Necesidad de satisfacción

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 24. Siguen conversando mientras caminan por el círculo de la gula. Estacio, pudiendo irse, sigue con ellos y distrae a Virgilio. Dante, sigue poniéndose al día como buen cholulo de quién está y no está allí. Finalmente, dan con el ángel que les muestra el camino:

«Bienaventurados aquellos a quienes ilumina tanta gracia, que la inclinación a comer no enciende en sus corazones desmesurados deseos y sólo tienen el hambre que es razonable».

¿Para qué comemos? Para vivir, para nutrirnos. Comemos variado, comemos rico, lo disfrutamos. Disfrutar de una comida es disfrutar del acto de nutrirse, de fortalecerse. Ser agradecido por el sustento, cocinar con amor para nutrir a quienes queremos; compartir la mesa y nutrirnos juntos con pan para el cuerpo y el alma. La comida, el comer, es muchas cosas.

¿Cuándo entra la desmesura? Como con todo, con el exceso. Comer por comer, por el placer mismo. No por hambre, sólo por deseo de saborear. Hay toda una simbología… comer hasta llenarse, para no sentirse vacío. Llenarse de comida, como de actividades, para que nada más pueda entrar; o para no encontrarnos con nuestro propio vacío y reflexión. Comer es uno de los placeres más fáciles de encontrar… y tal vez por eso lo abordamos en nuestra frustración. Necesitamos satisfacernos de algún modo, y comemos. Cuando más insatisfechos nos sentimos, más comemos… círculo vicioso.

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