La hora del adiós

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 27. Me sorprende de Dante la poca expresividad demostrada hacia Virgilio… fue su guía, consejero, protector, padre, maestro. Tantas veces lloró en su hombro, tantas veces lo abrazó por miedo… ¿y ahora se despide así tan campante? ¿Tendrá consciencia de que no lo verá nunca más? Estacio parece más sabio de disfrutarlo hasta el último instante antes de que escape de su compañía.

Alguien twitteó que se parece al momento en que los profes llegamos al final del curso y nuestros chicos vuelan. Creo que sí, y que como Virgilio, somos nosotros los que sentimos la nostalgia. Eso no quiere decir que los chicos no lo sientan, pero llevan en sí la alegría de la etapa superada, y nosotros la paz del deber cumplido. La nostalgia de ellos llegará a destiempo.

Nunca me gustaron las despedidas, más cuando uno sabe que son para siempre. Una gran etapa del viaje de Dante llega a su fin. Y aunque para él fueron apenas cuatro días con Virgilio, para nosotros que estamos próximos al día 60 de lectura es difícil no sentirnos un tanto desamparados, aún cuando sabemos que nos espera el Paraíso en un trecho nomás.