Carta para un maestro

Querido profesor:

mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son justos ni todos son veraces,enséñele que por cada villano hay un héroe, y que por cada egoísta hay un generoso.

También enséñele que por cada enemigo hay un amigo y que mas vale moneda ganada que moneda encontrada.

Quiero que aprenda a perder y también a gozar correctamente de las victorias. Aléjelo de la envidia y que conozca la alegría profunda del contentamiento.

Haga que aprecie la lectura de buenos libros, sin que deje de entretenerse con los pájaros,las flores del campo y las maravillosas vistas de lagos y montañas.

Que aprenda a jugar sin violencia con sus amigos. Explíquele que vale mas una derrota honrosa que una victoria vergonzosa. Que crea en si mismo y sus capacidade saunque quede solito, y tenga que lidiar contra todos.

Enséñele a ser bueno y gentil con los buenos y duro con los perversos. Instrúyalo a que no haga las cosas porque simplemente otros lo hacen, que sea amante de los valores.

Que aprenda a oir a todos, pero que a la hora de la verdad, decida por si mismo. Enséñele a sonreir y mantener el humor cuando esté triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.

Enséñele a ignorar los gritos de las multitudes que solo reclaman derechos sin pagar el costo de sus obligaciones.

Trátelo bien pero no lo mime ni lo adule, déjelo que se haga fuerte solito. Incúlquele valor y coraje pero también paciencia,constancia y sobriedad.

Transmítale una fe firme y sólida en el Creador. Teniendo fe en Dios también la tendrá en los hombres. Entiendo que le estoy pidiendo mucho pero haga todo aquello que pueda.

Abraham Lincoln, 1830

Cuando leo esa carta, imagino un padre que la escribe para mí. Imagino que alguien que me encomienda a su hijo me dice qué le gustaría que yo le enseñe. Y puedo decir que en eso ando, o en eso pongo mi empeño… 

Hoy que es el día del maestro, va mi saludo a todos aquellos educadores que ponen el corazón cada día para formar personas íntegras, más allá de la materia que dictan. Porque creo que las fórmulas y los datos se olvidan pronto, pero las aptitudes personales y las cualidades humanas duran toda la vida y son el sello que dejamos en esos cientos de vidas que pasan delante de nuestros ojos.

Feliz día maestros!!

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Algo muy grave va a suceder…

A veces cuando asomo las narices fuera del tupper en el que vivo, en seguida me doy cuenta de que estaba bien aislada como estaba.

Hace un tiempo fui a la quesería y el despachante hablaba a viva voz con un cliente sobre lo mal que estaban las cosas y lo peor que se iban a poner. Todos coincidimos que las cosas podrían estar mejor, pero si no miramos un poco más allá de nuestra propia nariz, nos daríamos cuenta que tan mal no nos va. O dicho de otra manera: si miramos sólo el medio vaso vacío pronosticando que va a seguir vaciándose, tal vez eso sea lo que suceda. Profecía autocumplida, dicen por ahí que se llama.

Ya ni prendo la televisión, todas son malas noticias. Conozco personas víctimas de la inseguridad más extrema. Que existe, existe. Padezco todos los días el aumento de precios. Que sucede, sucede. Pero siempre el vaticinio negro, la espada de damocles pendiendo sobre nuestras cabezas… y yo me pregunto ¿no será que nos va mal porque nos preparamos para el mal que nos va a venir?

Entonces Mariano me dice que se acuerda de un cuento que contaba García Márquez, que dice más o menos así…

– * –

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

Los boletines

Ayer nomás terminé la interminable y agobiante tarea de corregir y cerrar el primer trimestre de notas. Quedan otros dos por delante… Y en un recreo, me leí esta lectura, y me reí como siempre con este librito especial que es “Le Petit Nicolas” (el pequeño Nicolás). Para nosotros, los adultos, resulta gracioso volver a aquellos pensamientos y percepciones que teníamos de niños y disfrutarlos desde la mirada que tenemos hoy. Intentaré hacer mi mejor traducción casera.

