Intolerancia

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Infierno, canto 28. Así como a los ladrones les roban las serpientes su condición humana, aquí quienes han generado particiones son partidos a hachazos en su propio cuerpo. Cierra el canto la alusión a la ley del Talión.

Allí está Mahoma, a quien se lo acusa del cisma de la Iglesia. Podemos suponer que si Dante hubiera vivido en el siglo XVI, habría incluído en este foso también a Lutero; ya que desde la filosofía tomista, un cisma es una escisión en el cuerpo de la Iglesia, que tiene pretensión de universalidad.

Hoy que reina la libertad de cultos, me pregunto quiénes serían estos cismáticos. Tal vez encontraríamos allí, paradójicamente, a los intolerantes, que plantean ser dueños de una verdad y un camino. Hablábamos cantos atrás de la compasión; ayer, del perdón. Dante, acentuando tanto el carácter de los que alejan y generan fracturas, nos llama a generar concordia… y en los tiempos que corren, siento que los más fanáticos de sus creencias son los que más cismas generan.

En cuestión de creencias, uno elige y cree, pero al no haber comprobación empírica, sólo tenemos la fe… y la esperanza de que nos conduzca a Dios. Cuando alguien segrega a causa de las creencias diferentes, lo que hace es generar cisma.

La búsqueda de Dios es un camino que debe acercarnos; necesitamos estar unidos, aprender de las diferencias. Puedo no acordar, pero no me animaría a decir que el otro está en el error, porque ¿qué certeza tengo de que no soy yo la del error?

 

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