Rex

Hoy es el día del animal… y en honor de esos compañeros de vida que nos alegran los días, una lectura del Petit Nicolas, de Sempé y Goscinny, que me hizo reir mucho… Traducción casera, sepan disculpar y espero que les guste…

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RexSaliendo de la escuela encontré un perrito. Tenía aspecto de perdido, estaba solo y me dio mucha pena. Pensé que el perrito estaría contento de encontrar un amigo, y no tuve problema en recogerlo. Como el perrito no tenía aire de realmente querer venir conmigo, él debía desconfiar, le ofrecí la mitad de mi pequeño pan de chocolate y el perrito comió el pancito de chocolate y se puso a mover la cola en todos los sentidos y yo lo llamé Rex, como en una película policial que había visto el jueves anterior.

Después del pancito, que Rex comió casi tan rápido como lo hubiera hecho Alceste, un compañero que come todo el tiempo, Rex me siguió todo  contento. Pensé que sería una buena sorpresa para papá y para mamá cuando yo llegara con Rex a casa. Y además, yo le enseñaría a Rex a hacer vueltas, el cuidaría la casa, y también, el me ayudaría a encontrar bandidos, como en la película del jueves pasado.

Bueno, estoy seguro que ustedes no me lo creerían, cuando llegué a casa, mamá no se puso contenta de ver a Rex, ella no se puso contenta para nada. Debo decir que fue un poco la culpa de Rex. Entramos en el salón y mamá llegó, me dio un beso, me preguntó si todo estuvo bien en la escuela, si no había hecho macanas y entonces vio a Rex y se puso a gritar: “¿Dónde encontraste ese animal?” Yo empecé a explicar que era un pobre perrito perdido que me ayudaría a detener montones de bandidos, pero Rex, en lugar de quedarse tranquilo, saltó sobre un sillón y comenzó a morder el almohadón. Y era el sillón donde papá no debe sentarse, salvo si hay invitados!

RexMamá siguió gritando, me dijo que ella me había prohibido traer bestias a la casa (es verdad, mamá me lo prohibió la vez que llevé un ratón), que es peligroso, que ese perro podría tener rabia, que nos mordería a todos y que todos terminaríamos con rabia y que ella iba a buscar una escoba para poner ese animal afuera y que ella me daría un minuto para sacar el perro de la casa.

Tuve problemas para hacer que Rex soltara el almohadón del sillón, entonces, mantuvo un pedazo entre sus dientes, no entiendo por qué le gusta eso. Y entonces salí al jardín con Rex en brazos. Tenía muchas ganas de llorar, entonces, eso fue lo que hice. No sé si Rex estaba triste también, porque estaba muy ocupado escupiendo los pequeños pedazos de lana del almohadón.

Papá llegó y nos encontró a los dos, sentados delante de la puerta, a mí llorando, Rex escupiendo. “Bueno, dijo papá, ¿qué está pasando acá?” Entonces yo le expliqué a papá que mamá no quería a Rex y Rex era mi amigo y yo era el único amigo de Rex y él me ayudaría a encontrar montones de bandidos y el daría las vueltas que yo le enseñaría y que yo estaba muy triste y me volví a poner a llorar de golpe mientras que Rex se rascaba una oreja con la pata de atrás, y es verdaderamente difícil de hacer, ya probamos una vez en la escuela y el único que tuvo éxito fue Maixent que tiene las piernas muy largas.

