Martin Heidegger

Martin Heidegger vivió entre 1889 y 1976. Su libro más conocido, “El ser y el tiempo”, habla de los dos temas más importantes abordados por Heidegger: el ser y la nada. Es un pensador que se sale del sentido común establecido, de lo que se habla de manera general. Para Derrida, es el padre de la deconstrucción, ya que busca desestructurar todo sentido común sin reemplazarlo por otro. Como seguidor de Nietzsche, desarrolla sus ideas durante el siglo XX y las lleva al paroxismo. Así, retoma como tema el retorno a los problemas originarios, ya que va a considerar que la cultura occidental nace de un error.

Se lo vincula al nazismo ya que estuvo afiliado al partido Nacionalsocialista alemán. En la universidad, tuvo a Husserl como tutor. Cuando Husserl fue echado de la universidad por ser judío, Heidegger tomó su lugar; aunque renunció al puesto en 1937 cuando comenzó a ver hacia dónde iba la tendencia del gobierno. Esta situación genera un amplio debate. ¿Cuánto se puede separar la vida personal de la obra de una persona? ¿La biografía influye en la lectura de una obra? ¿De qué manera influye la biografía, nos condiciona o nos enriquece? Entender el contexto de creación de una obra, ¿habla del autor o habla del lector? Para Habermas, miembro de la escuela de Frankfurt, la obra de Heidegger va a ser nazi; otros autores van a buscar elementos nazis en la obra de Heidegger. Esto refleja que en el fondo molesta que un pensador que marque tanto a la filosofía sea nazi; uno se siente en el fondo emparentado con él.

En la formación intelectual de Heidegger se reconocen tres corrientes. Por un lado, la fenomenología, a la que pertenecía Husserl. Se trata de una corriente filosófica contra el positivismo, que es una corriente que se caracterizaba por su rigidez: el positivismo consideraba que la ciencia valida los hechos, de modo que el único conocimiento verdadero era el científico. Contra esto, la fenomenología propone recuperar lo primario, lo originario. Ir al fenómeno descargándolo de marco teórico; recuperar así lo descartado, lo oculto. Esta corriente rechaza lo obvio, aquello que se muestra a la sociedad y que oculta otra realidad, ya que lo obvio obtura la existencia de otros caminos posibles. En este sentido, Husserl utilizaba el concepto de epoje: poner entre paréntesis, es decir, suspender el prejuicio y separar del marco teórico.

La segunda corriente que influyó en el pensamiento heideggeriano fue el existencialismo, que se aboca al problema del hombre en relación a su propia existencia como ser humano. En Heidegger, el estudio del ser supera a la existencia: el ser supera a lo humano. Su proyecto es buscar la superación del constructo de lo humano en algo que llamara posthumanismo. Postula que no somos dueños de nosotros mismos, mostrando el lugar sitiado del hombre en el mundo; y también cuestiona la racionalidad humana.

Heidegger considera que la construcción de la cultura tiene por objetivo ocultar que nada tiene sentido, pero que aún así no termina de convencernos. La cultura actúa como una droga que hace que te aferres a ella para que las cosas tengan sentido, y dejar así de preguntarse. La solución que Heidegger propone es asumir la finitud y recuperar la muerte: tomar conciencia de que la muerte siempre llega a destiempo, porque uno siempre está realizándose.

El ser no es, existe; y la existencia es gratuita. El ser humano todo lo puede producir, menos a sí mismo; no puede explicar su existencia. Lo humano es un proyecto abierto, la racionalidad humana es una de las tantas facetas de lo humano. Dentro de esta corriente, Kierkegaard afirmará que la angustia existencial no es mala, ya que libera.

La tercera influencia en el pensamiento de Heidegger es la teología, motivo por el cual se lo considera un pensador postreligioso. La teología en el cristianismo del siglo XX implica repensar lo divino. Heidegger no habla del ser sino de la pregunta por el ser, recuperando el sentido de la pregunta, de la interrogación, es decir, toma a la pregunta en tanto pregunta y no por la respuesta que esa pregunta pueda tener: no tiene intención de buscar su respuesta.

