Agua (o el mundo tiene sed)

mapa7_mediano_casAhora que anduvieron de moda los baldazos, se puso sobre el tapete la cuestión del agua. Creo que nunca está de más recordar algunas cuestiones sobre este recurso. Si bien el 70% de nuestro planeta es agua, sólo el 3% es agua dulce, y de ella, 2% está en estado sólido en los casquetes polares y hielos continentales, constituyendo una reserva. Es decir, sólo el 1% del agua del planeta está disponible para el consumo humano (léase industria, agricultura, agua potable…).

Si bien el agua es un recurso que se recicla naturalmente gracias al ciclo del agua, los niveles actuales de contaminación que ostenta hacen que los tiempos naturales de renovación sean muy lentos para las necesidades humanas. La potabilización de las aguas superficiales es un proceso cada vez más costoso, y la contaminación de las aguas subterráneas un proceso cada vez más problemático. A esto debemos sumarle el hecho de que el agua está desigualmente repartida en el planeta, de manera que mientras algunos sufren agudos estres hídricos, otros como nosotros, estamos bendecidos con abundancia de agua dulce.

Todo esto lleva a la necesidad de tener conciencia sobre el problema del agua. En esta oportunidad quiero compartir una serie de fotos del fotógrafo francés Yann Arthus Bertrand, de su serie “La Tierra vista desde el Cielo“, que además de miradas novedosas de nuestro planeta, aporta información con n fuerte compromiso ambiental sobre los lugares que fotografía. Dejo aquí entonces las traducciones que hice del epígrafe de estas fotografías geniales que él sacó.

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Perforación hidráulica local cerca de Doropo, departamento de Bouna, Costa de Marfil
Por todos lados en África, el aprovisionamiento de agua es uno de los roles que habitualmente corresponde a las mujeres, como aquí, cerca de la localidad de Doropo. Las perforaciones hidráulicas, equipadas de bombas generalmente manuales, remplazan poco a poco los pozos tradicionales de los pueblos, y los recipientes plásticos, de metal o de aluminio suplantan los canaris (grandes jarras en barro cocido) y las calabazas para transportar el precioso recurso. Sacada de las napas freáticas, el agua de estas perforaciones presenta menos riesgos sanitarios que la de los pozos tradicionales que, en más del 70% de los casos, no es apta para su consumo. Las enfermedades debidas a la insalubridad del agua están en disminución, pero ellas constituyen aún la primer causa de mortalidad infantil de los países en desarrollo: así, la diarrea se lleva cada año la vida de más de 1,5 millones de niños de menos de cinco años. De cara al crecimiento poblacional, la mejora en el acceso al agua potable, que es esperada por casi una persona cada cinco en el mundo, se presenta como una de las grandes apuestas de los decenios próximos.

Cajas de botellas cerca de Braunschweig, Alemania.
Cerca de Braunschweig, al norte de Alemania, una avalancha de aguas minerales, de cervezas, de jugos de frutas y de bebidas gaseosas de todo tipo se despliegan sobre el área de almacenamiento de un mayorista. En la industria mundial de la bebida, el mercado del agua embotellada adelantó a todos sus competidores. La más elemental de las bebidas, una vez embotellada, conoce un éxito creciente: el consumo mundial aumentó un 70 % entre 2002 y 2007. Para contener los 188.000 millones de litros de agua embotellada distribuida en el mundo en 2007, habrán hecho falta millones de toneladas de materia plástica, un derivado del petroleo. Ese mismo año, en volumen total, los Estados Unidos fueron los premieros consumidores de agua embotellada. Con 260 litros por año y por habitante, son los Emiratos Árabes Unidos los que están a la cabeza del consumo a escala individual. En los países donde el agua no es potable, el agua embotellada presenta una verdadera utilidad. No es el caso de los países occidentales, donde el agua e la canilla ofrece una alternativa igual de satisfactora en un plan sanitario y más ecológico. En efecto, cuatro quintas partes de esas botellas no son recicladas: se amontonan en los basureros y degradan el medio ambiente. Se ha calculado que la fabricación, el acondicionamiento y el transporte de una botella de agua consumen una cantidad de petroleo equivalente a un cuarto de su contenido…