Papá me acarició la cabeza y después me dijo que mamá tenía razón, que era peligroso meter perros en la casa, que pueden estar enfermos y que si muerden todo el mundo termina babeando con rabia y que, más tarde, ya lo aprendí en la escuela, Pasteur había inventado un medicamento que permitía curarse, pero que había muy mal. Yo le respondí a papá que Rex no estaba enfermo, que le gustaba mucho comer y que era muy inteligente. Papá entonces miró a Rex y le rascó la cabeza, como me hace a mí a veces. “Es verdad que tiene la apariencia de buena salud este perrito”, dijo papá y Rex se puso a lamerle la mano. Eso le gustó mucho a papá. “Es cariñoso” dijo papá, y después extendió la otra mano y dijo: “la pata, dame la pata, vamos, dame la pata”. Y Rex le dio la pata y después le lamió la mano y después se rascó la oreja; estaba de verdad ocupado Rex. Papá se divertía y después me dijo: “Bueno, esperame aquí, voy a tratar de arreglar esto con tu madre”, y entró a la casa. Es genial papá! Mientras papá arreglaba las cosas con mamá, me divertí con Rex, que se puso a hacerse el lindo y después, como no tenía nada para darle de comer, se puso a rascar la oreja; es terrible Rex!

Cuando papá salió de la casa, no parecía realmente contento. Se sentó al lado mío me rascó la cabeza y me dijo que mamá no quería un perro dentro de la casa, sobre todo después del golpe del sillón. Me estaba por poner a llorar pero tuve una idea: “si mamá no quiere a Rex dentro de la casa, le dije, podríamos tenerlo en el jardín”. Papá reflexionó un momento y entonces dijo que era una buena idea, que en el jardín Rex no haría desastres y que debíamos construirle una cucha en seguida.  Yo le di un beso a papá.

Rex

Nos pusimos a buscar tablas en el altillo y papá trajo sus herramientas. Rex se puso a comer las begonias , pero es menos grave que para el sillón del salón, porque tenemos más begonias que sillones.

Papá comenzó a clasificar las tablas. “Vas a ver, me dijo, vamos a hacerle una cucha formidable, un verdadero palacio”, y entonces le dije “vamos a enseñarle montonces de cosas y el va a cuidar la casa” “sí, dijo papá, vamos a entrenarlo para cazar a los intrusos, Blédurt, por ejemplo”. El señor Blédurt es nuestro vecino, a papá y a él les gusta hacer rabiar al otro. Nos divertíamos bien, Rex, papá y yo, hasta que se arruinó un poco cuando papá gritó a causa de un golpe de martillo que se dio en el dedo y mamá salió de la casa. “¿Qué es lo que están haciendo? preguntó mamá.  Entonces yo le expliqué que habíamos decidido, papá y yo, de mantener a Rex en el jardín,  ahí donde no hay sillones y que papá le estaba haciendo una cucha y que él iba a enseñarle a Rex a morder al señor Blédurt, para hacerlo rabiar. Papá no dijo gran cosa, se chupaba el dedo y miraba a mamá. Mamá no estaba para nada contenta. Dijo que no quería más bestias en su casa y… miren un poco lo que ese animal hizo a mis begonias! Rex levantó la cabeza y se acercó a mamá moviendo la cola y entonces la hizo buena. Mamá lo miró y entonces ella se agachó y lo acarició en la cabeza y Rex le lamió la mano cuando sonó la puerta del jardín.

Papá fue a abrir y un señor entró. Miró a Rex y dijo: “Kiki! Por fin, aquí estás, te busqué por todos lados”. “Pero, entonces señor, ¿qué desea usted?” dijo papá. “Que qué deseo? dijo el hombre, quiero a mi perro! Kiki se escalpó mientras que yo le hacía dar un pequeño paseo y alguien me dijo que habían visto un chico traerlo para acá”. “No es Kiki, es Rex, le dije, y los dos vamos a atrapar bandidos como en la película del jueves pasado, y vamos a enseñarle cosas para que le haga bromas al señor Blédurt” Pero Rex tenía el aspecto de contento y saltó a los brazos del señor. “Qué me prueba que el perro es suyo, preguntó papá, es un perro perdido”. “Y el collar, respondió el hombre, no vieron su collar? Tiene mi nombre debajo! Jules Joseph Trempé, con mi dirección, tengo muchas ganas de hacer una queja en la policía! Ven mi pobre Kiki!” y el señor se fue con Rex.

Nos quedamos todos sorprendidos, y después mamá se puso a llorar. Entonces papá la consoló y le prometió que yo traería otro perro uno de estos días.

Rex

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