El centro de la Tierra

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Infierno, canto 34. Allí está Lucifer: deforme, a la vista de Dante, que se queda helado, paralizado. Lucifer, que nos representa a todos; dice Chiclana en una nota: “los tres rostros de diversos colores significan las tres partes del mundo entonces conocidas: el rojo o bermejo, los europeos; el entre blanco y amarillo, los asiáticos, y el negro, los africanos. Los tres vientos simbolizan tal vez los tres vicios generadores de todo mal, a saber: la soberbia, la envidia y la avaricia.”

No quedé muerto ni vivo; piensa por ti, si tienes alguna imaginación, lo que me sucedería viéndome así privado de la vida sin estar muerto.” (Inf 34) Dante queda transformado tras el paso del infierno, tras haber visto al propio Diablo. Nada será igual para él, como para ninguno de nosotros. La vista del dolor, de la tribulación, vivir tragos amargos, no nos dejan indemnes. Todo hecho malo deja marcas que ni el perdón ni el arrepentimiento curan. Cicatrices del alma.

En el centro del mundo, el que se animó a desafiar a Dios. Esperaba algo más llamativo o trascendente, y no que simplemente bajen hacia el otro lado del mundo aferrándose de sus pelos. Extraño el final del infierno, tal vez con un sinsabor.

Sin embargo, me llama a pensar en las formas que tenemos de ordenar las cosas, y que Dante refleja. Abajo, lo malo, arriba, lo bueno. En el centro de la Tierra, la fuente de todo mal… ¿será que se irradia hacia nosotros, y nos atrae como fuerza de gravedad? ¿Será que por eso la vida es una lucha contra eso que nos atrapa? Nuestras reacciones instintivas ante las cosas que nos duelen, a lo que ambicionamos, suelen ser respuestas que llevan al infierno: la ira, la venganza, la traición. Veremos que propone el purgatorio, si nos alumbra en el duro camino de construir el perdón, la tolerancia, el confiar en la justicia divina.

Algo llamativo, y que ya hemos visto, es la cosmovisión de Dante. Aquí, en el hemisferio sur, mora Satanás: las tierras se han aglutinado en el hemisferio norte huyendo de él. Sin embargo, cuando vemos el mundo hoy, cuando vemos sus inequidades y desigualdades, vemos que son los del norte los que en alguna forma han sellado la suerte de los que en el sur estamos peleando por sobrevivir y desarrollarnos en plenitud. Tal vez nos va como nos va porque aquí mora Satanás… y este es nuestro infierno viviente. O tal vez quienes huyeron no quedaron indemnes a su influencia, y por eso hacen lo que hacen con nosotros.

Lo cierto es que estamos con Dante en la otra mitad del mundo, salimos de nuevo a la superficie. El infierno ha quedado atrás, y hemos salido vivos, pero no indemnes: la reflexión nos ha transformado duramente.

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