Residuos de la planta de desalinización de agua de mar de Al-Doha, región de Jahra, Kuwait 

Durante largo tiempo tributario de Irak para su aprovisionamiento en agua potable, Kuwait cubre hoy 75% de sus necesidades desalinizando el agua de mar. Luego del tratamiento por destilación térmica instantánea (sistema “flash”), el agua que no es propia para el consumo es devuelta al mar donde, dibujando la imagen de un monstruo tentacular, se mezcla a la del Golfo Pérsico. Los mares del planeta abastecen así cada día, gracias a 12.500 unidades de desalinización repartidas en 120 países, 20 millones de m3 de agua dulce (alrededor de 1% del agua dulce consumida en el mundo). Los dos tercios provienen del agua de mar, el resto de aguas salobres. La mitad es producida en los países del Golfo Pérsico, cuyos recursos en petróleo permiten alimentar estas plantas devoradoras de energía y acceder a esta tecnología todavía costosa: es necesario quemar una tonelada de combustible para producir como máximo una centena de metros cúbicos de agua dulce. En este momento en que el aprovisionamiento de agua dulce se transforma en una preocupación para un número creciente de países, se consumen en Europa 250 a 350 litros de agua por día y por persona (una simple descarga de agua representa 6 litros).

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Playa de río, playa de mar

Vista satelital del Río de la Plata

Vista satelital del Río de la Plata

Siempre supe que las playas Uruguayas eran muy buenas, aún las que estaban sobre el río de la Plata. Mi vecino me contaba que durante años fue a veranear a Piriápolis, que tenía agua salada y oleaje marino pese a estar dentro del Río de la Plata. Me habían contado la belleza de las playas de Montevideo…

Luego lo vi con mis propios ojos, un río con trazas de sedimentos pero en lo esencial transparente; un agua amarronada pero que olía a sales y a algas.

¿A qué se debía tal diferencia? ¿Por qué en Buenos Aires tenemos un río bien marrón todo el año? ¿Por qué las localidades balnearias atlánticas de más al norte conservan todavía un mar amarronado? Las respuestas las fui encontrando en la geografía.

Primero fueron los libros. El Río de la Plata es un estuario de agua dulce, formado por la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay. El  Uruguay baja limpio por un lecho de basalto (por ello se ve más oscuro en la foto), mientras que el Paraná, al recibir afluentes que bajan desde la cordillera, arrastra una mayor carga sedimentaria. Por eso, forma un delta en su desembocadura. El río Uruguay afecta más las costas uruguayas, mientras que el Paraná choca y baña nuestra propia costa.

Luego, fue el curso de imágenes satelitales. El libro también me decía que como estuario de agua dulce, el Río de la Plata, con su boca abierta hacia el Este, recibe la influencia del océano; en este caso, una corriente marina especialmente fuerte baja desde el norte: la corriente de Brasil. Ésta se mete en el estuario y “limpia” de sedimentos la ribera de Uruguay, “empujándolos” hacia la ribera de Argentina. En la imagen esto es perfectamente visible.

Cuando vi esta imagen, nunca creí que se vería tan claro: podemos observar de esta manera cómo ciudades ribereñas de Uruguay, como Piriápolis e incluso Montevideo, cuentan con aguas casi marinas en sus playas, mientras que ciudades del frente marítimo argentino como Mar de Ajó aún cuentan con un importante caudal de agua con sedimentos. Esto afecta entre otras cosas al turismo, y por algo Punta del Este es una playa top aún estando en la boca del Río. Pobre San Clemente no creo que goce nunca de tal estatus.

