De soplones y chupamedias

A partir de la lectura colectiva de la Divina Comedia

Infierno, canto 18. Llegamos a la peor parte: los fraudulentos. Esos de los que hablábamos el otro día cuando Virgilio anticipaba lo que estaba por venir: los que te lastiman en lo más profundo, que es la confianza. Nuevamente, las condenas que reflejan la falta que llevó a ellas. El que entregó a alguien por algún motivo, aparece eternamente conducido por la fuerza. El que dijo falsas palabras, ahora está comiendo estiércol por siempre.

Muchas imágenes vinieron a mi mente mientras meditaba el canto… la primera, la de la vendedora de ropa que te dice siempre que todo te queda bien aunque después te das cuenta que no es así. Pensaba que a lo mejor te vas del negocio con la bolsita y se quedan riendo de lo que te vendieron. Y algo me llevó al cuento del rey sin ropa… aquel rey que andaba en el desfile en paños menores porque lo habían convencido de que la tela de su traje era tan maravillosa que solo la veían los inteligentes. Y el rey, para no quedar como tonto, decía que la veía. En el fondo ambos grupos, los “chupamedias” y los “soplones”, son lo mismo. Hacen lo que esté a la mano para agradar y acomodarse: no importa a quién tengan que entregar o  qué tengan que decir para conseguir un beneficio para sí.

Y puede ser que el rey esté convencido de nuestras palabras como para andar en calzones por al calle, pero también puede ser que nos siga el juego porque le conviene, y si es así, nos entregará cuando no le sirvamos más. Tristemente veo a diario situaciones así. También pienso en el tema de la dignidad personal… ¿En qué lugar quedo yo rebajándome a adular a alguien? ¿Vale el lugar que voy a ganar toda la dignidad que pierdo? A veces no nos damos cuenta en el triste lugar que quedamos por alcanzar algo que queremos.

El dicho dice que “la mentira tiene patas cortas”: de repente un niño en la multitud empezó a reír porque el rey estaba sin ropa, y todo el pueblo se animó a reír también. Tal vez nos de temor, pero el camino más simple para ganarse el favor es la sinceridad. La sinceridad que construye, la del hablar con respeto planteando los aspectos negativos con las sugerencias de solución para mejorar. La vendedora que te dice que te queda mal y te ofrece una prenda que considera que te va a gustar y te va a quedar mejor, es la que no solo gana la comisión de hoy, sino la de todas las veces que vas a volver y la de las amigas que vas a llevar. Y si no tomás su consejo y te llevás la prenda que no te queda, ya es problema tuyo. La que adula y te vende lo que no debe, quedará masticando porquería en un negocio vacío…

Así como hiere que te roben la confianza, es motivo de profunda alegría saberse digno de la confianza de otros. ¿O no?