Normas de convivencia

Hace años, una amiga evangélica me dijo en una de nuestras charlas ecuménicas que tanto nos enriquecían: “Norita, el hábito de leer la Biblia es bárbaro: uno al orar habla con Dios. Cuando uno tiene el hábito de leer la Biblia, ante determinadas situaciones se te vienen a la cabeza los versículos y te das cuenta que es así como Dios habla. Es en esos momentos en los que entendés lo que de verdad quieren decir esos versículos que leíste y no entendías, porque los aplicás a la situación que estás viviendo”.

Vamos a decirlo, no tengo el hábito de leerla todos los días, pero sí a menudo. Sobre todo, cuando estoy necesitada de entendimiento para ciertas cosas que veo en la vida que me rodea. Sin embargo, en el último tiempo viví situaciones en las que, como aquella amiga me decía, un versículo afloró y me quedé helada porque por fin comprendía su sentido. Cuando me fui al texto, grande fue mi sorpresa al ver que forman parte del capítulo 6 de Lucas, que reúne otras lecturas, como las Bienaventuranzas, que suelo tener presente. Ese capítulo no es otra cosa que un compendio de recomendaciones para la convivencia entre los hombres y con uno mismo…

Voy a transcribir el fragmento todo de un tirón, tal como lo leí yo el día que abrí los ojos y entendí lo importante que es este mensaje. Luego entonces pondré mis descubrimientos, me parece una buena reflexión para esta cuaresma que estamos viviendo.

Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa será grande y serán hijos del Altísimo.

Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes”.

Les hizo también esta comparación: “¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.

¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

¿Por qué ustedes me llaman: “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo? Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida. En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande”.

Lucas 6, 27-49

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Cómo “mantenerse ahí”.

En un tubo de desagüe

Acabo de conocer una nueva versión del juego “¿Estás ahí?” (conocido entre nosotros como el escondite o la escondida.)

Sucedió a un ciclista aquí en Africa, que pedaleaba en bicicleta colina abajo a gran velocidad. El camino dio una súbita vuelta en la base y de pronto se encontró con un enorme elefante que estaba parado atravesado en el camino. El iba demasiado aprisa para detenerse, pero dirigió su vehículo para librar al elefante por detrás, pero apenas cabía, y apoyó su mano en las patas traseras del animal para pasar.

Se llevó un susto, pero suspiró aliviado cuando lo logró. Pero su alivio no duró mucho, fue como si alguien hubiera pellizcado a un Oficial de tránsito por detrás. En un momento el elefante se volteó Como diciendo “Oye tú, ¿a qué juegas? Ven acá. ¿Me oyes?”.

Pero el ciclista no se detuvo. Se puso a correr todo lo que podía.

Luego vio con horror que había una cuesta empinada, después del valle que recorría. Miró hacia atrás y vio al elefante que venía a toda carrera detrás de él, y no había posibilidad de que pudiera subir la cuesta antes de que el animal lo quitara del asiento y lo aplastara.

Pensó y actuó rápidamente, tenía que hacerlo. Era cuestión de segundos, el sobrevivir o morir aplastado.

Llevó su bicicleta a la cuneta y mientras lo hacía se tiró de ella y escondió en un tubo de desagüe debajo del camino. Esto hubiera estado perfecto si el elefante no lo hubiera visto hacerlo, pero eso fue lo que el elefante vio y empezó el juego de “Estás ahí”.

Nota: El tubo con su contenido está supuestamente bajo el camino.

El elefante se hincó en un extremo del tubo y metió la trompa para investigar esperando hallar la respuesta. Pero el ciclista se arrastró hasta el fondo tanto como pudo y se tendió hacia abajo sin hacer ruido.

De pronto la trompa fue sacada del tubo y el ciclista suspiró aliviado, cuando su suspiro se cortó porque vio que la trompa entraba del lado opuesto del tubo y apenas tuvo tiempo de irse al otro extremo. Y así siguió el juego hacia adelante y hacia atrás. “Estás ahí” repitiéndose de un extremo a otro.

El juego fue tan popular (con el elefante) que habría seguido hasta hoy de no ser porque era un trabajo pesado y el elefante se fue a tomar agua. Cuando regresó, siguió con el juego y pasó algún tiempo hasta que se dio cuenta que la bicicleta no estaba al lado del camino, ni el ciclista seguía jugando en el tubo.

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Este cuento pertenece al libro Rema tu propia canoa de Sir Robert Baden Powell, fundador del movimiento scout y oficial al servicio de la reina de Inglaterra en Kenia a fines del s. XIX. Si bien este cuento es uno de mis preferidos, junto con el del Valor, recomiendo el libro entero.

Pueden acceder al libro completo vía Internet pinchando aquí.

De todos modos

Este es mi pequeño Manifiesto 2011.

Las personas son a menudo irrazonables, ilógicas y egocéntricas…
ámalas de todos modos.

Si haces el bien, la gente te acusará de egoìsmo y de motivos escondidos…
haz el bien de todos modos.