Estas son las cosas que me encantan de la geografía, poder comprender el planeta en que vivimos y maravillarnos con su dinámica. No deja de asombrarme también la evolución tecnológica del hombre, que ha puesto en órbita máquinas que permitan hacer estos estudios y comprobar de una sóla ojeada procesos que antes tomaba años de recolección de datos estudiar y explicar.

Las enseñanzas de Japón

Los sucesos recientes del terremoto en Japón y el posterior problema nuclear ponen sobre la mesa una serie de cuestiones relativas a nuestro conocimiento e interpretación del mundo. Lo sucedido nos sirve para desmitificar ciertas concepciones erradas que solemos tener, tales como que un país rico es aquel que tiene mayor cantidad de recursos naturales; así como para comenzar a aprender y profundizar sobre otras cuestiones, tales como la energía nuclear.

¿Quién es Japón?

Japón es uno de los países más desarrollados del mundo; ocupa el segundo lugar por sus avances tecnológicos y el tercero entre los de mayor nivel adquisitivo. Es la tercer economía más poderosa después de Estados Unidos y China.

Refinería zinc en la isla de Chigiri al este de Hiroshima, Honshu, Japón (34°18’ N - 132°54’ E).

Desde el punto de vista natural, es un archipiélago de alrededor de 3000 islas, 4 de las cuales son las mayores y más fácilmente identificables. El territorio está en formación, producto de la subducción de la placa del Pacífico (que se mueve a una velocidad de 83 mm por año hacia el Oeste) bajo la placa de Japón. Este proceso ocurre sobre la costa este del archipiélago, donde se ubica la fosa de Japón. Por ello, Japón integra el “cinturón de fuego del Pacífico”, tiene más de 200 volcanes, 50 de los cuales están activos, y suelen producirse fuertes sismos. De hecho, soporta un promedio de 1500 temblores anuales (un promedio de 4 por día), que representan alrededor del 20% de los sismos del planeta. Las islas son muy montañosas, con escasez de llanuras.

Sólo un 11,5% del territorio es cultivable. El 60% de los alimentos los importa. La industria es altamente dependiente de las importaciones de materias primas y combustibles. De hecho, Japón es el principal importador mundial de gas licuado y carbón; y el tercero en la importación de petróleo. Ante semejante necesidad energética, sobre todo para abastecer a la industria, Japón se convirtió, pese a su vulnerabilidad sísmica, en el tercer productor de energía nuclear, por detrás de Estados Unidos y Francia.

La pregunta del millón es, entonces, por qué Japón, con un territorio tan altamente sísmico, sustenta su economía en la producción de energía nuclear que es tan peligrosa en caso de un accidente. La respuesta la encontramos en la previsión del riesgo.

¿Qué es la previsión de riesgo?

Toda sociedad está expuesta al riesgo. Éste puede ser de origen meteorológico, antrópico, hídrico, tectónico… Estos riesgos no pueden ser evitados, pero sí pueden minimizarse sus impactos.

La gestión del riesgo consiste en una serie de pasos que permiten reducir la vulnerabilidad de la sociedad ante un fenómeno natural de impacto negativo. Estos pasos comienzan con el estudio del problema y sus características. Se estudian los datos estadísticos de los últimos fenómenos catástrofe y en base a ellos se elaboran proyecciones sobre los posibles impactos de la repetición de dicho fenómeno. Luego se hace el relevamiento de usos del suelo y población que se vería afectada, daños previsibles y su magnitud, entre otros. Finalmente se diseñan y ponen en práctica las estrategias para, justamente, prevenir todos los daños posibles o minimizarlos al máximo: construcciones especiales, planes de evacuación, previsión de suministros de emergencia, etcétera. Se toma como referencia el fenómeno de mayor magnitud previsible, es decir, se prepara a la sociedad para afrontar lo peor. Cuanto más próximo al umbral máximo es la intensidad del fenómeno, más probabilidades hay de que aumenten los daños. Hay veces que el fenómeno supera la magnitud esperada y la previsión de riesgo no es suficiente: minimiza los efectos pero no logra evitar un mayor o menor nivel de colapso.

