¿A dónde quedó la infancia?

Anoche fui al cine y vi “Miss Peregrine y los niños peculiares”. Uno de los motivos por los que me entusiasmaba la película era que es de Tim Burton. Sé que suele hacer cosas oscuras, con un costado macabro, pero en general me dejan un buen sabor y me voy pensando. La verdad que esta vez fue la excepción.

Cualquiera que ve el trailer, ve los niños peculiares e imagina una historia fantástica, oscura, pero probablemente dulce. En el trailer, los escasos flashes de monstruos dan idea de que habrá factores de conflicto (como en toda película). Sin embargo, en el cine la película me resulto totalmente truculenta. Las escenas dulces del trailer son las únicas escenas dulces que hay en la película. Todo lo demás es horror. Los monstruos, para poder vivir, necesitan comer los ojos de los niños peculiares. Los niños viven huyendo, escondidos, para que los monstruos (que encima son invisibles) no los maten por quitarles los ojos. Imágenes de niños muertos y sin ojos vueltos a la vida, imágenes de personas monstruo de ojos blancos sentados delante de un plato de ojos y comiéndolos con todo placer… todo de muy mal gusto. Me decepciona de Burton, quien siempre deja un halo de dulzura y buenos sentimientos aún en sus películas más oscuras.

Más allá de ello, lo que más horror me causó fue el público a mi alrededor. Al ser un horario temprano, una versión doblada al castellano, había muchos chicos. Y no digo chicos de 11 o 12 años, preadolescentes, adolescentes, a los que ya tales escenas pudieran no impactar. Había niños de 6 o 7 años, escuchaba algunos hablar con sus padres durante la película casi a media lengua, con esa vocecita infantil… y me aterraba.

Sé que a mí me criaron en una burbuja mirando Heidi y dibujos de Disney. Es verdad que los largometrajes de Disney eran truculentos: la bruja riendo de que los enanos creerían muerta a Blancanieves y la enterrarían viva, Pinocho… bueno, a Pinocho nunca lo pude resistir. Sin embargo se conservaba algo de magia… y si no estaban papá y mamá que determinaban que eso no se podía ver. Anoche miraba las escenas espantosas, los monstruos, y pensaba en esos niños. En mi época hubiéramos tenido pesadillas durante meses… y ahora salían tan campantes como si hubieran visto la última película de Toy Story.

Me duele porque creamos una sociedad violenta, anestesiada al dolor, al horror. El horror nos entretiene. Después nos quejamos que los niños en la escuela son agresivos, violentos, hiperkinéticos. Los psicólogos tienen más trabajo que nunca y tenemos hoy más niños medicados que antes. ¿Donde está el respeto por la pureza del niño, por su alegría, por su imaginación? ¿Dónde quedó el estimular al chico con cosas buenas, enseñarle las cosas buenas, porque para los sinsabores de la vida tendrá más adelante??

Me horrorizan los padres que no se levantaron y sacaron a sus hijos de la sala. Me parece inadecuada la calificación “Apto para todo público” de la película. Pero como para muestra alcanza un botón, esta película es solo uno de los contenidos inadecuados que ven los niños: dibujos animados violentos, videojuegos para matar y robar, cenas mirando a las vedetongas de Tinelli semidesnudas y peleándose por ganar el premio a la bajeza…

Me entristece cada vez más el mundo en el que vivimos, donde los más desprotegidos siempre son los niños. Me pregunto seriamente que mundo esperamos que ellos construyan… si los recuerdos de la infancia tal vez sean mucho más violentos que los de su adultez…

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