Los ríos de Merlo

Río Pasos Malos

La caminata por la sierra de las quijadas nos hizo dormir un rato más. Un buen desayuno, una vuelta por el centro para comprar frutas, y empezamos a recorrer los alrededores de Merlo. Apuntamos primero para Carpintería, un pequeño pueblo al sur de Merlo, justo bajo el mirador de las águilas. No encontramos nada de nuestro gusto para hacer… si bien en la oficina de turismo nos habían hablado de un parque temático sobre la vida de los comechingones, un planetario, una cervecería artesanal… la realidad es que buscamos sierras, ríos, algún lugar donde tomar mate… eso de la “entretención permanente” no va con nosotros.

Nos fuimos para el camino de Pasos Malos, que lleva a una serie de miradores, a un río con cascadas y a la “ruta del chivito”. Este sendero lleva al ángulo noreste de la provincia, encajándose en la provincia de Córdoba. Pero lo curioso es que, ni bien se empieza a subir, se empiezan a encontrar parrillas que se promocionan con el apellido Godoy. La cantidad de parrillas aumenta al subir: la nieta de Godoy, el hijo de Godoy, los sobrinos de Godoy, Mirtha Godoy, Juan Godoy… no se cuántos más vivían de un mismo apellido y de un mismo rubro de servicios: la parrilla con especialidad en chivito. Algunas ofrecían comer en rocas y troncos bajo los árboles; otras, en una especie de quinchos y salones. En una de ellas, un parlante a todo volumen “musicalizaba” el almuerzo. Soy enemiga del ruido de fondo, más cuando estoy en medio de las sierras, bajo los árboles, donde puedo disfrutar del viento y los pájaros. Me siento invadida. La percepción que tuve es que todos esos emprendimientos eran muy precarios y que todos tironeaban de uno para llevarlo a su molino; que quizás si se unieran podrían hacer un servicio más agradable y más ordenado.

Al final del camino había una bajada al río, y empezamos a remontarlo hacia la sierra, trepando por las piedras. Finalmente nos sentamos a tomar unos mates al lado de una cascadita donde el perfume de la peperina era impresionante. Hacia un lado, se veía la cumbre de la sierra cubierta de vegetación, desde donde bajaba el río a los saltos. Hacia el otro, la villa de Merlo se distinguía desde lo alto, y más allá, el valle de Conlara que se extendía hasta el horizonte.

Río Pasos malos

Comimos unas empanadas para seguir camino hacia otro río, esta vez, el que atraviesa la reserva natural y que lleva al Salto del Tabaquillo. Nos habían dicho en la oficina de turismo que no es necesario ir con guía como nos dijeron, sino que basta con curso del río para no perderse. Así, caminamos entre las piedras trepando por el río, al principios con mucho ánimo y energía pero el camino era ya angustiante, fruto del cansancio por la subida, que hacía que las piernas empezaran a no responder, y de que las piedras eran cada vez más grandes.

Dos horas y aún no aparecía la cascada. Estaba por empezar a bajar el sol, y quedaba la bajada por el río. Llegamos a una cascada hermosa, que bajaba de una olla a la que llegaba un pequeño salto. La cosa parecía más promisoria. Allí encontramos a unas chicas con unos nenes chiquitos que nos dijeron que la cascada estaba una hora más arriba. Fue muy desmoralizante. Lo más frustrante era que todo a lo largo del camino, cruzaban tirolesas desde los cerros. La gente que se estaba tirando en ellas llegaba por algún sendero que seguro era más fácil que subir por el río. De hecho los guías debían hacer subir a la gente por algún lugar menos arriesgado.

Así que desistimos, y nos sentamos a tomar mate allí, y a disfrutar de ese salto tan bonito. Queríamos también asegurarnos el tiempo de bajar con luz de día, y no tenía sentido seguir subiendo para sacar una foto y bajar a las corridas. En un momento bajó un grupito, que habían seguido subiendo una hora sin éxito. Cruzaron a una guía que venía bajando y los miró de mala gana, diciéndoles que les quedaba aún media hora para arriba. Lo cierto es que a esa altura era difícil calcular cuánto se tardaba en llegar al salto subiendo por el río.

Camino al salto del tabaquillo

Empezamos el descenso… y de repente, encontramos un sendero que se apartaba un poco del río. Estaba marcado con nitidez por el pisoteo continuo de mucha gente, no tenía piedras y bajaba suavemente paralelo al río, pero campo adentro. Así, llegamos muy rápido abajo, y concluimos que habría sido mucho más rápido y descansado subir por ahí. Son esas vivezas criollas que espantan al turista; de tratar de sacar un mango más terminan matando a la fuente de sustento para todos, porque ninguno quedó con ganas de pagar un guía para volver a intentarlo.

Regresamos temprano. La idea era bañarse y aprovechar de recorrer el centro; en la Avenida del Sol hay varias galerías estilo shopping, pero también un paseo artesanal y muchos negocios interesantes. Un segundo centro es el que rodea a la plaza central, presidida por la iglesita colonial, y que también tiene muchos negocios interesantes. Finalmente, cenamos nuestro menú en el que ya era nuestro comedor, y nos fuimos a descansar.

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