Cuando ocurre el fenómeno, una sociedad con una buena previsión del riesgo sufre una cantidad de daños relativamente pequeña frente a lo que hubiera sucedido de no existir ese trabajo previo. Encontramos así casos en los cuales, ante un fenómeno de similares características pero de magnitud diferente, el sitio más afectado no fue el que sufrió la mayor intensidad, sino el que estaba menos preparado para enfrentarlo, tal como sucedió con los terremotos de Haití y Chile el año pasado.

Entonces, ¿qué pasó en Japón?

La energía nuclear o energía atómica es la energía que se libera espontánea o artificialmente en las reacciones nucleares. Su principal característica es la alta calidad de la energía que puede producirse por unidad de masa de material utilizado. Dicho con otras palabras, con una pequeña cantidad de material puede extraerse una enorme cantidad de energía, algo fundamental en el reducido espacio japonés. Para ello, debieron ponerse en juego previamente una gran cantidad de estudios destinados a planificar adecuadamente la construcción de las centrales, teniendo en cuenta la peligrosidad de un accidente y la sismicidad del territorio nipón.

Cuando observamos la historia sísmica reciente de Japón, encontramos un sismo fuerte al menos una vez por año. En general, junto con la noticia, suelen dar el estado de las plantas nucleares y en general vemos que han resistido los embates sin mayor complicación, es decir, la previsión de riesgo ha sido mayormente exitosa. Al respecto, podemos ver los casos de los últimos años: ,  2007,  200820092010.

El terremoto sufrido el viernes 11 de marzo fue de magnitud 9,0 en la escala de Richter, lo que lo convirtió en el terremoto más potente sufrido en Japón hasta la fecha así como el cuarto más potente del mundo de todos los terremotos medidos en el mundo hasta el presente (el más fuerte fue el de Valdivia en 1960, con 9,5 puntos). El movimiento telúrico  movió el archipiélago aproximadamente 2,4 metros hacia el este, y fue seguido por un tsunami que arrasó la costa a su paso. Un fenómeno de esta naturaleza supera toda previsión de riesgo, en principio porque no es frecuente, y por tanto, no pueden calcularse de manera adecuada sus impactos. Pueden hacerse proyecciones más o menos acertadas, pero sólo se puede comprobar el nivel de acierto en la previsión cuando el fenómeno ocurre.

La magnitud del terremoto fue un hecho inédito en Japón; habiendo pocos terremotos registrados en el mundo tan potentes. Podemos decir entonces que la previsión en materia de energía nuclear realmente tuvo un nivel de éxito considerable, ya que las centrales han podido resistir pese a los graves problemas que se generaron. Podemos pensar, también, que en el futuro Japón capitalizará la experiencia de este terremoto y la utilizará para mejorar la seguridad de sus plantas nucleares en el futuro, elevando los umbrales de resistencia de las construcciones y sistemas.

Imágenes del terremoto

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Löess

El Löess es un material geológico sedimentario eólico. Lo forman depósitos de limo originados por la deposición de partículas muy finas con tamaños que van desde los 10 a los 50 micrómetros y que son transportadas por las tormentas de polvo a lo largo de miles de años. Es de color amarillento, deleznable y carece de estratificación. Está formado principalmente por silicio, carbonato de calcio (piedra caliza), finísimos detritos orgánicos y arcillas. Constituyen un suelo de labor muy fértil y profundo.

El planeta que habitamos es un milagro.

