Discriminar no es malo

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Paraíso, canto 8. En el cielo de Venus habitan quienes irradian amor y han vivido en el amor. Aparece una mirada muy interesante: cada uno ha sido creado con diferentes aptitudes, que vienen dadas por las estrellas. Justamente hoy hablábamos con un amigo de el acto de violencia que es incluir a una persona en una actividad sin respetar sus particularidades. Es una violencia doble: para la persona, que está en un entorno que le es extraño; y para el entorno, que debe adecuarse a alguien con una particularidad diferente.

En los tiempos que corren, si uno expresa una idea así, se entiende que está siendo excluyente: que discrimina. Me pregunto cuándo perdimos la connotación positiva del verbo discriminar. Discriminar es clasificar según un criterio de particularidades. Nos guste o no, todos somos diferentes y esa es una gran riqueza. Me parece peligrosa la tesis de Dante de que las aptitudes son naturales: en el hombre poco es natural, la mayor parte es construído mediante las acciones.

Pero atender a las particularidades es discriminar, en el buen sentido, porque es necesario para una persona feliz. No me sentiré cómoda ni contenta entre un grupo de gente que no comparte mi aptitud… y las adecuaciones y adaptaciones podrían ser humillantes.

A veces me pregunto si esta manía de ”incluir” no está dirigida a diluir la diversidad. Por el contrario, discriminar (en su buena acepción de que cada uno esté en el entorno que le permita desarrollarse feliz y cómodo) me parece que es el camino para la solución de muchos males. Me pregunto cuándo aprenderemos que la mejor manera de respetar la diferencia es no forzarla a ser como nosotros, ni forzarnos a ser como ella.

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