Vencer la soberbia

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 11. Aquellos que procesaban el pecado de la soberbia, venían recitando una paráfrasis del Padre Nuestro. Resulta muy bello este pasaje; cuando en el Evangelio Jesús enseñó a orar a sus discípulos, les dijo “oren así”, y recitó el Padre Nuestro. Pero eso probablemente no quisiera decir que debíamos repetirlo de memoria, donde se transforma en algo sin sentido; sino que era una forma con los puntos principales a recordar en una oración. Y los penitentes aquí están haciendo eso: tomando la fórmula y llenándola con sus propias plegarias, relativas a su situación.

Por otro lado, recuerdan lo efímero del tiempo y de la fama. Una vez más, lección sobre las cosas del mundo y, si se quiere, lo esencial de la vida: todo es pasajero, y es más: probablemente, aquellas cosas que consideras trascendentes, probablemente te compliquen la existencia más allá.

Finalmente hay algo más. Los que están aprendiendo de humildad, reconocen los méritos ajenos por sobre los propios. Existe una delgada línea entre humildad y humillarse. Alguien me dijo una vez que Dios está mirando qué hago con los dones que me ha dado. Tiene que haber un autorreconocimiento: reconozco en lo que soy bueno, y a la vez, reconozco que siempre puedo mejorar. Reconozco a los otros que son buenos, reconozco mi subjetividad cuando valoro más o menos el trabajo de otro. Humildad es reconocer la justa medida para todos; y poner lo que tenemos al servicio de los demás.

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