La semana pasada, tras la lluvia, las terrazas, veredas y patios de la ciudad quedaron cubiertas de una capa de arcilla fina. Mi vecina de enfrente se preguntaba a gritos de qué obra había salido tanto polvo; mi madre igual. Pero luego, a 10 cuadras, mi tía se preguntaba lo mismo, y a 15, la mamá de Marina. No fue una obra de construcción; fue la obra de la naturaleza.

La llanura pampeana donde habitamos es una cuenca sedimentaria donde la mayor parte de los sedimentos son de deposición eólica, es decir, traídos por el viento. Los vientos predominantes en nuestra zona son los del oeste; y los sedimentos que se acumulan provienen históricamente de la erosión de las montañas del oeste de nuestro país.

Durante millones y millones de años, el viento ha ido trayendo desde el oeste sedimentos y los ha depositado en el lugar donde vivimos. De a pequeñísimas capas de un espesor ínfimo, la naturaleza ha ido construyendo el suelo donde hoy cultivamos. Y ese proceso continúa imperceptible mientras transcurre nuestra vida.

Desde la semana pasada está zondeando mucho en el Oeste, y los mendocinos están contentos porque van a tener agua para los cultivos en el verano. Nosotros, que recibimos el viento seco y frío, vemos depositarse con la lluvia una película arcillosa en las veredas; una película que ha viajado kilómetros y kilómetros, suspendida en el viento, desde la cordillera a nuestro hogar. Y renegamos por la suciedad sin reparar en el milagro de la naturaleza que sigue construyendo a su ritmo.

El planeta no es frágil, los frágiles somos nosotros. Por eso debemos cuidar nuestro mundo.

La naturaleza puede recuperar sin nuestra ayuda un suelo que agotamos con la soja, y nuestra vereda sucia es mudo testigo de ello, aunque no reparemos en el detalle. Pero ninguno de nosotros vivirá para verlo;  la naturaleza reconstruye en millones de años lo que nosotros destruímos en el término de una de nuestras brevísimas vidas. Sólo podemos esperar que aún haya seres humanos que puedan verlo. Todo lo que destruímos la naturaleza se encarga de reconstruirlo a su ritmo lento pero constante. Los que morimos de hambre somos nosotros. Los que quedamos sin agua somos nosotros. Los que somos los seres más frágiles de la creación somos nosotros.

Y pensar que nos sentíamos tan grandes y poderosos!!

La erupción del Mt. Pelée

Este relato se lo dedico a mis alumnos, ya que tienen un amor y un interés natural por estos fenómenos. Es que, ciertamente, un volcán, un sismo, despiertan la atención de todos por su violencia, su carácter inevitable, imprevisible y, si se quiere, su aspecto espectacular. La erupción del Pelée es uno de los hitos de la historia de la previsión de riesgos, ya que demostró la importancia de atender a los signos de la naturaleza y efectuar una adecuada tarea de evacuación o de preparación de las poblaciones para afrontar los desastres. Porque la erupción de un volcán es un fenómeno inevitable; lo que puede ser evitable es que ese fenómeno natural se convierta en un desastre por la falta de previsión.

Pero empecemos por presentar al protagonista: el monte Pelée (del francés: Montagne Pelée, ‘Montaña pelada’) es un volcán activo ubicado en el extremo norte del Departamento francés de Ultramar de la isla de Martinica, parte del arco volcánico de las Antillas Menores. El Pelée es uno de los volcanes más destructivos de la Tierra, famoso por la extraordinaria destrucción que provocó su erupción de 1902, en la cual murieron 30.121 personas y que arrasó completamente la región, destrozando St. Pierre —en ese tiempo, la ciudad más grande y la capital de Martinica— con enormes flujos piroclásticos.

Vista de St. Pierre y el Mont Pelée en la actualidad

St. Pierre, fundada a orillas del mar Caribe, era una próspera colonia francesa de más de 20.000 almas desde la cual se comerciaba la preciada caña de azúcar. Era el segundo asentamiento más importante de la región, ubicada a solo escasos 7 km de donde se elevaba el volcán, que actualmente tiene 1397 msnm. pero que en 1902 tenía una altura mucho mayor. En St. Pierre siempre se encontraban anclados navíos de diversa procedencia, en su mayoría europeos y estadounidenses que se encontraban en tránsito o cargando azúcar.

