Historias del agua I

 

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Federación, Argentina

Día tibio y de sol. Salimos a caminar tras el desayuno; el departamento estaba a una cuadra de la entrada posterior al parque termal. Un descampado nos separaba de ella. Recorrimos las manzanas turísticas, las que concentran los hoteles, restaurantes, tiendas de recuerdos. Tienen un estilo actual y muy moderno. Llegamos a la avenida principal, contratamos una visita guiada para la tarde y nos fuimos a las termas.

El parque es muy amplio, con grandes superficies de césped cortado. La gente se ubica en reposeras, con sombrillas, tomando mate. Las piletas son de distintas formas, temperaturas, y están pensadas para distintas actividades. Las hay pasivas, para quedarse parado, sentado, moverse lento; algunas tienen bancos en el medio. Las piletas activas son aquellas aptas para el chapoteadero. Algunas están a la intemperie; otras, cubiertas. Estas últimas en áreas vidriadas muy acogedoras. Cada pileta tiene la indicación de la temperatura del agua y las profundidades máxima y mínima; también se indica el tiempo máximo de permanencia recomendado. Hay duchas al aire libre, los vestuarios son amplios, al lado de cada pileta.

El agua termal se encontró en Noviembre de 1994, bajo 800 metros de roca basáltica. La ciudad se endeudó para hacer la perforación. Terminó haciéndose con una perforadora de una empresa de Brasil. El agua está a más de 1200 m. de profundidad y sale con una presión de 6 kg y a una temperatura de 43°.

A las 16 llegamos a abordar el “viejo expreso” que nos llevaría de visita a la ciudad vieja, a la ciudad nueva, los aserraderos y una empresa apícola.

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Fue allí donde nos enteramos que la ciudad fue fundada en el siglo XVIII al norte de su emplazamiento actual, con el nombre de Mandisoví. A mediados del siglo XIX el entonces gobernador de Entre Ríos la refundó a orillas del río Uruguay para que tuviera un emplazamiento donde defenderse mejor, ya que Mandisoví era saqueada constantemente por bandeirantes portugueses. Surgió así la ciudad de Federación.

En 1947 se firmó el acuerdo bilateral entre Argentina y Uruguay para la construcción de la represa de Salto Grande. En ese momento, se informó a los vecinos de Federación que con la construcción de la represa, la ciudad iba a quedar bajo el agua del embalse y que debía ser mudada.

La represa se comenzó a construir recién en 1974, y hubo que esperar hasta 1979 para que se concretara la mudanza de la ciudad con urgencia, porque las aguas ya comenzaban a subir y la represa estaba a punto de ser puesta en actividad.

La nueva Federación fue erigida con edificios premoldeados de hormigón para acelerar los plazos de construcción. Edificios públicos, escuelas, la Iglesia, casas, galerías comerciales, todo tiene el mismo estilo de bloques. Todo es igual… parece armada con rastis.

Las personas debían mudarse con apuro y al terminar de cargar sus cosas, veían la topadora derribar su casa. Las casas nuevas eran todas iguales, y cuando las personas llegaban, a veces encontraban todavía a los albañiles trabajando en los últimos detalles, o que faltaban las ventanas. Para esos casos, se conservaron en pie el asilo de ancianos, el hospital y la maternidad de la vieja Federación para dar asilo a los que aún no tenían casa, ya que ellos estaban ubicados en un terreno lo suficientemente alto como para que no se inundaran. Hoy son edificios derruídos por el tiempo.

Muchos viejos murieron de tristeza antes de mudarse en los años de incertidumbre, o luego de mudarse, porque vivían todos apiñados cuando antes vivían entre espacios verdes. La nueva Federación desarticuló el tejido social. En cada manzana de la vieja Federación vivían 2 o 3 familias en lotes enormes, con parques… La nueva Federación se reorganizó en 3 tipos de barrios según la categoría de la casa. Algunas con piso de parquet, otras de cerámica, otras simplemente pintado. Se dividían también por la cantidad de ambientes, aunque exteriormente todas parecían iguales.

La empresa de demolición hacía firmar a los pobladores un documento que establecía que todo lo que estaba amurado a la pared de las casas de la vieja Federación era cedido a dicha empresa. La única institución que no debió cumplir este contrato fue el colegio Carlos Pellegrini, que recibió como una donación sus antiguas rejas. Los vecinos, en cambio, una vez mudados, volvían a comprar en un galpón sus antiguos mármoles, las aberturas de sus viejas casas…

Por otra parte, quienes en la vieja Federación alquilaban o tenían una casa de menor valor a la casa que recibían en la nueva Federación, debían pagar hasta en 20 años las cuotas por su nueva casa.

