Tendencias de amor

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Purgatorio, canto17. La ira se remedia con la paz, y ese angel es el que abre la puerta a Dante y a Virgilio para pasar al otro lado. Allí, Dante siente su cuerpo pesar…

En un canto nuevamente aristotélico, como ya lo vimos en el infierno, Virgilio explica la lógica del Purgatorio. Con el libre albedrío, el hombre ha recibido amor. Pero el mal uso de ese amor es el que se trabaja en el Purgatorio, siempre y cuando haya habido arrepentimiento terreno. A veces el amor se dirige contra los otros, en la soberbia, envidia e ira. A veces no llega a tiempo, en la pereza. Y a veces se dirige desmedidamente, en la codicia, la gula y la lujuria.

Entonces, Virgilio nos muestra que la clave es el amor, y que tenemos que abrir los ojos y el corazón a la forma en que usamos ese amor. La línea divisoria siempre es delgada.

Amar es respetar; lo complejo es mantener el equilibrio.

Amarse para amar bien a los demás; no en sobremedida de creerse superior ni subestimándose tanto que de humildad se pasa a la humillación y al dejarse pisotear. Alguien me dijo una vez que hay que honrar y defender los dones que Dios nos da.

Amar es perdonar: amar a un enemigo no es darle besitos, sino dejarlo libre de hacer su vida sin desearle el mal ni hacerle daño, simplemente que siga su camino lejos de nosotros… y que en todo caso Dios haga justicia con él.

Amar es compartir, en comunidad, defender la propia dignidad y la de los demás.

Amar es buscar la concordia, hacer responsablemente la tarea que nos toca, sin mirar hacia los lados para compararse con lo que hacen los demás. Hacer a conciencia.

Amar es disfrutar, pero con el cuidado de no cegarse a fin de hacer cualquier cosa por el placer.

Se ama con el corazón, pero también con el intelecto. Dirigir conscientemente nuestros amores nos permitirá ser libres y felices, y dejar vivir a los otros libres, causándoles también felicidad.