Un ramo genial

Día de la madre. No me gustan los días especiales, pueden generar tristezas, broncas, dolores en mucha gente. Personalmente, a mi me duele por diversos motivos. Sin embargo, hay que reconocer que las madres hicieron mucho por nosotros, y que hay un vínculo especial con ellas. Por eso, cuando en un momento de relax me leí esta lectura, pensé en compartirla. Viene de un libro muy especial, “Le Petit Nicolas” (el pequeño Nicolás). Son una serie de relatos cortos contados desde la óptica de un chico, hecho que a los grandes nos provoca una sonrisa ante ciertas expresiones, cuando no una carcajada. Particularmente me pasa al leerlos que me digo “hace cuánto tiempo que no tenía ese tipo de pensamientos, me había olvidado.” Mis disculpas por las fallas que puede tener la traducción casera.

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Es el cumpleaños de mi mamá, y decidí comprarle un regalo como hago todos los años desde el año pasado, porque antes era demasiado chico. Agarré las monedas que había en mi alcancía; felizmente había bastantes porque por suerte mamá justo me dio plata ayer. Ya sabía el regalo que le iba a hacer a mamá: flores para poner en el gran florero azul del comedor, un ramo gigante como nunca se ha visto.

En la escuela estaba singularmente impaciente esperando que la clase terminara para poder ir a comprar mi regalo. Para no perder mis ahorros, tenía la mano en el bolsillo todo el tiempo, incluso para jugar al futbol en el recreo, porque como no juego de arquero no importa donde tengo las manos. El arquero es Alceste, un compañero que es muy gordo y al que le gusta mucho comer. “¿Qué es eso de que vas a correr con una sola mano?” me dijo. Cuando le expliqué que era porque iba a comprar flores para mi mamá, me dijo que él hubiera preferido cualquier otra cosa para comer, una torta, bombones o un budín blanco, pero como el regalo no era para él, no le presté atención y lo hice callar. Ganamos 44 a 32.

Cuando salimos de la escuela, Alceste me acompañó a la florería comiendo la mitad del pan de chocolate que le quedaba de la clase de gramática. Entramos al negocio y yo puse todos mis ahorros sobre el mostrador y le dije a la señora que quería un ramo bien grande de flores para mi mamá, pero no de begonias porque hay a montones en nuestro jardín y no vale la pena ir a comprarlas a otro lado. “Quisiéramos algo lindo” dijo Alceste, que fue a meter la nariz en las flores que estaban en la vidriera para ver si olían bien. La señora contó mis monedas y me dijo que no podría darme muchas muchas flores. Como me puse triste, la dama me miró, reflexionó un poco, me dijo que era un muchachito guapo, me dio unas palmaditas en la cabeza y después me dijo que ella iba a arreglar el asunto. Tomó flores a derecha e izquierda, y después puso montones de hojas verdes y eso, eso le gustó a Alceste, porque él decía que esas hojas se parecían a las verduras que se meten en el puchero. El ramo estaba super, era gigante, y la señora lo envolvió con un papel transparente que hacía ruido y me dijo que pusiera atención al llevarlo. Como yo ya tenía mi ramo y Alceste había terminado de oler las flores, le agradecí a la señora y nos fuimos.

Estaba muy contento con mi ramo cuando nos encontramos con Geoffroy, Clotaire y Rufus, tres compañeros de la escuela. “Miren a Nicolás -dijo Geoffroy- si no parece un tonto con sus flores.” “Tienes suerte de que tenga el ramo, -le dije- si no recibirías un golpe!” “Dame las flores, -dijo Alceste- puedo sostenerlas mientras golpeas a Geoffroy”. Entonces le dí el ramo a Alceste y Geoffroy me dio un golpe. Nos peleamos hasta que le dije que se me hacía tarde. Pero debo haber tardado un poco en irme porque Clotaire dijo: “Miren a Alceste, ahora es él el que parece un tonto con las flores!” Era cierto! Y Alceste le dio montones de golpes con mi ramo y las flores volaron por todos lados porque el papel se desgarró. Clotaire gritaba: “eso no me hace nada, eso no me hace nada!!!”