Acabo de terminar de corregir, decía, y pronto se entregarán los boletines…

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Petit Nicolas

Esta tarde en la escuela no hubo diversión porque el director vino a la clase a entregarnos los boletines. Cuando entró con los boletines bajo el brazo no parecía contento. “Estoy en la enseñanza hace muchos años -nos dijo- y jamás vi un curso tan desordenado. Las observaciones puestas en sus boletines por la maestra dan fe de ello. Bueno, voy a empezar a repartirlos”. Y Clotaire se puso a llorar. Clotaire es el peor alumno de la clase y todos los meses la maestra escribe en su boletín montones de cosas, y el papá y la mamá de Clotaire no quedan contentos y lo dejan sin postre y sin televisión. Están tan habituados, y me lo contó Clotaire, que una vez por mes su mamá no hace postre y su papá va a ver la televisión a lo de los vecinos.

En mi boletín decía: “alumno atropellado, muchas veces distraído. Podría estar mejor.” Eudes, que siempre le da piñas en la nariz a los otros, tenía: “Alumno desordenado. Se pelea con sus compañeros. Podría estar mejor.” Para Rufus, el hijo del policía, decía: “Sigue jugando en clase con un silbato, muchas veces confiscado. Podría estar mejor.” El único que no podía estar mejor era Agnan. Agnan es el primero de la clase y el chupamedias de la maestra. El director nos leyó el boletín de Agnan: “Alumno aplicado, inteligente. Llegará a los objetivos.” El director nos dijo que debíamos seguir el ejemplo de Agnan, que éramos unos pequeños malcriados, que terminaríamos presos y que eso será fuente de mucha tristeza para nuestros padres que debían tener otros proyectos para nosotros. Y después se fue.

Nosotros estábamos bien afligidos, porque nuestros padres debían firmar los boletines y eso no es siempre divertido. Por eso, cuando sonó el timbre de fin de la clase, en lugar de correr todos a la puerta, de empujarnos y tirarnos las mochilas unos a otros como hacemos habitualmente; salimos dulcemente, sin decir nada. Hasta la maestra parecía triste. Es necesario aclarar que este mes hicimos poco los deberes y después Geoffroy no debería haber volcado su tintero sobre Joachim que estaba tirado haciendo montones de muecas porque Eudes le había dado una piña en la nariz cuando fue Rufus el que le había tirado del pelo a Eudes.

En la calle caminábamos muy lento, arrastrando los pies. Frente a la panadería esperamos a Alceste, que había entrado a comprar seis pequeños panes de chocolate que comenzó a comer en seguida. “Es necesario que tenga provisiones, -nos dijo Alceste- porque esta noche, el postre…” y después dio un gran suspiro mientras masticaba.  Aclaremos que en el boletín de Alceste decía: “Si este alumno metiera tanta energía en el trabajo como en comer, sería el primero de la clase, por lo tanto, podría estar mejor.”

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Rex

Hoy es el día del animal… y en honor de esos compañeros de vida que nos alegran los días, una lectura del Petit Nicolas, de Sempé y Goscinny, que me hizo reir mucho… Traducción casera, sepan disculpar y espero que les guste…

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RexSaliendo de la escuela encontré un perrito. Tenía aspecto de perdido, estaba solo y me dio mucha pena. Pensé que el perrito estaría contento de encontrar un amigo, y no tuve problema en recogerlo. Como el perrito no tenía aire de realmente querer venir conmigo, él debía desconfiar, le ofrecí la mitad de mi pequeño pan de chocolate y el perrito comió el pancito de chocolate y se puso a mover la cola en todos los sentidos y yo lo llamé Rex, como en una película policial que había visto el jueves anterior.

Después del pancito, que Rex comió casi tan rápido como lo hubiera hecho Alceste, un compañero que come todo el tiempo, Rex me siguió todo  contento. Pensé que sería una buena sorpresa para papá y para mamá cuando yo llegara con Rex a casa. Y además, yo le enseñaría a Rex a hacer vueltas, el cuidaría la casa, y también, el me ayudaría a encontrar bandidos, como en la película del jueves pasado.

Bueno, estoy seguro que ustedes no me lo creerían, cuando llegué a casa, mamá no se puso contenta de ver a Rex, ella no se puso contenta para nada. Debo decir que fue un poco la culpa de Rex. Entramos en el salón y mamá llegó, me dio un beso, me preguntó si todo estuvo bien en la escuela, si no había hecho macanas y entonces vio a Rex y se puso a gritar: “¿Dónde encontraste ese animal?” Yo empecé a explicar que era un pobre perrito perdido que me ayudaría a detener montones de bandidos, pero Rex, en lugar de quedarse tranquilo, saltó sobre un sillón y comenzó a morder el almohadón. Y era el sillón donde papá no debe sentarse, salvo si hay invitados!