Desde 1899 el volcán comenzó a mostrar signos de mayor actividad: comenzó a incrementar el tamaño de sus fumarolas y a liberar vapor. Pero como las fumarolas habían estado apareciendo y desapareciendo o cambiando de lugar desde que se tenía memoria, ni el gobierno colonial ni la población dieron importancia al hecho.

A fines de abril de 1902 se produjo una ligera lluvia de cenizas que cayeron sobre las laderas sur y oeste, acompañadas de fuertes movimientos subterráneos. El 1 de mayo de 1902 la montaña vomitó una gran nube de rocas y cenizas desde la cumbre, que no causó daños por lo que las autoridades tampoco vieron en esto motivo de preocupación. El 2 de mayo comenzaron las grandes explosiones, fuertes terremotos y una enorme columna de denso humo negro. El 5 de mayo la montaña amaneció calma en apariencia; sin embargo, a las 13 horas una de las paredes del cráter se derrumbó, arrojando una avalancha de lodo y agua hirviente y sepultando al menos a 150 personas que trabajaban en un ingenio cercano bajo una capa de barro de entre 60 y 90 metros de espesor. A las 2 de la madrugada del día siguiente, comenzaron a escucharse fuertes ruidos originados en el corazón de la montaña. A las 4 de la mañana del miércoles 7, el monte Pelée extremó aún más su actividad: las nubes de ceniza ocasionaron el corte del suministro eléctrico en la ciudad y los dos cráteres comenzaron a brillar con luz rojoanaranjada en la oscuridad.

A lo largo de todo el día los pobladores intentaron huir de la ciudad, algunos navíos decidieron zarpar, como en el caso del vapor “Orsolina” que abandonó el puerto con solo la mitad de su carga de azúcar embarcada, a pesar de las quejas de los armadores y de la amenaza de arresto. Mientras tanto, la mayor parte de la población rural trataba de refugiarse en la ciudad, entre otras razones, porque los periódicos seguían diciendo que la ciudad constituía un refugio seguro, de manera que la mayoría de la gente se negaba a abandonar St. Pierre; incluso el gobernador y su esposa permanecieron allí.

El 8 de mayo por la mañana, una nave que se utilizaba para la reparación del tendido eléctrico tenía la ciudad a la vista desde el mar cuando el volcán entró en su erupción final: la mitad superior de la montaña se desgarró, se abrió y exhaló horizontalmente una densa nube de humo negro formando un gigantesco hongo que oscureció el cielo en un radio de 80 km. La velocidad de desplazamiento de esta nubes era de más de 670 km por hora. El flujo pirocástico cayó por la ladera y aceleró en dirección a St. Pierre: consistía en vapor supercaliente, gases volcánicos y polvo, todo calentado a temperaturas superiores a los 1.075 °C. En menos de un minuto envolvió la ciudad, incendiando instantáneamente todo elemento combustible con el que entraba en contacto.
Luego, durante la siguiente media hora, llovió una mezcla de barro, agua y cenizas.

Un testigo declaró: “La montaña explotó en pedazos sin aviso”. Otro dijo que “fue como presenciar la explosión de una refinería de petróleo gigante. Hacia nosotros vino una gigantesca pared de fuego, y su sonido parecía el disparo de mil cañones. La ola de fuego nos cubrió como si fueran relámpagos estallando sobre nosotros. Era un huracán de fuego”. Un tercero expresó: “La ciudad se desintegró ante nuestros ojos”.

