Nadie escapa a su tiempo

La lectura colectiva de la Divina Comedia va por su día 21 y nos va atravesando a todos. La estructura de un canto por día da espacio para debatir y masticar el texto, y esto nos lleva a resultados sorprendentes. Entre ellos, que diferentes hechos cotidianos disparan reflexiones sobre la Comedia. Por ejemplo hoy encontré sin querer algo interesante que me llamó mucho la atención y que hace al contexto de la famosa obra de Dante.

Todos sabemos que ningún texto es ascéptico de intencionalidad; en este caso, siendo Dante un intenso activista político en Florencia que debió exiliarse, no sorprende que incluya en el infierno a muchos de sus contemporáneos. Hoy leyendo “Vigilar y castigar” de Foucault, me encontré que el texto me llevó directo al infierno de la Divina Comedia, ya que éste refleja toda la concepción punitiva de la época y los mecanismos de control social que se ponían en juego.

Foucault describe y analiza el suplicio como forma punitiva anterior al siglo XVIII. Un suplicio es una pena corporal, dolorosa, más o menos atroz. La muerte-suplicio es un arte de retener la vida en el dolor, subdividiéndola en “mil muertes”. Queda claro que los castigados del infierno están padeciendo un suplicio. Foucault dice que por parte de la justicia que lo impone, el suplicio debe ser resonante y comprobado por todos, en cierto modo como su triunfo; él mismo nos lleva a la Comedia diciendo: “La poesía de Dante hecha leyes”.

En el suplicio el pueblo es el personaje principal; en la Comedia, ese pueblo espectador del suplicio está representado por Dante, que a la vez es el personaje con el que el lector se identifica. ¿Por qué el protagonista es el pueblo y no el supliciado? Porque es preciso que se atemorice, pero también debe ser el testigo como el fiador del castigo. Así, la intención política de la obra es testificar el castigo a los que, a juicio de Dante, han procedido mal y han quedado impunes en el mundo.

Sin embargo, Foucault explica que la práctica de los suplicios era menos una economía del ejemplo que una política del terror: hacer sensible a todos la presencia desenfrenada del soberano. El suplicio no restablecía la justicia: reactivaba el poder. En este caso, lo que Dante quiere mostrar es el poder de Dios y de la justicia divina.

El problema era que muchas veces, en la ceremonia de los suplicios aparecía una solidaridad del pueblo con el delincuente, mucho más que el poder del soberano. Por eso, cuando en Inf 20 Dante llora ante los condenados y Virgilio lo reta duramente, es porque se está generando esa solidaridad con el supliciado que deviene en un cuestionamiento a la justicia divina, y por tanto, al poder de Dios.

En conclusión: Dante está tratando que el lector reconozca el poder de Dios sin cuestionamientos, confíe en su justicia y vea que aquellos que en la tierra han atentado contra esas leyes divinas tienen su castigo al igual que los delincuentes en la Tierra. Para ello se vale de las concepciones y experiencias de su época.

Lo grandioso, a mi entender, es que la obra ha trascendido y sigue teniendo el poder de hacernos reflexionar aún cuando los mecanismos punitivos y de control social de nuestro tiempo sean tan distintos a las del contexto de escritura. Para nosotros hoy tiene ese valor metafórico que combinado con los saberes, cosmovisiones y concepciones de nuestro tiempo nos permiten una reflexión profunda y actual como la que generaba en su tiempo.

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Lectura colectiva de la Divina Comedia

El afiche me llegó por whatsapp, y tras un rato de meditación, decidí plegarme. Empecé pensando en vivir la experiencia y ver si puede ser replicable en la escuela: proponer por ejemplo la lectura de un capítulo por semana de 1984 de Orwell y que se comente con el hashtag “la35lee”. Algo veníamos hablando sobre esto… pero siempre conviene probarlo uno antes de llevarlo a la práctica.

