Que lo religioso no muera

Infierno, Canto 19. Aquí encontramos a los simoníacos que se enriquecen vendiendo los bienes de Dios. Chiclana en una nota aclara que ese pozo que visita Dante es el de los papas; probablemente en los otros haya otros miembros laicos o del clero que tienen la misma condena y por la misma razón.
Pensaba que Dante carga contra los papas porque en ese contexto eran los representantes de la religión mayoritaria (por no decir la única) que además tenían un poder político con una injerencia directa mucho mayor que la actual; además existía el plus de que muchos iban a la religión por obligación, porque no les quedaba otra, por prestigio familiar, pero no por devoción. Pensaba que si Dante escribiera hoy en día, se haría un picnic con todos los cultos. Y eso me apena.
Las iglesias son instituciones humanas; formadas por humanos con virtudes y defectos como cada uno de nosotros. Las iglesias representan a las religiones. Sería interesante que las religiones y sus iglesias con sus miserias de lo humano no mataran a lo religioso que hay en nosotros. Muchas veces vemos las cosas mundanas que pasan en las instituciones y tendemos a alejarnos de lo religioso.
Lo religioso es lo espiritual, tiene que ver con nuestras creencias, nuestros valores, con ese “creer sin ver”. Pero esa fe necesita sostenerse, y se sostiene en comunidad. Así como estamos leyendo en conjunto, la fe necesita del grupo. Y el grupo se congrega, y el grupo consigue un lugar, y empiezan a haber horarios, reglas… y surge la religión.
La religión encorceta a lo religioso: da unidad diciendo en qué creemos y en qué no, unifica los rituales, administra los bienes comunes. Surgen jerarquías, porque queramos o no nunca todos tienen el mismo poder de decisión. Y cuando hay bienes, cuando hay poderes, siempre el diablo mete la cola. No debería ser así, pero somos humanos. Cuando vemos todo esto, empezamos a descreer y nos alejamos.
Sería bueno que la simonía no mate nuestra fe, nuestra reflexión existencial, aquello en lo que creemos. Que podamos distinguir lo que es de Dios y lo que es del César, es decir de los hombres. Que no nos enojemos con Dios por sus “elegidos”, y que los tomemos como lo que son: hombres que llegaron allí, con sus virtudes y miserias. En el fondo, lo que nos muestra Dante es la confianza en que al final, todo se pone en su lugar.
Anuncios