Lo que nubla el juicio

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 15. Abandonado el círculo de la envidia, y con una P menos en la frente, entran al círculo de la ira. Pero antes, el último aprendizaje de la envidia: tenemos envidia de las cosas materiales. En el más allá, el único bien es Dios, que cuanto más compartido esté, mejor. Una alusión platónica a que los mejores bienes son los espirituales, y estos son valiosos cuando se comparten. Es el ángel de la misericordia el que abre paso al nuevo círculo.

Algo hace que Dante camine “con los ojos cerrados y con paso vacilante, como el que está dominado por el vino o por el sueño” (Pur 15). Son las visiones de situaciones de ira y a la vez, de mansedumbre.  La ira nubla el juicio, nos hace perder noción del andar, ciega. Algo de eso imagino en el final, con la nube gris acercándose: “vimos adelantarse poco a poco hacia nosotros una humareda oscura como la noche, sin que hubiese por allí un sitio donde guarecerse de ella, y que nos privó del uso de la vista y del aire puro” (Pur 15). Y al privar del aire, puro, la ira intoxica.

Veremos que encontramos en este círculo, que buscará que los iracundos lleguen a alcanzar la mansedumbre.