Primero empecé a googlear de qué trataba la Divina Comedia. Sí, había oído nombrar de ella muchas veces y sabía que trataba del viaje por el infierno, el purgatorio y el cielo. Había visto esquemas de la organización de estos territorios de ultratumba, pero ahí terminaba mi conocimiento. Nunca se me dio por leerlo… tal vez el momento sea ahora. Lo que leí me motivó a plegarme a la comunidad lectora: es un libro que fomenta la reflexión sobre uno y los valores de su tiempo. Por ejemplo, el papa Francisco la tiene como un libro de cabecera al que vuelve a buscar respuestas. Incluye elementos de mitología, de religión, de la política de su tiempo.

Así fue como me descargué la aplicación de Twitter y empecé a incursionar en esta red social que tampoco me atraía. Del intercambio que ya se venía dando, porque empezaron ayer, descargué un pdf compartido con una de las traducciones recomendadas del libro, y empecé a leer. Me puse al día en seguida porque los cantos son cortitos.

Infierno, cantos 1 y 2. Dante se encuentra ante una colina a la que debe subir, pero tres fieras le cierran el paso. Entonces, aparece Virgilio, y dice que lo envían tres damas para que lo guíe por otro lado. Esto implica atravesar el infierno, y por supuesto, Dante tiene miedo.

Dicen que este es un libro que nos refleja y a partir del cual repensarse. Empecemos. Interesante el miedo de Dante al emprender el camino, todas sus dudas: todos cuando tenemos una tarea que sabemos ardua por delante dudamos. Lo importante es el valor de encarar de todos modos. Aquí, se entrega a la confianza de Virgilio. Yo, me entrego a la red social, a aportar mis humildes comentarios y a aprender de los demás. He visto que postean datos de mitología, aclaraciones históricas y filosóficas, imágenes… veremos que sale.

Vejez

Hay salidas y salidas. Salidas lindas y salidas más o menos. Salidas para estar contento y salidas que entristecen.

Papá quiso salir pese al frío, y me ofreció ir a la Biblioteca café. Hoy cantaba Marikena Monti. Acepté, sabiendo que, entre otras cosas, iba a ver a alguien de quien mi mamá decía “se parece mucho a mi mamá”; es decir, fui sabiendo que me iba a movilizar.

La epidemia de gripe diezmó a los concurrentes, pero a nosotros no nos impidió disfrutar un plato de goulasch, que según nos dijeron,es una especialidad de la casa.

Cuando llegó la hora de la función, la cantante estaba tan resfriada como los concurrentes. Se disculpó por los pañuelitos, por las desafinadas y gallos de su voz media tomada. Admirable su fuerza y sus ganas.

La miré… y todo el rato pensaba en lo que es el tiempo y la vejez. Ella, con su espalda curvada, sus ojos hundidos en las cuencas; olvidando la letra de las canciones (que un público de amigos y familiares le hacía recordar) o el orden que habían fijado con su pianista acompañante, que con mucha dulzura la corregía y orientaba. La vi envuelta en los brillos de su camisola negra, la que le regaló su amiga que, con 96 años, la acompañaba en la otra mesa. Era nada menos que la madre de Andrés y Javier Calamaro.

Admiro su fuerza, su memoria, su capacidad de traducir una letra del francés al castellano con sólo recordarla sin leer. Pero me duele verla persona grande que no se resigna a los embates de la edad. Me pegó fuerte… y salí triste. Con la sonrisa pintada para que mi papá no note las ganas de llorar que tenía.

Es dificil la conciencia del tiempo que pasa; para quienes están alrededor, para nosotros. Ver a los padres y su generación que ya hay cosas que no pueden hacer y tener conciencia de que nunca más las podrán hacer. Darse cuenta que ya nada es como era… es un ciclo de vida, es lo natural, pero duele.

Es lo que hay. A veces sale, y otras no. Que Dios bendiga a Marikena y sus ganas de seguir cantando… a pesar del paso del tiempo.

En el mundo de la hipocresía

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En el mundo todos somos iguales, sin embargo, algunos son más iguales que otros.

