Aprender de humildad

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 10. La puerta se cierra, y obedientemente, Dante la escucha sin mirar atrás. Cada escalón del purgatorio se inicia con una serie de historias, de imagenes, que buscan transmitir una enseñanza sobre el pecado a superar. Aquí, escenas de humildad para aprender a superar la soberbia.

¿Por qué la humildad es el primer aprendizaje del purgatorio? Ya en la playa, al llegar, Catón había dicho que se debía ser como el junco, humilde y flexible. (Pur 1) Aceptar los errores cometidos es el primer paso, a partir del cual se podrá iniciar el camino de la remediación. Para tener el valor de efectuar ese proceso hay que ser humilde, por eso es el primer aprendizaje: sin él todos los demás no tendrán sentido. La humildad es el cimiento de toda la construcción posterior. Y entonces Dante ve a quienes son soberbios arrepentidos y que aparecen cargando pesadas rocas que los obligan a agachar la cabeza y a aprender de humildad.

¿Qué es la soberbia? Es creerse todopoderoso, creer que se lo sabe todo, que todo se lo hace bien. Creer que por ello se tiene el poder de juzgar a los demás. El soberbio no acepta critica, ni consejo, y puede mostrarse despreciativo, despectivo ante los otros.

¿Cuál es la roca? No creo que sea un “castigo” impuesto para doblegar el carácter, sino más bien el peso de nuestras propias acciones de soberbia. El dicho popular dice, escatológicamente, que “no se escupe para arriba”. La Biblia es un poco más sutil: “con la vara con la que juzgues, serás juzgado” (Lucas 7, 38). No refiere a que otro vendrá a juzgarte, sino al juicio que harás sobre vos mismo cuando quedes en la posición que estás juzgando en otros.

Concreto. Alguien tiene un buen trabajo, gana bien, compra un auto, y jura que no volverá a andar en colectivo porque “es de pobre”. Puede ser juzgado por los otros por discriminatorio, sí, pero seguro no le hará mella; irá en su burbuja con su música y su aire acondicionado. Pero si pierde el trabajo, si ya no gana como antes; si ya no puede mantener el auto y debe volver al colectivo… nadie lo juzgará, pero él se sentirá pobre, porque repitió hasta el cansancio que el colectivo “es de pobre”. Podemos pensar ejemplos más duros… Cada juicio que hacemos, es un guijarro de soberbia en nuestra espalda pesando sobre nosotros. Es algo que en algún momento podrá atarnos.

Humildad es aprender que somos falibles; que todos lo somos. Que lo que nos sale bien a nosotros a otro le cuesta; pero que tal vez resuelve con maestría aquello que a nosotros nos cuesta encontrarle la vuelta. Cuando aprendemos que somos falibles, empezamos a reconocer que nos equivocamos, y empezamos a aprender con alegría. Ser humilde no es humillarse: es reconocer que podemos crecer y encontrar con alegría que cada día somos un poco mejores.

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