Spilimbergo dibujante

Una de las cosas de las que estoy convencida es que viajar abre los horizontes. Nos conecta con nuevas ideas y perspectivas que nos permiten no sólo ampliar nuestro punto de vista incorporando nuevos elementos, sino también repensarnos. Algo que veo en general es que los grandes artistas han viajado mucho, han intercambiado, han aprendido, y eso los ha formado creativamente y los ha distinguido de los demás.

Esta tarde fui a ver la muestra de Lino Enea Spilimbergo al Centro Cultural Borges. Para mí, sólo un nombre que resonaba de alguna otra muestra. Spilimbergo para mí era un artista argentino, nada más. Capaz, si me forzaban un poco, terminaba elucubrando una relación con Berni. Tal vez la muestra en sí no me sorprendió tanto como otras, pero debo decir que aprendí un poco más del arte moderno de mi país y de los movimientos internacionales con los cuales se entreteje. La muestra tiene más de 60 dibujos y grabados; muchos de ellos nunca fueron exhibidos y pertenecen a la colección privada de la familia del artista. Los dibujos en lápiz, tinta, carbonilla, pastel, y los grabados y monocopias están acompañados por documentos y fotos del artista. La muestra tiene un orden cronológico: nos va contando la vida del artista entrelazada con su obra. Permite descubrir cómo fue creciendo a medida que sumaba experiencias.

Nacido en Buenos Aires a fines del siglo XIX, fue uno de los grandes maestros del arte argentino, pintor, muralista, grabador y litógrafo, formador de generaciones de artistas. Inició sus estudios de arte en 1915 en la Academia Nacional de Bellas Artes; la carrera de seis años para él se redujo a tres: fue un alumno prodigio que rindió cuatro años en su primer año de estudio, y luego completó el quinto y el sexto en los otros dos años. Entre sus profesores estuvieron Pío Collivadino y Ernesto de la Cárcova y En 1917 ya era profesor nacional de dibujo. Como era asmático, en 1921 se instaló en San Juan, ya que la sequedad del clima favorecía su estado de salud. En ese período logró ganar algunos premios de Bellas Artes y vender algunos cuadros, con los cuales se costeó un viaje a Europa.

Así, tras una recorrida por Italia, se asentó en París en 1926, donde junto a otros artistas argentinos como Antonio Berni integró el que después fue conocido como “el grupo de París”. Se trataba de una serie de pintores que recorrían los museos, asistían a las academias libres y también pasaban por renombrados talleres de la época. Entre estos, fue fundamental para Spilimbergo el curso del pintor modernista André Lothe, donde ensayó dibujo con modelos vivos junto a sus compañeros argentinos. Muchas veces eran ellos mismos que posaban desnudos para evitar el pago de los modelos. Así, tras su estadía europea, logró una muy personal síntesis de diversos estilos, en especial de lo clásico y lo moderno, y centró sus temáticas en la figura humana.

 

A su regreso al país, en la década de 1930, Spilimbergo y el grupo de París integraron al arte argentino influencias provenientes de las tendencias vigentes en Europa, contribuyendo a la renovación del ambiente artístico local, no sólo en cuanto al lenguaje plástico, sino también en lo concerniente a la enseñanza y a los mecanismos de exposición y difusión artística. En este contexto, Spilimbergo se conectó con el mexicano David Alfaro Siqueiros, y en 1933 participó con Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y el uruguayo Enrique Lázaro, del “ejercicio plástico” realizado en el sótano de la casa quinta de Natalio Botana, director del diario Crítica. Allí se fundó la escuela del muralismo argentino. El mural está expuesto en el Museo de la Casa Rosada y es verdaderamente asombroso.

Mientras tanto, Spilimbergo continuaba realizando exposiciones solo o con otros artistas, y ganando premios. Volvió a radicarse en San Juan, donde adquirió una lavadora vieja. Con el tambor de la máquina confeccionó el rodillo con el cual realizaría sus monocopias. El nombre se debe a que, a diferencia del grabado, cada trabajo permitía hacer sólo una impresión, ya que el papel tomaba toda la pintura dejando limpio el rodillo. El trabajo consistía en entintar el rodillo realizando el dibujo a imprimir; a veces en positivo, es decir, colocando la pintura donde se quiere imprimir y dejando vacíos los blancos; a veces en negativo: entintando toda la plancha y dibujando sobre ella sacando la pintura. Spilimbergo se convirtió en un maestro de ambas técnicas, que combinaba con maestría. Uno distingue rápidamente sus monocopias del resto de las obras.

 

En 1937 ilustró con pequeños aguafuertes (grabados sobre planchas de zinc) el libro “Interlunios”, de Oliverio Girondo. Siempre me asombró la capacidad de los grabadores de hacer dibujos tan precisos y tan vivos con sólo marcar una plancha de metal. El uso del monocromo y la única posibilidad de “pintar” superficies a partir de trazos lineales me resulta fascinante.

 

En 1946 compartió con otros muralistas argentinos, como Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, Manuel Colmeiro Guimarás y Demetrio Urruchúa la confección de los murales de la cúpula de las Galerías Pacífico, que son actualmente una de las manifestaciones más importantes del muralismo argentino.En la exposición se ven algunos bocetos, en los cuales el artista calcula las dimensiones reales. Así, a la retícula realizada para luego agrandar o en la pared, se le suman cálculos marginales de proporciones y medidas reales. Fue el primero de varios murales proyectados, por ejemplo, el de la Galería de San José de Flores. La concepción de este grupo de muralistas era que había que llevar el arte a cada techo y pared de la ciudad que pudiera contenerlo.

 

Luego de la muestra, bajé a la galería y me detuve un rato a contemplar los murales de la cúpula. Creo que nunca les había prestado tanta atención. Abajo, el rumor de la fuente y del público que tomaba café y hacía sus compras. Miré hacia arriba, a los mineros y agricultores que él pintó. Y me sentí enriquecida una vez más por la experiencia artística, y agradecida por haberle encontrado valor a un nuevo rincón de mi ciudad.

Más sobre Lino Enea Spilimbergo

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