Vencer la pereza

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

 

Infierno, canto 24. Empezamos a leer y nos encontramos con esto:

“En la época del año nuevo en que templa el Sol su cabellera bajo el Acuario y en que ya las noches van igualándose con los días; cuando la escarcha imita en la tierra, aunque por poco tiempo, el color de su blanca hermana, el campesino que carece de coraje se levanta, mira, y al ver blanco todo el campo se golpea el muslo, vuelve a su casa y se lamenta continuamente como el desgraciado que no sabe qué hacer; pero torna luego a mirar y recobra la esperanza, viendo que la tierra ha cambiado de aspecto en pocas horas, y entonces coge su cayado y sale a apacentar sus ovejas…”

La belleza de la imagen es notable, y Dante la utiliza para establecer una comparación. Pero lo llamativo son la cantidad de detalles sobre el ambiente y la precisión de los mismos. Habla del fin del invierno, del 21 de enero al 21 de febrero, cuando los días se van haciendo más templados y más largos, cuando ya cada vez hay menos nieve, y a lo sumo amanece escarchado el lugar, de manera que el hielo se derrite en pocas horas. Los sentimientos del campesino que recobra el ánimo, todo está expresado con una belleza maravillosa.

La entrada a un nuevo foso los lleva a encontrarse con una masa de serpientes que atormentan a los que han sido ladrones; y así como ellos robaron en vida, en el infierno se les es robada constantemente su condición de humanidad. Cada vez es más notorio que los pecadores que están en el infierno no se arrepienten, de hecho, el que en este caso habla a Dante manifiesta expresamente su deseo de causarle dolor, es decir, su maldad.

Pero, además del primer párrafo, hubo algo que llamó mi atención:

Ahora es preciso que sacudas tu pereza —me dijo el Maestro—, porque no se alcanza la fama reclinado en blanda pluma ni al abrigo de las colchas; […] Ea, pues: levántate, domina la fatiga con la voluntad, que vence todos los obstáculos mientras no se envilece con la pesadez del cuerpo.

Virgilio dice a Dante estas palabras para estimularlo a seguir caminando. Alcanzar un objetivo parcial no es suficiente. Podrá ser cómodo, pero para avanzar hay que vencer la pereza a abandonar la comodidad. Todo cambio incomoda, duele, pero debemos tener en cuenta que una vez vencida la pereza, sobrellevada la incomodidad de abandonar lo que nos es cómodo, llegarán las posibilidades de alcanzar un estado mejor y más satisfactorio.

Es la voluntad la que nos empuja, la que nos pone en movimiento. Y la voluntad se alimenta del deseo de estar mejor y de la esperanza en que existe un estado más placentero para nosotros.

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