Comprensión limitada

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Paraíso, canto 20. En el cielo de Júpiter encontramos que formando el águila luminosa hay espíritus que fueron paganos y que sin embargo están en el paraíso. Es el caso del emperador romano Trajano y del troyano Rifeo. Ambos murieron antes de la resurrección de Cristo, por lo que en vida no lo conocieron. Tras las explicaciones particulares al caso de cada uno, cierra el águila su discurso: “Vosotros, mortales, sed circunspectos en vuestros juicios, pues nosotros, que vemos a Dios, no conocemos aún a todos los elegidos; y sin embargo, nos es grata semejante ignorancia: porque nuestra beatitud se perfecciona con este bien, y queremos lo que Dios quiere.

Hay una cuestión recurrente ya desde el Purgatorio que es la de no juzgar y no cuestionar la voluntad divina. Las cosas son así y están bien así y no pueden cambiarse. En parte es cierto, pero en parte suena a conformarse con lo que hay.

Es verdad que es difícil juzgar cualquier cosa desde afuera: los motivos, frenos, experiencias y otras yerbas que llevan a una persona a tomar decisiones o a ser como es los saben sólo la persona y Dios. Sólo nos queda la piedad, el perdón… como nos gustaría que fueran con nosotros. Confiar que algo mayor da sentido a este caos de la existencia y que podemos entregarnos a ella da tranquilidad.

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