En el pensamiento de Heidegger hay tres grandes temáticas presentes: el ser y el tiempo, la destrucción de la metafísica y la idea de que la causa del olvido del ser es el lenguaje. Por esto último, va a crear neologismos, algo posible en su lengua materna (alemán) mediante la estructura de las kompositas (unión de palabras para formar un nuevo concepto). Con todo esto tratará de mostrar lo inefable del ser, es decir, aquello que no puede ser dicho del ser. Por ejemplo, consideraba que al escribir la palabra ser, había que tacharla (ser), para mostrar lo inexpresable del ser.

Para Heidegger, la importancia de la pregunta radica en el hecho de que el ser está olvidado desde siempre. Por eso, a la historia de la filosofía hasta Nietzsche la va a llamar metafísica: la historia de la cultura occidental es la metafísica del olvido del ser, hasta que con Nietzsche, el ser no existe más.

Heidegger va a marcar una diferencia ontológica entre dos conceptos que el hombre occidental nunca vio: por un lado, el ser; y por otro, un concepto que se le impuso, que lo absorbió y aunó, domesticando al ser y presentándose como si fuera el ser. Ese segundo concepto es el Ente: la cosa. El ente se comió al ser, de manera que cuando preguntamos por el ser, contestamos con cosas (entes).

En un texto llamado “la cosidad de la cosa”, Heidegger establece que el ente es lo que es, pero no el ser en sí. Todo lo que se puede decir es una cosa, ya que el lenguaje habla de los entes. El ser es ontológicamente previo a las cosas, ya que si algo es, también pudo no haber sido; y si no es, no puede ser caracterizado. El ser permite que la cosa sea: antes de ser ente, el ente es: “ES”.

El problema entonces es que el lenguaje cosifica. Heidegger es un hermeneuta (referido al arte de la interpretación), por lo que reconoce que hablamos desde una comprensión del ser que es una interpretación. Toda interpretación está delimitada (tiene límites), definida (tiene un fin) y determinada (tiene términos). La cosa acontece entonces de formas diferentes para cada uno. Esto no es fruto de  una elección voluntaria, ya que el hombre está arrojado a un mundo lleno de sentidos previos. Es decir, estamos entramados en un plexo de sentido donde una cosa remite a otra cosa, y sa cosa a otra cosa, y así hasta el infinito.

La comprensión del ser es preontológica (sabemos que es pero no lo podemos explicar); el conocimiento es una de las tantas formas de relacionarnos con las cosas. La racionalidad del conocimiento es disposición, me encuentro con las cosas desde un estado de ánimo que es previo a la explicación racional. La pregunta por el ser suprime la dictadura del ente, lo descomprime, porque permite preguntar por qué no puede ser de otra manera.

El ser es inexpresable, o es el conjunto de las interpretaciones dadas sobre el ser a lo largo de la historia. El ser puede ser aprehendido en contraposición con el no-ser, o sea, con la nada. Esa relación simbiótica da el ente, que es el límite para el lenguaje: la cosa es porque no es otra cosa al mismo tiempo. La nada revela al ser. ¿Por qué el ser y no más bien la nada? ¿Por que hay cuando pudo no haber habido nada?

Heidegger explica que hasta entonces, todos explicaron al ser desde algo supremo, ya sea Dios, la razón, la lucha de clases u otros elementos. Sin embargo, nadie ha contestado por la nada, nadie explica el no haber. Para él, la nada es la muerte, a la vez que la consciencia de que todo es contingente. El problema del ser humano es creerse cerrado, definido; no es consciente de que el ser no alcanza: se debe existir. El ser humano es posibilidad, y él mismo debe elegir en un sinfín de posibilidades. Cuando elige una, descarta infinitas posibilidades que pierde irremediablemente. en esta idea se basta Kierkegaard para definir el concepto de angustia.

Heidegger llega entonces a la conclusión de que “soy para la muerte”: la posibilidad de la imposibilidad de las posibilidades. Así, la muerte es una oscilación entre dos extremos: el “falta mucho”, que aleja el descenlace hacia adelante; y el “ya”, que marca que la muerte es inminente. Todas estas consideraciones hicieron que Heidegger acuñara el concepto de da-sein (del alemán, da: aquí, sein: (ser/estar). En el da-sein, el ser se pregunta aca, ahora. El hombre que no es da-sein, pasa su vida como una planta, simplemente existiendo. De esta manera, la muerte es lo más propio que tenemos, un faro que, según Heidegger, alumbra todo lo que hacemos.

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