Caminar liviano

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 12. Dante sale del primer círculo del purgatorio y se siente liviano: no es menor, ha superado la soberbia, ha aprendido de humildad, y con ello se ha sacado un peso importante de encima. La salida del círculo es un último aprendizaje: agachando la cabeza humildemente por última vez, el penitente ve escenas de soberbia castigada, y siente la tranquilidad de haberse salvado de ellas.

Para Dante, que sigue vivo, será un aprendizaje extra: la advertencia de no volver a caer. La liviandad de corazón, la liviandad de conciencia, debe ser mantenida a fuerza de trabajo y constancia. Pero aquela P que se borró de su frente, muestra mucho más que ha desaparecido de su alma y su corazón.

Quitarnos de encima la roca de la soberbia es terminar con los juicios sobre otros, que terminan recayendo sobre nosotros mismos. Piedad con los otros redunda en piedad con uno mismo; ya que por un lado, hemos visto que lo que pensamos de los otros se vuelve contra nosotros cuando queremos actuar y tememos ser juzgados tal y como lo hacemos con los demás. Pero a la vez, la vida es un espejo: quien da piedad, tolerancia, recibe lo mismo de los demás.

Caminar en la humildad y la paz de conciencia es caminar ligero. Una vez más, recordemos lo dicho por el ángel: no mirar atras. Significaría recordar ese pasado purgado, y reabrir la herida. Lo pasado, pisado, a otra cosa mariposa, y para lo mortales, a cuidarse de no recaer!! Las losas del piso nos muestran a dónde también podríamos llegar.

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