Seguro que al leer esto estás pensando alguna de estas dos cosas: a. “se está contradiciendo”; b. “está diciendo una obviedad”. Yo creo que estoy haciendo las dos cosas, porque estoy describiendo el mundo como es, tan contradictorio que la contradicción se ha vuelto una obviedad que muchas veces obviamos. La globalización, la transnacionalización de la economía, las grandes corporaciones más poderosas que los estados, llevan a esa obviedad que obviamos.

Pero no, yo no te hablo de eso. No te hablo del discurso hegemónico impuesto por los medios y las corporaciones. Tampoco del de las contracorrientes opuestas a los medios y corporaciones, que son tan sesgados como los de los medios y las corporaciones mismas. Yo te hablo de nosotros, de los discursos individuales, del discurso que vos, que yo, que cada uno en su condición de individuo individualista de este mundo global construye a su medida y conveniencia. Discursos construidos, muchas veces, acogiéndose irreflexivamente a alguno de los dos que mencioné arriba, cuando no a los dos al mismo tiempo, recorte mediante y adecuación según convenga. Y de hecho, el que más me preocupa es el segundo: el que parece reivindicar una corriente de pensamiento “autónomo” y “crítico” que en realidad vende una realidad tan parcial y tan falseada como el discurso hegemónico.

Estos días, muchos de ustedes, como yo, pusieron sobre su foto de perfil el velo de la bandera francesa que sugería Facebook. Cada cual sabrá por qué lo hizo, qué motivo lo llevó a tomar la decisión. Voy a blanquear aquí la mía, ya que no suelo (por motivos que más adelante especificaré) acogerme en general a estas iniciativas: Francia tiene un sentido para mí desde lo vivencial y afectivo que la diferencia de otros territorios. Es así, me hago cargo, y no por eso deja de dolerme el resto del mundo y cómo está. Y aunque Francia me toca en lo personal, lo mismo les diría si los sucesos del viernes hubieran pasado en Alemania, Estados Unidos, Italia o cualquier otro país que se considere “desarrollado”; aunque seguramente, en esos casos, no hubiera cambiado mi foto de perfil. Cuando vi que mis amigos franceses lo hacían, decidí plegarme como una forma más de decirles, a la distancia, que estoy con ellos.

Y después empecé a ver las voces que pretendían criticar la iniciativa. Y pese a que confío que lo hiciste por ingenuidad, la verdad que me dolió (lo voy a decir con todas las letras) tal vez más que los propios atentados, porque me habla de los discursos terribles que atraviesan la vida global y de la hipocresía general que nos gobierna. Y eso me da mucha impotencia.

Los “contradiscursos” frente a la iniciativa de Facebook para solidarizarse con los parisinos giran en torno a que todos somos iguales, pero que hay pueblos que merecen más solidaridad que otros ante sus tragedias porque nadie se solidarizó con ellos antes. Y entonces, vuelvo a la frase del principio: en el mundo somos todos iguales, pero algunos son más iguales que otros. Los libios, los sirios, los palestinos, según este discurso, merecen más solidaridad que los franceses, y aquí es donde dejamos de ser todos iguales y los franceses pasan a ser inferiores, así de simple. Si quieren leer críticamente, lean críticamente todo.

Y yo sé que es más fácil ser solidario con el pobre y desvalido, pero la verdad tampoco te vi rasgarte las vestiduras en su momento ante los atentados en Siria, los bombardeos en Libia y las muertes en Palestina. Como no hubo iniciativa de Facebook al respecto, no cambiaste por tu propia cuenta tu foto de perfil por las banderas de estos países. Te pasó desapercibido y seguiste con tu vida, a lo sumo dijiste “qué barbaridad” delante del noticiero de televisión y ahí quedó la cuestión hasta que ahora la sacás a relucir. Y yo tampoco lo hice, pero porque es mi política y mi opción, e hice una excepción esta vez por los motivos que ya comenté.

La verdad, si vamos a hablar de lecturas críticas a los discursos hegemónicos para levantar la bandera en defensa de los pobres y desamparados del planeta, hagamos un poco de mea culpa y analicemos nuestra vida cotidiana antes de abrir la boca, porque cada día decimos todo con las acciones haciendo que nuestras palabras suenen contradictorias y ridículas. ¿Te lo muestro?