Si tienes éxito, tendrás falsos amigos y verdaderos enemigos…
ten éxito de todos modos.

El bien que hoy haces, será olvidado mañana…
haz bien de todos modos.

La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable…
se honesto y franco de todos modos.

Los más grandes con las màs grandes ideas pueden ser abatidos por gente inferior con menos ínfamas…
piensa en grande de todos modos.

La gente favorece a los desvalidos, pero sigue a los poderosos…
lucha por los desvalidos de todos modos.

Lo que se toma años edificar puede ser destruido en un momento…
edifica de todos modos.

La gente necesita ayuda, pero te ataca si les ayudas…
ayuda a la gente de todos modos.

Da al mundo lo mejor de tì y te golpeará en la boca…
da al mundo lo mejor de tí de todos modos.

porque en el análisis final,
te darás cuenta que el asunto es solo entre tú y Dios,

ya que, en todo caso,
jamás fue un asunto entre tú y ellos…

Madre Teresa de Calcuta

Vivir contento

El otro día alguien me preguntó por mi espiritualidad; como suele suceder, fue una de esas personas que conozco apenas pero con la que siento una conexión muy profunda. La pregunta me sorprendió, pero a la vez fue indicio de que tal vez esa conexión es mutua. Sólo Dios sabe y sólo el tiempo dirá.

Le dije que la fe traspasa mi vida y que trato de vivir de acuerdo con los valores cristianos, del Evangelio; pero que para mí la fe mueve a la acción. Y le conté que estoy leyendo un libro que no es común y corriente: es uno de los libros que contiene las meditaciones de un hombre que aprendí a admirar mucho.

Allá hace 12 años, en el Encuentro Continental de Jóvenes, nos regalaron un librito pequeño, impreso en papel de diario por el Diario El Mercurio. En la tapa tenía la foto de un hombre sonriente y un título sugerente: “Mensaje a los jóvenes”. Ese pequeño libro de palabras escogidas de Alberto Hurtado fue mi guía desde esos días adolescentes, y me abrió los ojos a muchas cosas. El “Mensaje a los jóvenes” era una invitación a formar esa juventud cristiana militante llamada a cambiar el mundo.

Hace un tiempo pasé por la librería cristiana y pregunté por un libro del Padre Hurtado. Me dieron “Un fuego que enciende otros fuegos”, el único de él que se edita en la Argentina. A medida que lo voy leyendo, sigo creciendo y sigo fortaleciendo mis convicciones. De ese libro es el extracto que quiero compartir hoy, que lo leí hoy y que me encantó para tenerlo en cuenta.

Deseo de corazón que todos puedan vivir felices!

—– 🙂 🙂 —–

Hay algo que todos queremos unánimemente en todo el mundo: santos y pecadores, paganos y cristianos, grandes y chicos. Todos convenimos en una aspiración: la alegría; todos queremos ser felices.

Por eso, quien ha conseguido la felicidad ejerce una influencia inmensa, un poder de atracción enorme. Todos lo admiran, lo envidian, buscan su compañía, se sienten bien junto a él. En cambio, un hombre por más virtuoso que sea, si vive melancólico merecerá que se diga: un santo triste, es un triste santo. Si vive lamentándose de todo, del tiempo, de las costumbres, de los hombres…, los hombres terminarán por alejarse de él, pues el corazón humano busca la alegría, lo positivo, el amor.

Y ¿cómo conseguir esa actitud de alegría que hay que tener en sí antes de poder comunicarla a los demás? Es necesario comenzar por salir del ambiente enfermizo de preocupaciones egoístas. Hay gente que vive triste y atormentada por recuerdos del pasado, por lo que los demás piensan de él en el presente, por lo que podrá ocurrirle en el porvenir. Viven encerrados en sí mismos y, claro está, no pueden salir. Cada idea que les viene a la mente parece hundirlos más en su pesimismo. Se parecen al que se hunde en el barro que mientras forcejea solo por salir, se hundirá más y más. Necesita tomarse de una fuerza extraña, distinta, para poder salir. Que se olviden, pues, de sí y se preocupen de los demás, de hacerles algún bien, de servirlos y los fantasmas grises irán desapareciendo. La felicidad no depende de fuera, sino de dentro.

No es lo que tenemos, ni lo que tememos, lo que nos hace felices o infelices. Es lo que pensamos de la vida. Dos personas pueden estar en el mismo sitio, haciendo lo mismo, poseyendo igual, y, con todo, sus sentimientos pueden ser profundamente diferentes.

Más aún: en los lazaretos, en los hospitales del cáncer se encuentran almas inmensamente más felices que en medio de las riquezas y en plenitud de fuerzas corporales. Una leprosa a punto de morir ciega, deshechos sus miembros por la enfermedad, escribía: “La luz me robó a mis ojos. A mi niñez su techo, mas no robó a mi pecho, la dicha ni el amor”.