Para la mudanza, el gobierno prometió una ciudad moderna, y una indemnización: 10 años de electricidad gratuita, dado que hacían el sacrificio en pos de la construcción de una nueva represa hidroeléctrica. Tal vez por eso las nuevas casas tenían todo equipamiento eléctrico. Pero la promesa duró sólo 2 meses, y luego debieron pagar por la energía.

La propaganda oficial ofrecía a los federaenses una ciudad moderna; parte de esa ilusión de modernidad se plasmó en el centro comercial, una galería a desnivel sobre la calle, a la que se accede por escaleras… signo de la modernidad. De manera que aquellas escaleras que despertaron nuestra curiosidad la noche anterior no eran el temor a una nueva inundación.

La nueva Federación era una ciudad sin árboles, un desierto de casas sin servicios. Al momento de la mudanza tenía asfaltado sólo dos cuadras de la avenida principal, que eran también las únicas que tenían alumbrado. El resto se hizo después, una vez que la población ya estaba completamente mudada y que la vieja Federación había sido demolida y estaba bajo el agua.

El centro cívico iba a ser una cárcel, pero decidieron finalmente reformarlo y convertirlo en la municipalidad. En el centro de la nueva ciudad hay una torre de hormigón con un reloj; nos dijeron que reproduce la torre de la Iglesia de la vieja Federación.

Los clubes y demás instituciones fueron reconstruyéndose de a poco. Los últimos fueron el club de Pesca y el club de remo. La ciudad tenía una especie de odio al lago y le dio la espalda. Los bancos de la costanera daban la espalda al agua; mientras que la baranda reproduce la forma de aquella de la vieja Federación. Son los jóvenes de la nueva ciudad los que se van reconciliando de a poco con el agua y le van dando valor.

De la antigua Federación sobrevivió el cementerio, y hubo acuerdo para que siguiera siendo el cementerio de la nueva ciudad. También algunos sectores de barrios pobres de las afueras que no fueron mudados porque no quedaban bajo el agua.

Las celebraciones por los 25 años de la nueva ciudad coincidieron con una bajante excepcional del nivel del embalse, de manera que los cimientos de la vieja ciudad quedaron al descubierto una vez más. Fue entonces cuando se colocaron monolitos donde se emplazaba la antigua catedral y la plaza principal que se ven sobresalir sobre el agua. Los vecinos aprovecharon para caminar por las antiguas calles y por los cimientos de las casas, demolidas al nivel del cordón de la vereda. Todos buscaban el lugar donde había estado su antigua casa y permanecían allí un rato.

Al momento de la firma del acuerdo, Federación tenía 9000 habitantes. Al momento de la mudanza, eran 7000. Actualmente con el auge del turismo, son cerca de 12000.

La charla sobre apicultura fue buenísima, explicando cómo funciona una colmena, los tipos de abejas y su función, los tipos de productos resultantes y sus beneficios para la salud, y la importancia de preservar a las abejas, principales responsables de la polinización que permite la reproducción de las plantas. Probamos distintos tipos de miel; varía el sabor de acuerdo con el origen del néctar en cada época del año; había miel de eucalipto, miel de citrus con un sabor como a naranja, miel de la pradera y de la isla. Tenían colmenas con un vidrio para ver la dinámica interna. La diferencia entre la aveja reina y la obrera es la alimentación que recibe durante el estado larvario: la reina es alimentada sólo con jalea real, mientras que la obrera la alimentan con jalea real y luego con miel. El zángano proviene de un huevo sin fecundar y sólo sirve para fecundar los huevos y comerse la miel. Cuando ha fecundado los huevos y hay escasez de miel, las obreras lo expulsan y lo dejan morir fuera; o lo matan y lo envuelven en propoleo para que no infecte la colmena. Cuando la reina deja de producir huevos en cantidad necesaria, engendran una nueva y matan a la vieja. Son las obreras las que determinan cómo alimentar las larvas y el tipo de abeja que surge. Las obreras van rotando en sus tareas: conseguir polen, ventilar la colmena, limpiar la colmena, etc.

Visitamos los aserraderos; en un momento eran 80; durante la crisis de los 90 se redujeron a 11, de los cuales solo 6 trabajaban todo el año. Actualmente funcionan 57 y realizan un aprovechamiento integral de la madera: tablones para cajones, tirantes de camas y demás; tableros de aglomerado, aserrín para celulosa, para camas de criaderos de pollos y establos. Se procesa el eucalipto plantado en la zona y también el pino de Corrientes y Misiones. El eucaliptus se puede cortar y vuelve a crecer. Resiste 4 cortes antes de necesitarse una renovación en la planta. Tarda en crecer entre 10 a 12 años para estar listo para el corte.

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Al volver nos tomamos nos mates en la costanera, en los bancos de espalda al embalse. La historia de la ciudad te deja pensando. Así cayó la tarde, y tras arreglarnos, decidimos salir a comer; caminando caminando, decidimos volver a Los Hermanos.

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