Lo que vale la voluntad

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Paraíso, canto 3. Empezamos a recorrer los círculos, y a encontrar almas. Al ojo de Dante, y del lector, pareciera haber jerarquías en el cielo; y al parecer, las hay, pero quienes están ahí no las sienten. ¿Cómo es eso? Cada alma ha llegado a su máxima perfección, ha cesado de buscar, y ha alcanzado la paz. Ha sido ubicada en algún sector, al parecer no mejor ni peor, aunque con algún tipo de gradación que ningún alma siente como problemática.

Dante habla allí con una monja que ha roto su voto de castidad. Cuando ella cuenta la historia, resulta que la familia la hizo abandonar el convento para casarla por conveniencia. Ella tuvo que dejar los hábitos contra su voluntad, y de hecho expresa “¡Dios sabe cuál fue después mi vida…!“.

Me pregunto qué valor tienen las faltas cuando uno ha sido obligado a cometerlas; porque además, ¿qué escapatoria tiene uno ante la obligación? Un suicidio nos lleva al bosque del canto 13 del Infierno. Además situándose en la época, más se complica la reflexión. Al menos Piccarda está en el paraíso y disfruta de la eternidad en la paz.

Otra cosa que me extraña es no encontrar hombres: sacerdotes, que hayan dejado tal vez por voluntad sus hábitos para casarse. Ques se hayan arrepentido, hayan purgado su lujuria en el Purgatorio y lleguen allí. Tal vez están, pero Dante no los nombra…

Complejo el tema de la voluntad; tiene que ver con la libertad. Si se censuran los errores cometidos por obligación, por privación de la libertad, ¿qué salida nos queda? Quedamos encerrados entre quien nos obliga y la justicia divina!