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Reglas de la vida

Arrancamos el año escolar, y buscando entre mis cosas materiales para preparar las clases, encontré esta reflexión. A primera impresión siempre me pareció dura, no por lo cual deja de ser cierta. Creo que este hombre puso en palabras lo que muchas veces pensamos como educadores.

A veces los chicos tienen contestaciones tales como “usted lo hace porque le pagan, a mi no me paga nadie”. Ese tipo de respuestas me enfurecen. Es entonces, cuando les digo a mis alumnos que ellos tienen que estudiar porque por la edad que tienen ese es su trabajo, y sus padres les “pagan” con la comida, los útiles, la ropa, la plata para las salidas, y que tienen que valorarlos.

Otras veces se los digo en el sentido de que aprovechen los tiempos y las oportunidades, que la escuela es un aprendizaje para la vida: aquí por faltar te perdés una clase, en el futuro podrás perder tu empleo; aquí por venir vestido fuera del código de convivencia no te dejan entrar, en una entrevista de trabajo no te considerarían si vas mal vestido. Y así con el lenguaje, la forma de sentarse, de pararse, de dirigirse.

Por ello, pensando en mis chicos, dejo estas “reglas de la vida”. Duras, sí, pero ciertas, esperando que las tomen en cuenta para que tengan un futuro exitoso.

Las 10 reglas de la vida que no te enseñan en la escuela – Por Bill Gates

UNO: La vida no es justa; acostumbrate a ello.

DOS: Al mundo no le importara tu autoestima. El mundo esperar que logres algo, independientemente que te sientas bien o no contigo mismo.

TRES: No ganarás U$D. 5.000.- mensuales al salir de la preparatoria y no serás un vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros.

CUATRO: Si piensas que tu profesor es duro, espera que tengas un jefe. Ese si que no tendrá vocación de enseñanza, ni la paciencia requerida.

CINCO: Dedicarse a voltear hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo: la llamaban oportunidad.

SEIS: Si metes la pata, no es culpa de tus padres. Así que no lloriquees por tus errores y aprende de ellos.

SIETE: Antes de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como son ahora. Ellos empezaron a serlo por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa, y escucharte hablar acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que, antes de emprender tus luchas por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación.

OCHO: En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real, no. En algunas escuelas, ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesites para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez mas fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.

NUEVE: La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos, y muy pocos jefes se interesaran en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo en tu tiempo libre.

DIEZ: La televisión, no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café de la película para irse a trabajar.

ONCE: Se amable con los más aplicados de tu clase. Existen muchas probabilidades que termines trabajando para uno de ellos.

Un ramo genial

Día de la madre. No me gustan los días especiales, pueden generar tristezas, broncas, dolores en mucha gente. Personalmente, a mi me duele por diversos motivos. Sin embargo, hay que reconocer que las madres hicieron mucho por nosotros, y que hay un vínculo especial con ellas. Por eso, cuando en un momento de relax me leí esta lectura, pensé en compartirla. Viene de un libro muy especial, “Le Petit Nicolas” (el pequeño Nicolás). Son una serie de relatos cortos contados desde la óptica de un chico, hecho que a los grandes nos provoca una sonrisa ante ciertas expresiones, cuando no una carcajada. Particularmente me pasa al leerlos que me digo “hace cuánto tiempo que no tenía ese tipo de pensamientos, me había olvidado.” Mis disculpas por las fallas que puede tener la traducción casera.

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Es el cumpleaños de mi mamá, y decidí comprarle un regalo como hago todos los años desde el año pasado, porque antes era demasiado chico. Agarré las monedas que había en mi alcancía; felizmente había bastantes porque por suerte mamá justo me dio plata ayer. Ya sabía el regalo que le iba a hacer a mamá: flores para poner en el gran florero azul del comedor, un ramo gigante como nunca se ha visto.

En la escuela estaba singularmente impaciente esperando que la clase terminara para poder ir a comprar mi regalo. Para no perder mis ahorros, tenía la mano en el bolsillo todo el tiempo, incluso para jugar al futbol en el recreo, porque como no juego de arquero no importa donde tengo las manos. El arquero es Alceste, un compañero que es muy gordo y al que le gusta mucho comer. “¿Qué es eso de que vas a correr con una sola mano?” me dijo. Cuando le expliqué que era porque iba a comprar flores para mi mamá, me dijo que él hubiera preferido cualquier otra cosa para comer, una torta, bombones o un budín blanco, pero como el regalo no era para él, no le presté atención y lo hice callar. Ganamos 44 a 32.