 

Cuando Alceste paró, Clotaire tenía la cabeza llena de las hojas verdes del ramo y era verdad que se parecía graciosamente a un puchero. Comencé a recoger mis flores y les dije a mis compañeros que eran malos. “Es verdad, -dijo Rufus- no es gracioso lo que le hiciste a las flores de Nicolás.” “A ti nadie te tocó!” contestó Geoffroy y empezaron a pelearse. Alceste se fue por su lado porque la cabeza de Clotaire le había dado hambre y no quería demorarse para la cena.

Yo me fui con mis flores. Faltaban, ya no habían más verduras ni papel, pero todavía era un lindo ramo, y después, un poco más lejos, me encontré con Eudes.

“¿Vamos a jugar a la bolita?” me preguntó. “No puedo, tengo que volver a casa para darle estas flores a mi mamá”. Pero Eudes me dijo que todavía era temprano. Como me gusta mucho jugar a la bolita, juego muy bien, le apunto y bing! casi siempre gano, dejé el ramo en la vereda y me puse a jugar a la bolita con Eudes, y es genial jugar a la bolita con Eudes porque pierde seguido. Lo aburrido es que cuando pierde se enoja, así que me dijo tramposo, entonces le dije que era un mentiroso, entonces me empujó y me caí sentado sobre el ramo, y eso no le hizo nada bien a las flores. “Le voy a decir a mi mamá lo que le hiciste a sus flores!” le dije a Eudes, que quedó muy avergonzado. Entonces me ayudó a elegir las flores que estaban menos rotas. La verdad que Eudes es un buen compañero.

Volví al camino; mi ramo ya no era enorme, pero con las flores que quedaban iba a andar. Una flor estaba un poco rota, pero las otras dos estaban perfectas. Y entonces vi que llegaba Joachim en su bicicleta. Joachim es un compañero de la escuela que tiene una bicicleta.

Entonces, ahí decidí no pelearme, porque si seguía agarrándome a piñas con todos los compañeros que encontrara en la calle, pronto no me quedarían más flores para llevarle a mi mamá. Además, después de todo, eso no les importa a mis compañeros, si yo quiero regalarle flores a mi mamá, es mi derecho, y yo creo que están celosos simplemente porque mi mamá va a estar muy contenta y me va a dar un gran postre, y va a decir que soy muy gentil, además, ¿por qué tienen todos que hacerme rabiar?

“¡Hola Nicolás!” me dijo Joachim. “¿Qué tiene mi ramo? –le grité a Joachim- Más tonto serás tu!!” Joachim detuvo su bicicleta, me miró con los ojos bien abiertos y me preguntó: “¿Qué ramo?” “¡Este!” le contesté, y le tiré las flores encima. Creo que Joachim no se esperaba que le cayeran las flores encima; en todo caso, eso no le gustó nada. Tiró las flores a la calle, que cayeron sobre el techo de un auto que pasaba, así que se fueron con el auto. “Mis flores! –grité- Las flores de mi mamá!” “No te preocupes –me dijo Joachim- agarro la bicicleta y alcanzo el auto”. Es bueno Joachim, pero no pedalea demasiado rápido, sobre todo cuando la calle va en subida, recién se está empezando a entrenar para el Tour de Francia que correrá cuando sea grande. Joachim volvió diciéndome que no había podido alcanzar el auto, que lo había perdido a la vuelta de una esquina. Pero el me traía una flor que se había caído del techo del auto. Mala suerte: era la que estaba rota.

Joachim se fue rápido calle abajo para llegar a su casa y yo volví a la mía con mi flor toda arrugada. Tenía como un nudo enorme en la garganta, como cuando llevo el boletín de la escuela a casa con todos los ceros adentro.

Abrí la puerta y le dije a mamá: “Feliz cumpleaños mamá”, y me puse a llorar. Mamá miró la flor, parecía estar un poco asombrada, y después me tomó en sus brazos, me besó un montón de veces y me dijo que no había recibido nunca un ramo así de lindo, y puso la flor en el gran florero azul del comedor.

Ustedes podrán decir lo que quieran, pero mi mamá es simplemente genial!

“Le chouette bouquet” En: Le Petit Nicolas, de Sempé et Goscinny.

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