Arrepentimiento de verdad

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Infierno, canto 27. “Te aconsejo que para triunfar en tu alto solio, prometas mucho y cumplas poco de lo prometido” (Inf 27). Este consejo fue el que definió la condenación del que penaba adentro de la llama, y esto es lo curioso. No fue lo que hizo, sino lo que recomendó. Después de alcanzar el poder con malas artes, después de haberse arrepentido, da consejo a aquel que quiere replicar su historia.

Su reacción es echar afuera la responsabilidad de su condena: “mi presencia hubiera tenido ciertamente efecto si el Gran Sacerdote, a quien deseo todo mal, no me hubiese hecho incurrir en mis primeras faltas”. La realidad es que el sacerdote puede tener la intención que quiera, pero es este hombre el que tiene la opción de callar o hablar… y de qué decir al hablar.

Pero hay algo que me resulta llamativo, que son las características del perdón. ¿Qué valor tiene el arrepentimiento si seguimos replicando la misma acción? Si pedimos perdón a cada rato siempre por lo mismo, ¿estamos verdaderamente arrepentidos? ¿Merecemos realmente el perdón?

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