Te veo usar feliz tu celular último modelo, el que compraste desechando uno perfectamente útil pero “más viejo” (del año pasado, o de unos meses atrás) y me decís que yo tengo que tirar el mío, modernizarme, porque no tengo whatsapp y no accedo a Facebook en cualquier tiempo y lugar (cuyas iniciativas criticás)… pero no te veo reflexionar en los miles de niños que mueren en África para que las corporaciones se lleven el coltán, un mineral que hace que tu celular nuevo (como el viejo) sea no solo cada vez más eficiente, sino también más barato en relación a las funciones que cumple.

Te veo comprar la nueva camiseta, equipito deportivo y zapatillas de tu equipo de futbol o de la selección, porque la del año pasado ya fue, pero no te veo reclamar por el trabajo inhumano de los niños y mujeres que la hicieron en Bangladesh, Pakistán, Camboya o quién sabe donde, mientras Ronaldo y Messi cobran millones por venderla y vos pagas una locura por comprarla.

Te veo publicar una y otra vez la imagen golpe-bajo del nene sirio muerto en la playa del Mediterráneo, pero no te veo subir fotos cada día de los africanos que mueren en las pateras tratando de llegar a Europa, ni tampoco cuestionar que NatGeo haga un programa justificando las cacerías que la border patrol hace en la frontera norte de México, donde el mexicano es estereotipado como el narco para habilitar así las más terribles vejaciones. ¿No era que todos eramos iguales?

Te hacés eco del eterno pedido de Maradona y le reclamás al Vaticano que venda su oro para terminar con el hambre en África, pero la verdad no los veo ni a vos ni a Maradona aportar a esa causa (ni a otra tampoco). Me decís que “no podés” porque el sueldo es una miseria, que “no te alcanza”, siempre con el celular último modelo en la mano o el televisor led que te trajiste de Miami colgando en la pared, o el cero kilómetro (pequeño, modesto, es cierto, pero aún con olor a nuevo) que estás manejando… cuando no con todas esas (y otras) cosas a la vez.

Y siempre es más fácil solidarizarse con los pobres anónimos de otro lado del mundo que ver y reconocer a los que viven a tu lado. Dale, vengamos más cerca, a tu país, a tu ciudad, a tu barrio. ¿Te animás?

Te compraste ropa en Awada, y a tus chicos en Cheeky, y la pagaste una fortuna, y te olvidaste de los talleres clandestinos donde inmigrantes ilegales cortaron, cosieron y terminaron lo que ahora llevás puesto. No te vi reclamar junto a la Alameda por esas almas encerradas, al contrario, me vivís jurando y perjurando que el problema de Argentina es que las políticas migratorias son demasiado blandas, que entra cualquiera y que hay que endurecerlas.

Rechazás de plano los planes sociales porque generan vagos, hacen que tengan más hijos y barbaridades por el estilo, pero no te detenés a revisar en profundidad sus pros y contras (que los tienen) ni los contextos a los que apuntan (que son más complejos de lo que creés). Tampoco te escucho proponer mejoras alternativas. ¿Vos no querías pensamiento crítico?

Y sobre todo, la que más me violenta, muchas veces me decís que este país anda mal, que estamos en el horno, que la educación es un desastre, etc. etc. y me citás como ejemplo a seguir a los propios europeos que hoy estás diciendo que no merecen nuestra solidaridad. Y no me olvido que estás ahorrando en dólares, o en euros, que es la moneda “segura” de estos países que, también a tu entender, tienen una conducta mundial tan repudiable…

¿Querés que siga con la lista?

