Una llegada accidentada

Puerto Saavedra, Chile

Pasadas las 4am, algo nos hizo despertar y tomar conciencia de que el micro ya no se movía. Así empezó la demora. Habíamos quedado tiradas en algún lugar entre Chillán y Los Ángeles, gracias a Dios a metros de un peaje que nos proveyó baño y agua para el mate.

Recién pasado el mediodía llegó el micro de relevo para seguir camino. Llevábamos 8 horas de retraso. Pero lo bueno fue que hicimos de día un trayecto que en general se hace de noche. Así pude ver el viaducto atribuido a Gustav Eiffel, suspendido como por arte de magia sobre el cañadón de un río. Más tarde miré con asombro las vueltas del río Imperial en Carahue y más allá. El paisaje es bellísimo, más visto al atardecer.

Finalmente estábamos en Puerto Saavedra. Tras desempacar, fuimos al malecón, teñido de colores de la puesta de sol. Ricos mates los que se toman en ese color que te envuelve.

En Puerto Saavedra hay riesgo de tsunami, así que hay una especie de protocolo antes de irse a dormir. Conviene dejar los zapatos y la ropa cerca de la cama, el bolso con los documentos y dinero a mano, todo listo para salir. La primera noche cuesta pegar el ojo, más cuando el ruido del mar se escucha desde la casa. Luego, se hace natural el darse cuenta que no pasa nada (hasta que pasa… por eso hay que estar listo) y uno duerme tranquilo.

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