Cuando salimos de la escuela, Alceste me acompañó a la florería comiendo la mitad del pan de chocolate que le quedaba de la clase de gramática. Entramos al negocio y yo puse todos mis ahorros sobre el mostrador y le dije a la señora que quería un ramo bien grande de flores para mi mamá, pero no de begonias porque hay a montones en nuestro jardín y no vale la pena ir a comprarlas a otro lado. “Quisiéramos algo lindo” dijo Alceste, que fue a meter la nariz en las flores que estaban en la vidriera para ver si olían bien. La señora contó mis monedas y me dijo que no podría darme muchas muchas flores. Como me puse triste, la dama me miró, reflexionó un poco, me dijo que era un muchachito guapo, me dio unas palmaditas en la cabeza y después me dijo que ella iba a arreglar el asunto. Tomó flores a derecha e izquierda, y después puso montones de hojas verdes y eso, eso le gustó a Alceste, porque él decía que esas hojas se parecían a las verduras que se meten en el puchero. El ramo estaba super, era gigante, y la señora lo envolvió con un papel transparente que hacía ruido y me dijo que pusiera atención al llevarlo. Como yo ya tenía mi ramo y Alceste había terminado de oler las flores, le agradecí a la señora y nos fuimos.

Estaba muy contento con mi ramo cuando nos encontramos con Geoffroy, Clotaire y Rufus, tres compañeros de la escuela. “Miren a Nicolás -dijo Geoffroy- si no parece un tonto con sus flores.” “Tienes suerte de que tenga el ramo, -le dije- si no recibirías un golpe!” “Dame las flores, -dijo Alceste- puedo sostenerlas mientras golpeas a Geoffroy”. Entonces le dí el ramo a Alceste y Geoffroy me dio un golpe. Nos peleamos hasta que le dije que se me hacía tarde. Pero debo haber tardado un poco en irme porque Clotaire dijo: “Miren a Alceste, ahora es él el que parece un tonto con las flores!” Era cierto! Y Alceste le dio montones de golpes con mi ramo y las flores volaron por todos lados porque el papel se desgarró. Clotaire gritaba: “eso no me hace nada, eso no me hace nada!!!”

 

Cuando Alceste paró, Clotaire tenía la cabeza llena de las hojas verdes del ramo y era verdad que se parecía graciosamente a un puchero. Comencé a recoger mis flores y les dije a mis compañeros que eran malos. “Es verdad, -dijo Rufus- no es gracioso lo que le hiciste a las flores de Nicolás.” “A ti nadie te tocó!” contestó Geoffroy y empezaron a pelearse. Alceste se fue por su lado porque la cabeza de Clotaire le había dado hambre y no quería demorarse para la cena.

Yo me fui con mis flores. Faltaban, ya no habían más verduras ni papel, pero todavía era un lindo ramo, y después, un poco más lejos, me encontré con Eudes.

“¿Vamos a jugar a la bolita?” me preguntó. “No puedo, tengo que volver a casa para darle estas flores a mi mamá”. Pero Eudes me dijo que todavía era temprano. Como me gusta mucho jugar a la bolita, juego muy bien, le apunto y bing! casi siempre gano, dejé el ramo en la vereda y me puse a jugar a la bolita con Eudes, y es genial jugar a la bolita con Eudes porque pierde seguido. Lo aburrido es que cuando pierde se enoja, así que me dijo tramposo, entonces le dije que era un mentiroso, entonces me empujó y me caí sentado sobre el ramo, y eso no le hizo nada bien a las flores. “Le voy a decir a mi mamá lo que le hiciste a sus flores!” le dije a Eudes, que quedó muy avergonzado. Entonces me ayudó a elegir las flores que estaban menos rotas. La verdad que Eudes es un buen compañero.

Volví al camino; mi ramo ya no era enorme, pero con las flores que quedaban iba a andar. Una flor estaba un poco rota, pero las otras dos estaban perfectas. Y entonces vi que llegaba Joachim en su bicicleta. Joachim es un compañero de la escuela que tiene una bicicleta.