Los restos de la ciudad ardieron durante varios días. El flujo piroclástico arrasó un área de 21 km2. Antes de la erupción, St. Pierre había tenido 28.000 habitantes, que sumados a aquellos que se dirigieron a la ciudad desde las zonas rurales, daban un total de más de 30.000. Unos pocos sobrevivieron, tal vez el más célebre fue Louis-Auguste Cyparis, un delincuente que estaba acusado de herir a un amigo con un puñal y que era mantenido encerrado en una celda subterránea de la prisión de la ciudad. Dentro del área de devastación total, la vida fue aniquilada totalmente y las propiedades destruidas. Siguiendo hacia el exterior, existió una segunda zona que sufrió un daño menor a pesar de haberse registrado numerosas víctimas.Luego de la erupción, el monte Pelée se mantuvo en actividad mediante eventos menores durante tres años más, volviendo a la calma el 4 de julio de 1905.

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Paricutín: el nacimiento de un volcán

La iglesia de San Juan de Parangaricutiro

Yann Arthus Bertrand. Iglesia al pie del volcán Paricutín, San Juan Parangaricutiro, Michoacán, Mexico (19 ° 27 'N, 102 ° 14' O).

Uno de los temas preferidos de mis alumnos son los volcanes. ¡Son tan tremendistas! Y preparando las clases una vez más me sorprendí con esta historia, la del nacimiento del volcán Paricutín en México, que muestra que cuando menos lo esperamos, lo impensado puede suceder!!

La tarde del 20 de febrero de 1943, en un campo donde se cultivaba maíz, comenzó a formarse un montoncito de cenizas. Inmediatamente después emanaron gases con olor a azufre y apareció una pequeña columna eruptiva con acumulación de materiales, de 30 centímetros de diámetro. Poco después, de ella comenzó a salir polvo y pequeñas rocas incandescentes, y la fisura y el cono fueron ampliándose poco a poco. Las erupciones más violentas comenzaron cerca de la medianoche, y a partir del segundo día aparecieron los derrames de lava. Había nacido el volcán Paricutín.

El testimonio del dueño del campo donde apareció el Volcán Paricutín está incluido en los documentos oficiales, y ayudó a los geólogos a explicar el nacimiento del volcán. Dice un acta municipal del 21 de febrero de 1943:

“Ese día, Dionisio Pulido, propietario del terreno, salió temprano de su poblado (Parícutin) a cuidar sus borregas en compañía de su esposa. Por la tarde tuvo que alejarse del lugar, recomendando a su esposa cuidara de las borregas hasta que él regresara. Entonces, a eso de las 16 horas, notó que se había abierto una grieta que medía medio metro en los corrales de la granja. Entonces volvió al lugar y recomendó a Demetrio Torres, que trabajaba en los terrenos, desunciera los bueyes y los llevara a beber agua; en seguida llegó hasta donde estaba su mujer a quien también recomendó volver al pueblo, y volvió a sus terrenos. Al llegar a la falda del cerro oriental, como a las 17 horas, sintió un fuerte temblor y estruendos en la tierra a lo que no hizo mucho caso ya que con frecuencia se estaban efectuando sismos desde hacía más de ocho días, pero siguió escuchando fuertes ruidos subterráneos acompañados de temblores. Al darse vuelta, vio como en la grieta la tierra se hinchó y se levantó 2 o 2,5 metros, y una clase de humo o polvo gris comenzó a levantarse de la grieta. Cada vez se levantaba más, con un chiflido, y había olor a azufre. Todo aterrado volvió la vista a su pueblo, observando con sorpresa que se levantaban largas lenguas de fuego, con fuertes humaredas y estruendos nunca oídos, por lo que presa del pánico más terrible, huyó rumbo a Parícutin. Cuando llegó, dio cuenta al Jefe de la Tenencia de lo ocurrido, que al convencerse de la veracidad de lo denunciado por Pulido, se trasladó juntamente con él a la Presidencia Municipal de Parangaricutiro, donde todos alarmados se dieron cuenta era un Volcán”.

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