Si seguiste leyendo hasta este punto, si no abandonaste antes presa de la indignación, me dirás con toda razón: “y por casa como andamos?”. Y la verdad, tenés razón y merecés la respuesta. Como a vos, me caben muchas de las contradicciones que te enumeré antes, porque el mundo es así y como vos, no puedo eludirlo. Lo que pasa es que, al parecer, a diferencia de vos, yo las veo, asumo que vivimos en un mundo hipócrita y por eso en general elijo callarme la boca. Salvo excepciones, como hoy, que por cuestiones netamente afectivas y personales pongo en mi foto de perfil una banderita francesa como modo de acompañar a la distancia a personas que quiero mucho, y a la vez salgo a darte todo este terrible sermón. Y habitualmente me callo porque, si bien la libertad de expresión es un derecho, considero que la consabida obligación de este derecho (que en general olvidamos, o simulamos olvidar) es ser cuidadosos de no decir cualquier cosa, de no hablar porque el aire es gratis, y de reflexionar de verdad críticamente antes de opinar.

Pero asumir que así somos, que así anda el mundo, no implica quedarme apoltronada delante de la tele o del Facebook diciendo “qué barbaridad” para salir luego a consumir lo que la tele me propone con la ilusión de sentirme mejor (retroalimentando el círculo vicioso). Yo no me resigno a que las cosas sean como son, la verdad que no. Sé que mi lugar es pequeño y que no tengo ni de lejos el poder para cambiar los designios mundiales, pero tengo conciencia y un pequeño gran mundo que me rodea y que puedo tocar, y me parece que eso no es poco. Y hoy me leíste, y tal vez lo pensaste mejor y buscas tu propio camino alternativo; pensando por vos, y no por lo que te dicen otros, sean los medios (un discurso más evidente) o los contrahegemónicos (un discurso menos evidente y por tanto más peligroso).

En todo caso, y hablando de peligros, si seguimos pensando que es “peligroso”, como leí por ahí, solidarizarse con Francia (que es, en última instancia solidarizarse con alguien), la verdad que siento que como mundo, como sociedad global, estamos en el horno.

Y ahora, ¿qué vas a hacer al respecto?

Lo dejo a tu criterio.

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Días subsiguientes

Hoy, hace cinco años, era miércoles. Todos estábamos en casa esperando al censista. Cerca del mediodía, llegó mi tía y dijo: “¿vieron? se murió Néstor Kirchner.” Sinceramente, nos costó mucho creerlo.

Hoy, media década después, el 27 de Octubre es martes, pero se vive un clima similar: algunos lloran, otros festejan. Hay mucha burla cruzada, mucha agresión contenida que se libera. En este sentido, nada ha cambiado. Muchos pregonan con euforia el “momento histórico que estamos viviendo” y generalizan como si todos pensáramos igual. Una vez más, se pone en juego esta democracia intolerante en la que tristemente vivimos en la Argentina. Y siento hoy que lo que dije en el 2010 podría repetirlo ahora, y que cambiando la efeméride, sería todo más o menos lo mismo.

Muchos dicen que Néstor no murió en 2010 porque se quedó en el corazón de los militantes. Y creo que es cierto, porque su muerte dio nuevas alas a la militancia. Debo decir que me pone contenta ver a la gente involucrarse en la política de manera activa y no sólamente votando a desgano cada dos años. Pero me duele que el aumento de la militancia vino de la mano de una escalada de agresiones cruzadas de uno a otro bando; agresiones que ya existían, como pude dar cuenta en 2010, pero que fueron recrudeciendo al punto que dividieron familias y enemistaron amigos.

Hoy creo que nadie a ciencia cierta sabe lo que pienso, y esa fue mi mayor victoria todo este tiempo. Decidí privilegiar los amigos y la familia a las ideas políticas, y tomé por opción callar lo que pensaba para conservar los vínculos. Porque los políticos pasan, pero los afectos quedan… o se rompen irremediablemente. Compruebo en mí el principio de que “el que calla otorga”, puesto que como no digo ni sí ni no, todos consideran que soy una “compañera que apoya el modelo” y a la vez alguien que quiere “que la yegua se vaya y que se pueda comprar dólares”, según sea la inclinación de quien me encuentre. Hoy aquí voy a decir lo que pienso hace mucho tiempo: que estamos al horno.