Entonces, ahí decidí no pelearme, porque si seguía agarrándome a piñas con todos los compañeros que encontrara en la calle, pronto no me quedarían más flores para llevarle a mi mamá. Además, después de todo, eso no les importa a mis compañeros, si yo quiero regalarle flores a mi mamá, es mi derecho, y yo creo que están celosos simplemente porque mi mamá va a estar muy contenta y me va a dar un gran postre, y va a decir que soy muy gentil, además, ¿por qué tienen todos que hacerme rabiar?

“¡Hola Nicolás!” me dijo Joachim. “¿Qué tiene mi ramo? –le grité a Joachim- Más tonto serás tu!!” Joachim detuvo su bicicleta, me miró con los ojos bien abiertos y me preguntó: “¿Qué ramo?” “¡Este!” le contesté, y le tiré las flores encima. Creo que Joachim no se esperaba que le cayeran las flores encima; en todo caso, eso no le gustó nada. Tiró las flores a la calle, que cayeron sobre el techo de un auto que pasaba, así que se fueron con el auto. “Mis flores! –grité- Las flores de mi mamá!” “No te preocupes –me dijo Joachim- agarro la bicicleta y alcanzo el auto”. Es bueno Joachim, pero no pedalea demasiado rápido, sobre todo cuando la calle va en subida, recién se está empezando a entrenar para el Tour de Francia que correrá cuando sea grande. Joachim volvió diciéndome que no había podido alcanzar el auto, que lo había perdido a la vuelta de una esquina. Pero el me traía una flor que se había caído del techo del auto. Mala suerte: era la que estaba rota.

Joachim se fue rápido calle abajo para llegar a su casa y yo volví a la mía con mi flor toda arrugada. Tenía como un nudo enorme en la garganta, como cuando llevo el boletín de la escuela a casa con todos los ceros adentro.

Abrí la puerta y le dije a mamá: “Feliz cumpleaños mamá”, y me puse a llorar. Mamá miró la flor, parecía estar un poco asombrada, y después me tomó en sus brazos, me besó un montón de veces y me dijo que no había recibido nunca un ramo así de lindo, y puso la flor en el gran florero azul del comedor.

Ustedes podrán decir lo que quieran, pero mi mamá es simplemente genial!

“Le chouette bouquet” En: Le Petit Nicolas, de Sempé et Goscinny.

Cosa de chinos

Ahi voy, otra vez desde el proyecto literario de Uciel. Me resultó interesante la mirada, el compendio, la curiosidad. Convivimos con los chinos del supermercado, a los que a veces como sociedad despreciamos por su calidad de inmigrante (¿por qué será que nos cuesta tanto aceptar lo diferente? ¿por qué será que le tenemos tanto miedo?), y así sobrevuelan los dichos: “apagan la heladera de noche”, “son sucios”, “comen ratas”, “se hacen los que no entienden pero te entienden todo”.

Pero tras los chinos hay una cultura milenaria que, por otro lado, tenemos bastante presente. Porque muchas veces decimos, cuando nos olvidamos de las frases y la desconfianza del supermercado, que son ellos los que han inventado gran parte de las cosas que hay hoy en el mundo. Por eso, cuando Uciel publicó este texto, me gustó y lo quise conservar aquí.

¿Qué no inventaron los chinos?

Allá en la infancia, supe que China era un país que estaba al otro lado del Uruguay y se podía llegar allí si uno tenía la paciencia de cavar un pozo bien hondo. Después, algo aprendí de historia universal, pero la historia universal era, y sigue siendo, la historia de Europa. El resto del mundo yacía, yace, en tinieblas. China también. Poco o nada sabemos del pasado de una nación que inventó casi todo. La seda nació allí, hace cinco mil años. Antes que nadie, los chinos descubrieron, nombraron y cultivaron el té. Fueron los primeros en extraer sal de pozos profundos y fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas. Crearon arados de hierro de porte liviano y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura. Inventaron la brújula mil cien años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla. Mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero. Hace mil novecientos años, inventaron el papel. Imprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg, y dos siglos antes que él usaron tipos móviles de metal en sus imprentas. Hace mil doscientos años inventaron la pólvora, y un siglo después el cañón. Hace novecientos años, crearon máquinas de hilar seda con bobinas movidas a pedal, que los italianos copiaron con dos siglos de atraso. También inventaron el timón, la rueca, la acupuntura, la porcelana, el fútbol, los naipes, la linterna mágica, la pirotecnia, la cometa, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias.

Eduardo Galeano – Espejos