El olvido es el peor castigo

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Infierno. Canto 16. Siguen caminando por el arroyo en medio de aquel desierto donde llueve fuego, y otra vez, al igual que con su maestro, se produce un encuentro de Dante con conocidos admirados; y otra vez pareciera que elige mantener intacta esa admiración ignorando los pecados que los han condenado. Ya había preguntado con admiración por estos tres florentinos cuando encontró a Ciacco más arriba, que le había anticipado que los encontraría más abajo. A Dante lo frena el miedo a abrasarse, por eso no salta a abrazarlos.

Lo que llama la atención es que estas almas piden, como otras antes, que Dante vuelva al mundo real y hable de ellos. Hay como una insistencia colectiva en avivar el recuerdo, casi una obsesión. Parece que todo lo que están padeciendo no es suficiente, y que lo que más les pesa es la idea de que pueden ser olvidados: sería equivalente a desaparecer por completo: ya nada tendría sentido. Me pregunto si más adelante, cuando estén transitando el purgatorio y el paraíso, las almas tendrán la misma inquietud. Y me pregunto también si Dante, al incluirlos en la comedia, no está buscando, justamente, preservar del olvido a quienes tanto admira pese a sus faltas, así como mantener el recuerdo de quienes en vida fueron detestables (para él) por su soberbia.

Creo que en la desesperación por evitar el olvido podemos ver, más que en otra cosa, que estamos hechos para la vida en comunidad. Queremos que nos recuerden, que haya registro del paso por la existencia. Es en la relación con el otro que nuestra vida toma sentido y tiene perspectiva: el otro es el que, en el recuerdo, el relato, mantiene vivo nuestro ser. Si la existencia fuera netamente individual, estas almas pasarían de un plano a otro sin mayor conflicto interno.

Claro está, que en el infierno, tiene el plus de perdurar en la existencia en el estado que ellos han considerado óptimo, visto el estado sufriente y penoso en el que se encuentran allí.

De nuevo termina el canto con una intriga tremenda… La visión del monstruo que emerge de las profundidades, en una mezcla de nadar y volar, es sublime, pero a la vez intrigante… ¿quién es? ¿Qué depara ese abismo para nuestros viajeros? Qué ganas de seguir leyendo!!

Considero que ese es el don de los buenos libros: que te atrapan y que uno siempre quiere seguir.

Por último, una conexión nacida de otras lecturas que estoy haciendo en paralelo. En “Vigilar y castigar”, Foucault narra que los reformadores penales del siglo XVIII tenían la obsesión de asignar a cada delito un castigo que fuera análogo: que mirando al castigado se supiera que delito habia cometido. Siento que Dante en el Infierno intenta hacer un poco lo mismo; es como una ley del Talión refinada. Tal vez tenga que ver con que, al final, la humanidad ha tenido desde la antigüedad a nuestros días un mismo sentir frente a aquello que se considera un mal y a las personas que lo cometen.

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