Los misterios de Dios

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio. Canto 3. En el pie de la montaña, encontramos a los excomulgados, aquellos que fueron expulsados de la iglesia por no adaptarse a sus preceptos. En la época de Dante, cuando la Iglesia tenía un poder político concreto y tomaba partido por las facciones, se usaba la excomunión como arma política.

Me encantó el pasaje donde Dante ve que es el único que tiene sombra, y se asusta pensando que Virgilio lo abandonó. Entonces, Virgilio le explica los misterios de Dios, y que cómo él y tantos otros sabios quedaron en el limbo por querer saber cosas que a los hombres no les han sido dadas a saber.

Uno y otro aspecto me hacen pensar en lo complejo de la fe. Por un lado, en relación a lo que dice Virgilio, siempre queremos saber; nuestra curiosidad es innata, pero por más ciencia que avance y descubra, siempre el por qué último queda en el misterio. Hay algo que nos anima, nos mueve, que da vida al universo en el que vivimos, y que se nos hace incomprensible. En esa maravilla, para los creyentes, está Dios, que todo lo sabe.

Lo interesante es, retomando el tema de las excomuniones, que el hombre aún así quiere decidir por Dios. Cree conocer lo suficiente para juzgar y condenar, expulsar y dejar permanecer. Dante en esto es crítico y reconoce la excomunión como arma política. Pero como ya lo hemos visto en el infierno, hacer justicia es algo que pertenece a Dios; a nosotros nos ha sido dado el poder de perdonar, que es a la vez el poder de liberarnos de la angustia que nos provoca el daño recibido. Dejar a los agresores librados a su libre albedrío, para que se las vean, al fin y al cabo, con Dios.

Así como Virgilio le pregunta a Dante: “¿Por qué desconfías aún? ¿Crees que no estoy contigo y que ya no te guío?” (Pur 2), Jesús en el Evangelio camina sobre el agua y nos dice, representados nosotros en Pedro: “Hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14, 31).

El camino de la fe es simple, porque se basa únicamente en confiar en Dios; en su amor, su sabiduría y su justicia. Sin embargo, esa confianza es, para nosotros los mortales, la tarea más compleja que pueda existir. El secreto es la perseverancia diaria, el ejercicio de la confianza y la entrega en cada día.

Anuncios