La alegría no depende de fuera, sino de dentro. El católico que medita su fe, nunca puede estar triste. ¿El pasado? Pertenece a la misericordia de Dios. ¿El presente? A su buena voluntad ayudada por la gracia abundante de Cristo. ¿El porvenir? Al inmenso amor de su Padre celestial.

Para quien sabe que no se cae un cabello de nuestra cabeza sin que el Padre de los cielos, que es al propio tiempo su Padre, lo sepa ¿qué podrá entristecerlo? Como decía Santa Teresa: “Dios lo sabe todo, lo puede todo; me ama”. La gran receta para tener alegría, es vivir de fe.

Quienquiera ayudarse también de medios naturales comience por no dejarse tomar por una actitud de tristeza. Sonría aunque no quiera; y si ni eso puede, tómese los cachetes y haga el paréntesis de la sonrisa.

No basta sonreír para vivir contentos nosotros. Es necesario que creemos un clima de alegría en torno nuestro. Nuestra sonrisa franca, acogedora será también de un inmenso valor para los demás.

¿Sabes el valor de una sonrisa? No cuesta nada pero vale mucho. Enriquece al que la recibe, sin empobrecer al que la da. Se realiza en un instante y su memoria perdura para siempre. Nadie es tan rico que pueda prescindir de ella, ni tan pobre que no pueda darla. Crea alegría en casa; fomenta buena voluntad y es la marca de la amistad. Es descanso para el aburrido, aliento para el descorazonado, sol para el triste y recuerdo para el turbado. Y, con todo, no puede ser comprada, mendigada, robada, porque no existe hasta que se da. Y en el último momento de compras el vendedor está tan cansado que no puede sonreír ¿quieres tú darle una sonrisa? Porque nadie necesita tanto una sonrisa, como los que no tienen una para dar a los demás.

Alberto Hurtado S.J.

El mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

– El mundo es eso – reveló -. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Extraído de El Libro de los Abrazos- Eduardo Galeano

Siempre me gustó esta lectura, y ahora que empecé a leer El libro de los abrazos, descubrí que es el texto que ocupa sus primeras líneas. Me resulta conmovedora la imagen de las personas-fueguito, y me da para pensar…

Creo que todos tratamos de contagiar la vida, de ser un fuego que enciende otros fuegos. Hemos recibido el fuego de gente que nos rodea, que nos ha contagiado su vida, y tenemos casi la misión de legársela a otros.

Pero a la vez, necesitamos alimentar ese fuego para que no se apague, para que no brille sin ganas… lo alimentamos con afectos, con proyectos, con ganas de arder cada día, compartiendo el fuego con los demás.

Yo doy gracias a la vida por los fueguitos que me acompañan y por la fuerza espiritual que tengo cada día para brillar e intentar seguir dando vida a mi alrededor.

No te olvides de mí

Señor:
Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme
y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡Señor…si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!

Mahatma Gandhi

Alcanza tu sueño

Recibí este texto por correo; como tantos otros, está atribuído dudosamente a una gran personalidad. No importa; lo que importa son las palabras, el mensaje. En este caso, aplica la regla de “El cartero de Neruda”: “las palabras no son del que las inventa sino del que las necesita”. Yo diría, en este caso, de quien las hace carne.

A veces recibimos y reenviamos mensajes, los leemos y decimos: “qué lindo”, pero no los tomamos en serio; nos quedamos en la palabra leída fugazmente y no recalamos en su sentido y en el bien que nos puede hacer para el crecimiento personal, por eso elijo hoy poner este mensaje aquí, para que todos podamos irlo haciendo nuestro, adoptarlo en nuestra vida. Rezo por ello!!

Y rezo también porque, sinceramente, deseo que sobre todo la persona que me mandó este correo pueda hacer suyo este mensaje. Te pido, amigo lector, que si sos persona de fe, te unas a mi oración!! Será muy bien recibida y sobre todo muy agradecida!!

Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal. Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.

Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.

Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.

Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura.

Libérate del pasado y los recuerdos tristes.

Deja en paz una herida que está cicatrizada.

Deja ir los dolores y sufrimientos antiguos.

¡Lo que pasó, pasó!

De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.

Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.

Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.

Perdónate en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.

Libérate de la culpa por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.

Despójate del intento de que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.

Deja que el amor te toque y abandona la actitud de defienderte de él.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.

Relájate frente a lo que viene y ocúpate del presente, recuerda que “cada día tiene su propio afán”.

Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.

Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.

Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.

Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.

La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.

Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.

Trabajo es sinónimo de nobleza.

Agradece el trabajo que te toca realizar en la vida.

El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.

No existen trabajos humildes. Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.

Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.

Dios nos ha creado para realizar un sueño. Vivamos por él, intentemos alcanzarlo.

Pongamos la vida en ello y si creemos que no podemos, quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas.

Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo haremos.

No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.

El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has enfrentado en el camino.

Tú y sólo tú escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.

Que este día sea el mejor de tu vida para alcanzar tus sueños.

Sé tu mismo el cambio que quieres ver en el mundo.