Una oración para la conciliación

Dios nos habla a cada uno de maneras distintas, a través de personas distintas y en distintos momentos. Siento que muchas veces Dios me habla en los momentos que más lo necesito y que siempre elige a la persona adecuada.

Esta vez fue Natalia, y le agradezco mucho a mi amiga haberme acercado esta oración, que tal como ella me recomendó, llevo conmigo para leer cuando tengo un ratito. Cada vez que la leo, me detengo en la frase que más me llega al corazón en ese momento y trato de retenerla.

En estos días espiritualmente difíciles para mí, ha sido luz y paz para mi alma. Por eso, la dejo aquí, por si alguien necesita el consuelo, por si Dios me necesita como instrumento para llevar su palabra a los demás…

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Mi Dios, fuente inagotable de gozo y paz, te pido la gracia de dar, compartir y consolar. Permíteme: aliviar el dolor de una herida, levantar un espíritu caído, solucionar una discordia, ir en busca de un amigo olvidado, desechar una sospecha y reemplazarla por confianza, animar a quien haya perdido la fe, mantener una promesa, enterrar viejos resentimientos y rencores, reducir mis demandas sobre los que me rodean, luchar por un ideal, expresar gratitud, vencer el miedo, apreciar la belleza de la naturaleza, decirle a los demás que los amo. 

Señor, Espíritu de amor, esperanza eterna, te ruego que pongas, en forma constante, directa e inmediata, nuevas ideas en mi mente, para acercar a todos a la luz de Tus palabras. Bríndame nuevas perspectivas y enséñame a dirigir mi vida, con sus éxitos, fracasos, agonías y éxtasis, hacia la caridad que no espera recompensas. Renueva mi corazón y coloca en él deseos de paz y justicia. Fortalece mi voluntad, calma mis emociones. Permite que lo que escuche de Ti, interiormente, sea la silenciosa vuelta hacia Ti de las cinco facultades o poderes de percepción, a través de los cuales, creo verdaderamente, que haz venido a mí, una y otra vez, durante el transcurso de mi vida. 

Susurra palabras al oído de mi alma, estimula los recuerdos valiosos y necesarios para hacerle frente a los momentos de desaliento. 

Revélame: quién eres Tú, quien soy yo y que significa mi mundo y mi vida para Ti. 

Cristo, mi Sanador y mi Salvador, abandono a tus pies los recuerdos que me obsesionan, las ansiedades que me desconciertan, los miedos que me sofocan, la enfermedad que me acompaña y la frustración de todos los sufrimientos que se entrecruzan en mi interior. 

¡Oh Señor! Ayúdame a ver: tu claridad en mi confusión, tu perdón en mi debilidad, tu luz en mi ceguera, tu misericordia en mi necesidad. Consuélame con tu infinito amor, oriéntame con tu sabiduría, fortaléceme con tu poder sanador y enséñame con tu verdad y tu vida.

Amén. 

Rvdo. Padre Ignacio Peries.

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