Transparencias

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto 21. Resulta ser que el terremoto se produce cada vez que un alma se libera; y el liberado esta vez no es otro que un poeta admirador de Virgilio. La escena es bastante cómica, no escatológica como aquella de los demonios y su “corneta”, pero de solo imaginarla saca una sonrisa:

“-…Y yo pasaría gustoso un año más en este destierro con tal de haber vivido en el mundo en la época en que vivió Virgilio”.
Estas palabras hicieron que Virgilio se volviera hacia mí con un además que tácitamente decía: «Cállate». Pero la voluntad no lo puede todo, porque la risa y el llanto siguen de tal modo a la pasión de la que proceden que en los hombres más sinceros se manifiestan sin querer. Así es que yo me sonreí, como quien muestra estar en inteligencia con otro. Por lo cual la sombra se calló y me miró a los ojos, que es donde más se refleja el pensamiento.
—¡Ah! ¡Ojalá puedas llevar a buen término tu camino! —dijo—; mas ¿por qué tu rostro me ha mostrado ahora ese relámpago de sonrisa?
Vime entonces apurado entre ambos: el uno me obligaba a callar y el otro me pedía que hablase. Por lo cual suspiré y fui comprendido.

Es interesante la descripción del estado de ánimo; la Divina Comedia abunda en este tipo de situaciones, de comparaciones, que son de una belleza inigualable. En general, radican en la simpleza. Tienen una expresividad que hace que nos pongamos en situación. En las comparaciones, describe situaciones familiares, y cuando uno ya está sintiendo aquello que el poeta evoca, continua diciendo “así me sentí… así gritaban…”, y nos regala así la magia de la transmisión de sensaciones.

No en vano, pese a su aburrimiento, la Divina Comedia ha pasado a la historia. Tiene mucho que reflexionar y mucho también que apreciar.

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