Estamos al horno porque hoy queda de manifiesto que la mayor debilidad del “proyecto” actual es su personalismo. Está basado de tal manera en un líder carismático y su discurso que cae en inconsistencias graves que lo han llevado a la derrota. La mayor de ellas, elegir a dedo un candidato que a sus propios militantes no les gusta, que defienden a disgusto y por mero espíritu de cuerpo y a quien (esto es lo bueno de tener memoria!) consideraban el peor traidor meses atrás. Por no hablar de otros candidatos discutidos (impresentables) que cayeron estrepitosamente ante opciones también impresentables.

Y estamos al horno porque la propuesta alternativa es la de un estado empresario; me ha tocado desde adentro el vaciamiento de la escuela pública en la ciudad, el ninguneo ante los reclamos que hicimos frente a medidas que se tomaban por desconocimiento absoluto de lo que es la educación pública (prefiero pecar de inocente antes de decir que había conocimiento y que el daño fue exprofeso). El estado no está para ganar, el estado está para ser eficiente, sí, pero para garantizar el bienestar de la población. El estado siempre va a pérdida, porque tiene que absorber el gasto de aquellos que menos tienen para protegerlos frente al canibalismo del mercado global.

A mis conocidos kirchneristas les digo: siempre se cosecha lo que se siembra. Hoy me dicen en confianza que conmigo pueden expresar su tristeza porque saben que no me voy a burlar… yo no hago leña del árbol caído, pero no olvido la cantidad de publicaciones en Facebook que tuve que obviar, la cantidad de charlas en las que tuve que callar. Uno debe hacerse cargo de sus actos, y la violencia y el odio que ustedes mismos generaron “combatiendo el odio con amor” como decía Cristina, pero siempre combatiendo y sentenciando a todos los diferentes, hoy vuelve hacia ustedes. Uno tiene que ser humilde y saber que todo lo que está arriba tarde o temprano baja, ya sea suavemente o en picada. Y cuanto más alto te subas al pedestal, más grande y estrepitosa va a ser tu caída. Me duele verlos tan ciegos, diciendo “mirá bien a tu presidenta, porque tengas la edad que tengas nunca vas a ver un mejor presidente en tu vida”. Qué triste, poniéndome en su lugar, negarse a la posibilidad de que en el futuro crezcamos y tengamos algo aún mejor.

Para mis conocidos anti K que hoy se pavonean victoriosos también tengo: hoy más que nunca, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. A buen entendedor, pocas palabras, y si no, relean el párrafo precedente, porque a como se están dando las cosas, en un futuro no muy lejano puede caberles como un guante. Entiendo que den rienda suelta a su venganza (no lo comparto en lo más mínimo), pero ya que quieren que “cambiemos”, pónganse en campaña para no repetir la historia. Muchos me decían que había que votar a Macri “porque cualquier cosa es mejor que este gobierno”. Y yo les digo, porque tengo memoria, que en 2003 escuché lo mismo, sólo que al que había que votar era a Néstor porque cualquier cosa era mejor que volver al menemismo. Sé que muchos de ustedes, entonces y ahora, votaron con la misma lógica. Y que ahora se dicen anti K pero si hubiera habido ballotage entonces, no iban a dudar a dónde poner el voto (si no lo habían hecho ya en primera vuelta) y hubieran terminado apoyando un gobierno que hoy estarían combatiendo. Sean coherentes por favor, definan sus convicciones y defiéndanlas haciéndose cargo aún en la derrota.

Me duele que muchas de las cosas buenas que se han ido consiguiendo probablemente se pierdan, como se pierde todo en la Argentina cada vez que cambia el signo del gobierno. Y se pierden porque el odio que se genera entre bandos hace que el que llega borre de un plumazo todo lo que lleva la firma del anterior. Vivimos tratando de reescribir nuestra historia eliminando de ella lo que consideramos indigno. No hay pensamiento crítico, valoración de lo bueno y construcción a partir de la reformulación de lo malo. Todo el blanco y negro, nada sirve, siempre hay que empezar de nuevo. Y así nos va.

