Libres de elegir

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 16. Dante anda a ciegas, con Virgilio como lazarillo, por medio del humo. La ira ciega.

Uno de los penantes le explica la teoría de por qué el mundo está como está. Le habla del libre albedrío: nacemos libres con capacidad de distinguir el bien y el mal, y por ello debemos hacernos cargo de las consecuencias de nuestros actos. Aún el papa y los “uniformados” de la Iglesia caen bajo esta ley… de modo que sus actos son como los de cualquier mortal y pueden estar teñidos de la incoherencia y la corrupción en la que cae cualquier persona.

A veces escucho que la gente pregunta: “¿dónde está Dios que permite que esto pase?”. Dios está en nuestra libertad, donde paradójicamente no tiene arbitrio. Dios no castiga: vemos consecuencias de nuestros actos de libertad. Si hemos venido al mundo a aprender, usando nuestra libertad, nuestro primer aprendizaje debería aprender a reconocer nuestros actos y sus impactos.

¿Dónde está Dios? En la maravilla de lo creado que nos rodea y en nuestro interior. Buscarlo es también un acto de libertad, al igual que seguir sus pasos y enseñanzas.

Algo que me queda picando finalmente es que, al parecer, en tiempo de Dante, como hoy y como siempre, la sociedad ha sido percibida como corrupta o en crisis moral. Creo que esto no cambiará, tiene que ver con el libre albedrío y la libertad propia del hombre. Pero a la vez, está bueno que no nos resignemos y que sigamos pensando que es posible el cambio hacia esa sociedad utópica donde reine la bondad que Dios puso en nosotros.

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