su es posible sostener una organización horizontal. Claramente, unos son más iguales que otros. El poder existe, circula y recae, aunque no nos guste verlo. No podemos suprimirlo y sería grave error negarlo. Solo podemos aceptarlo y reflexionar qué hacemos con ello. Queda claro, no existen las organizaciones horizontales. Siempre alguno termina de líder, quiera o no. Y los líderes son los más astutos, y los que tienen el saber: ese saber que es, sobre todo, el saber de los enemigos que se quiere combatir.

El camino al infierno está tapizado de buenas intenciones. ¿Y como se vuelve?? Con humildad.

Tenemos que tener en cuenta que aún en las situaciones que consideremos más democráticas y horizontales, siempre alguien se erige en líder, quiera o no, por elección personal o porque los demás depositan su confianza (y con ella su poder) en él y se encolumnan tras él. Es inevitable, siempre emerge algún líder porque tiene condiciones para ser convocante. “Los cerdos eran los que siempre proponían las resoluciones. Los otros animales entendían cómo debían votar pero nunca se les ocurrían ideas propias”. Sabiendo ésto, un líder responsable debería asumir que, ante los aspectos a tratar, las tareas a organizar, tiene una postura que es la suya, pero no la única. A partir de esto, debería aceptar incorporar las ideas aunque sean discordantes con la propia. Hasta el líder debe reconocer que todos todos tenemos que hacer sacrificios, y que uno de ellos es tomar en consideración opiniones discordantes.

Pero volvamos a la granja. Todo marcha bien, hasta que se encuentran con el fin de la autosuficiencia; y esto los lleva a ceder en lo que habían establecido: no negociar con el hombre. Lo interesante es que los animales tienen alimento, tienen todo lo que precisan, pero aún así, se ven empujados a buscar más. ¿Por qué ? Tal vez porque lo conocen: porque saben que existe y surge el deseo. Dedican su vida a buscar más, sin darse cuenta que podrían vivir mejor con menos.

Finalmente uno de los cerdos se impone, y comienza el proceso de convencer a los demás animales de una realidad tergiversada que se opone a la experiencia que los animales tienen de los sucesos. La realidad vivida se opone al discurso hegemónico, y aparece la duda… Si yo sé que algo pasó aunque me digan que no, como puedo ir en contra de lo que recuerdo? Aparecen las armas de la manipulación. “Una vez más algunos animales escucharon esto con cierta perplejidad, pero Squealer logró convencerlos de que sus recuerdos estaban equivocados.”

El discurso se reformula y se reafirma con el fantasma de la vuelta del granjero, que es el elemento más eficaz para frenar toda discrepancia. Aún así, cuando esto no alcanza, se crea un enemigo exterior o un traidor interior que aúne opiniones mediante el odio común. Me recordó mucho a lo que aparece en 1984, escrito posteriormente, y que allí tomará la forma del ministerio de la verdad.

En algún momento, los animales empiezan a sentir el desencanto, a recordar sus anhelos y a cuestionar su situación nuevamente. Deciden reivindicar el canto de rebelión de aquellos primeros tiempos, ya que es mantener viva esa ilusión del futuro mejor que se quiere. Entonces surge la pregunta: ¿qué hacer cuando te dicen que el futuro llegó, que las metas fueron alcanzadas y que todos deberán vivir así? ¿Qué hacer cuando hasta te prohíben cantar ese canto de rebelión?¿Quién decide que la revolución está terminada, y sobre todo, por qué lo decide?

Orwell publicó el libro en 1945, tras la invasión alemana y la entrada de la Unión Soviética como parte de los aliados. No abarca el comunismo chino, que surgiría en 1947, ni vivió para ver cómo la granja de los animales fue recuperada por los hombres en los albores de la década de 1990.

Curiosamente, los rusos actuales se empeñan en olvidar esta etapa. Añoran volver al esplendor de la época de los zares, sin darse cuenta que fue lo que los llevó al horror que pretenden evitar. Siguen diciendo que si se esfuerzan más, llegarán al objetivo.