Y la vida?? La vida continúa, como siempre. Seguimos respirando, trabajando, soñando. Seguimos sobreviviendo el día a día, levantándonos cada mañana y encarando el día con alegría. Y cuando me siento al horno, recuerdo la experiencia del 2001: eso sí era estar en lo más profundo del pozo. Pero aún en esa situación desesperada, el peor de los panoramas sacó lo mejor de nosotros. Primaron los vínculos solidarios y los afectos. Nos dimos cuenta que eso era lo mejor que teníamos, haciendo cooperativa de apuntes y olla colectiva de fideos. La tormenta aquí abajo la capeamos entre todos, y salimos fortalecidos más allá del desenlace político al que arribamos. Construímos lazos, reforzamos afectos y rescatamos lo esencial. No veo por qué no podamos hacerlo ahora.

Pese a todo el desánimo, el desinterés (justificado), tengo mi corazoncito político y militante que anhela que algún día primen las convicciones y la coherencia. Que asumamos una política de estado, la construcción de un modelo de país para bien de todos, sostenible a lo largo de los años y a los cambios de signo de gobierno. Que cada uno que llegue defienda los intereses nacionales desde su ideología, que sepa respetar lo hecho y aportar un granito de arena para mejorar. Que sepan respetar, conciliar, porque es en la diferencia donde está la riqueza. De experiencias de bombardeo de la plaza y de censura ya tuvimos suficiente. Sueño con la utopía de que eso sea posible, de que tengamos un país capaz de distinguir lo esencial y una ciudadanía unida en pos del bien común pese a las diferencias partidarias, y les aseguro que desde este pequeño lugar mi militancia personal se va en ello.

Por lo pronto, en lo que atañen a los procesos electorales, me quedo con las palabras de Raúl Alfonsín en 1992: si la sociedad se ha derechizado, debemos prepararnos para perder pero no convertirnos en conservadores. Creo que de eso se trata. No votar por encuestas, no votar por oposicion a… Votar sin perder la convicción, aun sabiendo que no se puede ganar.

Mientras tanto, aquí abajo, gobierne quien gobierne, la seguimos peleando. En eso ando.

Memoria y compromiso

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El 24 de Marzo ha sido declarado en Argentina el día de la Memoria para conmemorar el inicio de la última dictadura militar, que generó miles de personas desaparecidas, muertas, apropiaciones de bebés nacidos en cautiverio, entre otros delitos. Pero este día debe hacernos reflexionar sobre los atentados cometidos contra la humanidad y cómo, muchas veces, miramos para el costado ante ellos, los negamos… porque no nos toca a nosotros. Pasa con la inseguridad cotidiana,por ejemplo, que si bien no es tan tremenda como dicen los medios de comunicación, está allí y nos aqueja, nos toca de cerca…

No he podido encontrar el autor exacto de los siguientes versos. Por ello, voy a citar a todos los autores que aparecen como sus emisores…

Maiakovski, poeta ruso suicidado luego de la revolución de Lenin escribió, en los inicios del siglo XX

En la primera noche, ellos se aproximan
Y recogen una flor de nuestro jardín
Y no decimos nada.
La segunda noche, ya no se esconden,
Pisan las flores, matan nuestro perro
Y no decimos nada.
Hasta que un día, el más frágil de ellos
Entra solito en nuestra casa, nos roba la luna, y
Conociendo nuestros miedos,
Nos arranca la voz de nuestras gargantas
Y porque no decimos nada
Ya no podemos decir nada.
Primero se llevaron a los negros
Pero no me importó
Porque yo no era negro
En seguida se llevaron algunos obreros
Pero no me importó
Porque yo no era obrero.
Después prendieron a los miserables
Pero no me importó
Porque yo no era miserable
Después agarraron algunos desempleados
Pero como yo tengo mi empleo
Tampoco me importó
Ahora me están llevando a mí
Pero ya es tarde
Como yo no me preocupé por nadie
Nadie se preocupa por mí.

