Conócete a tí mismo

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio. Canto 4. Empezaron la subida; trabajosa cuanto empinada. Quien ha subido a una montaña, quien ha hecho trekking, sabe lo cansador que puede ser, pero también sabe que al llegar a la cima y ver el panorama que hay en lo alto, uno se siente todopoderoso. Subiendo a la montaña uno conoce sus propias fuerzas, se encuentra con sus propios poderes, su propia voluntad. Subir a la montaña es encontrarse de forma extrema con lo que somos.

Dante empieza el canto con una reflexión, justamente, sobre la naturaleza humana. En el canto anterior abordaron con Virgilio el deseo de conocer hasta lo que Dios ha vedado. Aquí, se habla de las facultades: “Cuando, por efecto del placer o del dolor de que se siente afectada alguna de nuestras facultades, el alma entera se concentra en esa facultad, parece que no atiende a ninguna otra” (Pur 4). Al trepar la montaña, nos duelen las piernas, y pareciera que no percibimos más que eso. Es como el que tiene sed y por todos lados no ve más que publicidades de bebidas.

Nos pasa con los problemas: cuando focalizamos un problema, no vemos otra cosa. Y tal vez es sólo una pequeña parte de la cuestión, pero focalizamos allí. Es un ejercicio de crecimiento no dejarse cegar por las percepciones extremas de estas facultades al punto de perder de vista todas las demás. Tal vez en el placer podamos darles rienda suelta, pero en el dolor, romper ese abstraimiento nos permitirá hacer el camino más llevadero.

 

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