Abrazos

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio. Canto 2. En la playa, ven aparecer al barco que trae las almas al Purgatorio; el ángel abre sus alas a modo de vela para que el barco avance, y va y viene sin decir mas. Recuerdo la balsa del Infierno, la conducida por Caronte, bajo el letrero “abandonad toda esperanza” (Inf 3).

Imagino el asombro de esas almas al llegar allí, es un nuevo descubrir. Las pienso como niños enfrentándose a lo desconocido… la muerte es, definitivamente, un nuevo nacimiento, un renacer. Desorientados, preguntan a Virgilio y Dante qué hacer, pero es Caron (nuevo recuerdo de Caronte) el que responde y de mal humor los manda a seguir camino.

La escena más conmovedora es la del deseo de Dante por abrazar a su amigo. Es la primera alusión (que yo recuerde) de que Dante quiere tocar a alguien. Mejor dicho, había tenido deseo de abrazar a su maestro Brunello, pero se había frenado para no abrasarse. Y si bien otras almas se le habían venido encima, nunca ninguna lo había llegado a tocar. Aquí Dante encuentra a Casella, y como viejos amigos que no esperan el reencuentro, se quieren abrazar, pero Dante cierra tres veces sus brazos sobre sí.

El abrazo contiene, el abrazo une. Dos personas que se abrazan forman una de una manera única, y es uno de los pocos momentos en que sentimos que no estamos solos. Cuando uno extraña a alguien, extraña su voz, sus gestos, su mirada. Pero creo que lo que más daría uno es por abrazar a la persona que no está. Que un ser querido se te escurra de los brazos así debe ser muy desolador.

Así que abracemos, contengamos, disfrutemos en silencio de esa unión y comunión.