Bertold Brecht (1898-1956)

Un día vinieron y se llevaron a mi vecino que era judío
Como yo no soy judío, no me molestó
El día siguiente vinieron y se llevaron a mi otro vecino que era comunista
Como yo no soy comunista, no me molestó
Al tercer día, vinieron y se llevaron a mi vecino que era católico
Como yo no soy católico, no me molestó
Al cuarto día vinieron y me llevaron
Ya no quedaba nadie para protestar…

Martín Niemöller, 1933 (Símbolo de la resistencia contra los nazis)

Primero robaron nuestras señales, pero yo no me perjudiqué
Después incendiaron nuestros ómnibus, pero yo no viajaba en ellos
Después cerraron calles, donde yo no vivo
Cerraron entonces la entrada a la favela, que yo no habito
En seguida arrastraron hasta la muerte a un niño, que no era mi hijo

El rol de los maestros

Quería regalar este cuplé a los maestros, porque siempre está bueno reírnos de nosotros mismos.

Y sí, somos un poco así. Algunos más, algunos menos, pero la escuela es una institución eminentemente conservadora. Siempre añorando un pasado mejor y suplicando por un alumno ideal tan distinto del alumno real que tenemos.

Ciertamente la escuela es responsabilizada de muchos problemas que, en realidad, corresponden a las familias. El chico carga con unas mochilas de problemas emocionales que hasta al propio Freud le costaría resolver, y nosotros estamos allí tratando de que aprenda una materia… personalmente, a veces me veo a mi misma ante uno de estos chicos y me siento estúpida tratando de enseñarle Geografía si llega a la casa y se encuentra con un drama existencial. Lo que trato de pensar es que si su presente es así, no tengo en mis manos las herramientas para cambiarlo, pero puedo proponerle herramientas para que su futuro sea diferente. Entonces más o menos me consuelo y sigo.

Los pedagogos y sus reformas educativas son un capítulo aparte. La mayor parte de ellos son funcionarios de escritorio que nunca pisaron una escuela y creen que leyendo sobre ella, que teorizando sobre ella, saben más que los que estamos en la cancha. Reinan las desprolijidades, tales como incrementar la carga horaria y pasar un año sin pagarle el incremento a los docentes. Abundan las incoherencias, como querer formar prácticamente un astronauta pero a la vez implementar estrategias para que el chico no “fracase”, es decir, que apruebe a cualquier precio. Y tristemente, en Argentina, los docentes hemos pasado a ser responsables por ley de la repitencia y abandono escolar. Si bien la legislación contempla obligaciones también para alumnos y padres, los únicos responsables de lo que sale mal somos nosotros, como si del otro lado siempre hubiera buena voluntad.

Sin embargo, es cierto que la escuela, en su conservadurismo, se opone muchas veces a replantearse para qué educamos. Y cuando los chicos nos preguntan para qué estudiar nuestras materias, no falta el que responde “porque está en la currícula y lo necesitás para tener el título”. Gracias a Dios veo cada vez más docentes que se animan a la tarea de educar para que los chicos piensen, creen… que sean personas reflexivas y no meros repetidores de fórmulas. Que puedan solucionar problemas por sí mismos sin esperar que otro aporte la respuesta ya masticada. Que puedan interpretar el mundo en el que viven y comprender su lugar en él. Y que saben explicárselo cuando ellos preguntan el para qué están aprendiendo eso.

Cada vez más el chico es disciplinado porque comprende que es útil lo que hace. Cada vez más el chico se esmera cuando ve esmero y valorización de lo que se enseña del otro lado. Cada vez más disciplina más una buena clase que una buena sanción. Y no digo que las sanciones no hagan falta, porque a veces es necesario marcar un límite; digo simplemente que ya no somos autoridades porque tenemos poder, sino simplemente porque tenemos saber. Estamos más desarmados, es cierto, pero a la vez tenemos el arma más poderosa y útil de todas.

Vale para reflexionar; y aún así, sé que nos seguiremos quejando, sé que seguiremos añorando el pasado, sé que seguiremos pidiendo ese alumno ideal tan diferente del real. Pero aún así, sé que muchos de nosotros seguiremos tratando de trabajar con paciencia y sobre todo con mucho amor por la tarea, seguiremos replanteándonos por dónde salir y apostando por los chicos, que es, aunque suene trillado, apostar por nuestro propio futuro.