Lo que fue del Parque de la Ciudad

Parque de la Ciudad

Cuando era chica, veía por televisión las publicidades: “Vení al Parque de la Ciudad a divertirte con toda la familia”, y veía gente divertida, levantando las manos en la montaña rusa que salpicaba agua, girando en las calesitas… Siempre quise que mis padres me llevaran y nunca lo conseguí.

Toda mi vida vivi viendo la silueta recortada de la “Torre de Interama” en el perfil del sur de la ciudad, asomando en cada rincón, entre los edificios, al fondo de alguna avenida. Desde el avión parece un escarbadiente parado en medio de un enorme espacio plano. Siempre supe de su confitería giratoria que no funciona y pensé en la vista que se tendría desde allí…

Siempre oí de lo mucho que había que caminar entre un juego y otro por adentro del parque, que era una enorme extensión parquizada donde se podía pasar la tarde.

Finalmente, ahora que ya tengo más de 30, entré al Parque de la Ciudad por la módica suma de $4.

Parque de la Ciudad

 Parque de la Ciudad
¿Qué me encontré? Me encontré con un espacio gigante, arbolado, parquizado, con instalaciones estupendas, y entre medio, los viejos juegos abandonados que dan un aspecto fantasmagórico al lugar.

Resultó ser que el Parque fue inaugurado en 1982, gracias a una concesión dada por el gobierno militar en 1977 a la empresa privada Interama. Se trataba del primer parque temático y de atracciones en la Argentina. Un año y algo después de su apertura, en diciembre de 1983, el flamante gobierno democrático lo expropió y le cambió el nombre por el de “Parque de la Ciudad”.

El parque tenía (y tiene, aún están en pie) más de 60 juegos, entre ellos varias de las montañas rusas que, si estuvieran en actividad, se contarían entre las más grandes del mundo. Una de ellas permanece en un galpón y nunca fue ensamblada. Las idas y vueltas políticas hicieron que este parque fuera clausurado, restaurado, reabierto, vuelto a cerrar… Tras varios intentos de poner en funcionamiento nuevamente los juegos, éstos fueron abandonados. Hoy la montaña rusa “Aconcagua”, que fuera estrella del parque, sirve de sostén a los nidos de las aves, y sus carritos duermen en el andén esperando paseantes… La gran montaña rusa doble también duerme entre los yuyos, mostrando su extensión gigante de acero construído en Alemania.

Parque de la Ciudad

 Parque de la Ciudad

Y la enorme torre… dicen que se puede subir, y que es un mirador para ver 80 km a la redonda, incluso hasta las costas uruguayas. Tiene 185 metros de alto (equivalente a 75 pisos) y el sueño de su confitería giratoria se desmoronó cuando no tuvo sanitarios en ella… El zig zag de caños en su base da cuenta de la cantidad de personas que querían subir…Me dio mucha tristeza ver las estructuras duras, oxidadas, decoloradas, sobresalir por el perfil de los árboles. Me sentí impotente de que ni siquiera las inofensivas calesitas, tan fáciles de restaurar y que presentan menos riesgos a la seguridad, permanezcan quietas y vacías de las risas de los niños.

La visita al parque me llenó de sensaciones encontradas. Recordé cuando mi tía nos llevaba a hacer trámites al centro en su Fiat 128, para luego llevarnos a algún lugar especial donde nuestros padres no nos llevaban. Una de las veces fue ir al Italpark, parque similar que se ubicaba en una posición más céntrica y que fue clausurado ante una falla mecánica que llevó a la muerte de una chica. Recuerdo que mi tía nos subió al teleférico que cruzaba de punta a punta el parque y permitía ver desde arriba todos los juegos. Poco tiempo después, sucedió la tragedia; hoy ese espacio es una plaza gigante, sin rastros de las antiguas atracciones.

Por ello pensé que esta ciudad que adolece de la falta de espacios verdes podría aprovechar mejor el espacio del Parque de la Ciudad que ya cuenta con una enorme infraestructura. Actualmente se puede visitar sólo una porción del parque; de las 120 hectáreas, están habilitadas unas 40. Bastaría tal vez con dejar de lado los proyectos ambiciosos, desarmar los juegos, limpiar los espacios y acondicionarlos mejor para el esparcimiento de la gente: mesas, bancos, áreas de juegos infantiles, algún kiosco, alguna canchita de futbol… Si el lago se ve bonito, los caminos asfaltados están, hay estructuras que podrían servir de kioscos, y hasta hay un anfiteatro donde bien podrían hacerse espectáculos y conciertos. Se me ocurre armar sectores para salir a patinar, para andar en skate, en bicicleta.

 Parque de la Ciudad

Así y todo, deuda pendiente saldada: he ido finalmente al Parque de la Ciudad; tal vez pronto regrese a tomarme unos mates. De todos modos, siempre me dieron vértigo las atracciones mecánicas; aunque me hubiera dado mucho gusto verlas funcionar.

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