Lo interesante, además de todas las reflexiones sobre el poder que me provocó, fue que el libro me llevó a aclarar algunas dudas que siempre tuve y que nunca me había resuelto a buscar sobre el marxismo y el comunismo. Fue el disparador para profundizar en la historia de la Unión Soviética, así como entender las diferencias entre Lenin, Stalin y Trotski, y por asociación al libro, no creo que las olvide más.

Pickles

 

Ingredientes:

  • Verduras varias… cebolla, ají morrón, zanahoria, pencas de apio, coliflor, pepino… o lo que la creatividad les dicte.
  • Vinagre blanco
  • Sal gruesa
  • Pimienta en grano
  • Hojas de laurel
  • Agua

Procedimiento:

  • Lavar y cortar las verduras crudas en trozos pequeños, uniformes: bastones de zanahoria, cebolla en juliana o rodajas, tiras de morrón, flores de coliflor, y así.
  • Acomodar las verduras en un frasco de vidrio, ponerlas bien juntitas y cuidar la variedad!! irles intercalando alguna hoja de laurel y la pimienta en grano machacada para que largue más sabor.
  • Colocar arriba sal gruesa (apenas) y llenar tres cuartos del frasco con vinagre blanco puro y el resto con agua para que no quede tan fuerte… pero para los valientes se puede hacer todo con vinagre.
  • Dejar macerar tapado en la alacena por 30 días para que las verduras se cocinen en el vinagre.

Memorias del tren

Tren Sarmiento, año 2001

Recién recibí un audio de whatsapp que decía más o menos así:

“Yo me considero naif, pero vos sos más naif que yo… nunca te subas al furgón de un tren en hora pico.”

Cuando pregunté si le pasó algo, me dice que no. Pero que el viaje había transcurrido entre humo de faso, cervezas, música, caras buena onda y caras que te miran buscando por donde entrarte. Celular a la mochila, y mochila adelante, paradito al lado de la bici. Reflexionando que aquello parecía un boliche, y que para esa gente que sale de trabajar, que encara un largo viaje a su casa, el momento de relax empieza en el tren. Claro, quién sabe en qué trabajan, y seguro es llegar, bañarse, comer, tele y a dormir. Y mañana otra vez.

Escuchar los audios uno a uno me hizo recordar un montón de experiencias de los años en que yo andaba, naif como soy, arriba de los trenes. Peor, más naif que ahora porque tenía bastantes años menos. Se me dispararon las anécdotas… y se las conté por audio, agradeciendo el consejo y su deseo de protección. Aquí van.

Capítulo 1

Año 2001, la previa de la crisis. Año 2002, crisis atroz. La gente viajaba en el tren y lo iba desarmando por el camino para llevarse las cosas y venderlas como material. Los vagones ya no tenían vidrios, ni burletes, ni traba persianas. Todo lo que era material reciclable ya no estaba disponible. Yo tenía 19 años, empecé a cursar en el profesorado a la noche, y viajaba en el tren Sarmiento, al menos para ir. Tomaba el rápido de 18.05 que hacía Liniers, Flores, Once. En invierno, cruzaba la Plaza Miserere en noche cerrada.

Capítulo 2

Una tarde perdí el rápido y viajé en el común, que venía llenito. Me acomodé en un vagón más bien adelante, para pasar rápido en los molinetes de Once. Del furgón venía olor al humo de la marihuana y el sonido de las los hombres que vociferaban. De repente, gritos fuera de lo común: “pará flaco, pará, calmate flaco”.

El tren entra a estación Caballito. Se escuchan forcejeos y gritos en el furgón. El tren no arranca. Cuando por fin sale, miro por la ventanilla: un tipo magro, con campera de cuero y expresión de guapo, pecheaba a uno que con las manos arriba le decía “no te calentés”. Bastó un microsegundo para notarle el pánico en la cara, así como para ver que el flaquito patotero tenía los brazos colgando a los lados del cuerpo, y en la mano que daba al tren sostenía un revolver.

Y el tren se alejó lentamente, y no vi más. Luego tomó velocidad y la vida tomó otro rumbo.

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