Uruguay profundo

Fray Bentos, Nueva Palmira, Carmelo; Uruguay
30 de Diciembre de 2011

Uruguay profundo 2011

Teníamos idea de salir temprano, pero terminamos saliendo al mediodía. Tuvimos suerte, no hacía mucho calor. Ese fin de año fue benévolo con nosotros y no nos agobió la temperatura. Cruzamos los puentes colgantes sobre los brazos del Paraná y nos metimos en la provincia de Entre Ríos. Desde muy chica me maravillaron esos puentes, suspendidos de esos tensores gigantes pero colgando al fin. Tienen una estética fabulosa, eso hay que reconocerlo. Y aquellos enormes ríos de agua dulce…

Hacía mucho que no andaba por Entre Ríos y la vi con otros ojos; la planicie y los arbolitos típicos del espinal. Un arroyito aquí, otro más allá… A pocos kilómetros de Gualeguaychú paramos a abastecer combustible y levantamos a una chica que hacía dedo. Había salido con 17 pesos en el bolsillo, quería llegar de Chascomús, donde vivía, a Concordia a pasar año nuevo con su hermana. Llevaba unas 12 horas de viaje y ya estaba realmente cerca y encaminada. La acercamos pocos kilómetros porque nos metimos en Gualeguaychú con la idea de cruzar el puente internacional. Resultó ser que no era el acceso directo al puente sino el que cruzaba la ciudad. Sería el primer centro urbano recorrido involuntariamente en el día.

La ciudad dormía la siesta y estaba desierta. La iglesia frente a la plaza nos orientó con sus campanarios sobresaliendo de la edificación baja. Cruzamos el río, con sus balnearios y campings, y ahí si salimos a la ruta internacional. Los restos de largo corte estaban todavía en la ruta, y más allá, el puente sobre el río Uruguay. No sé por qué imaginaba que era otro puente colgante, pero me equivoqué. Desde lejos se veían las chimeneas de la pastera Botnia que tanto revuelo había causado años atrás. Ahí estaba, inevitable, pese a la crisis binacional y las protestas.

Pasada la aduana entramos a Fray Bentos para almorzar, y nos acercamos a la bestial planta de celulosa, la única que se instaló del complejo de siete que estaba planeado en la zona. Me sorprendió el enorme acceso vacío, ausente de camiones jaula llenos de troncos, los bosques implantados por doquier y el movimiento que yo había visto en la celulosa Arauco en Chile. Sólo la planta y la montaña de aserrín que era transportada hacia su interior.

Fray Bentos me pareció pequeño, y no percibimos demasiado cambio positivo, tampoco negativo, en la vida de los habitantes. Daba la impresión de que la vida siempre había sido así, con o sin pastera. Como si el mayor emprendimiento económico en el Uruguay, como decía la tele, no hubiera significado nada para quienes vivían allí.

Almorzamos junto al río que fluía lento, como somñoliento por el calor de aquella hora de la siesta. Pollo asado, tomate, huevo duro y aceitunas fue nuestro ligero almuerzo campestre, que tuvo mucho de aquellos picnics familiares que hacía con mi familia de chica. Y retomamos la ruta.

Nos costó encontrarla, pero llegamos al desvío que decía “Ruta 2 a Montevideo”. A los pocos kilómetros apareció el primer cartel que anunciaba como destino Colonia; pero el desvío nos llevó hacia adentro del pueblo de Mercedes. Para reencontrar la ruta consultamos y un hombre con el termo y el mate en la mano nos dijo: “Ah, ustedes van por la ruta 22, ahí en la estación de servicio tienen el desvío, es un camino bueno, de bitumenes”. Era asfaltado, si, pero por tramos parecía haber sido sometido a una lluvia de meteoritos.

Ciertos kilómetros más adelante el camino se metía en otro pueblo: Dolores. Llegamos a la plaza principal, donde tomamos un helado y estiramos las piernas. Finalmente preguntamos y salimos. Nos esperaban aún dos pueblos para atravesar: Nueva Palmira y Carmelo. En ellos también la ruta se introducía y se perdía, en ellos también debimos consultar para salir y seguir viaje.

En todas las pequeñas ciudades que cruzamos, las iglesias parecían antiguas, del tiempo de los fundadores, y asomaban sus campanarios sobre los tejados también antiguos. Estos pueblos parecían detenidos en el tiempo, la gente preparaba tranquila la fiesta del año nuevo entre mate y mate; nos alarmó que muchos andaban en moto con el termo y el mate en la mano!!

Siempre hubiera pensado que Uruguay era plano como la provincia de Buenos Aires, pero no, es ondulado, levemente ondulado, constantemente ondulado, con lo cual es un paisaje emocionante porque a la cresta de cada loma se abre una nueva postal. Por lo pronto, es un vergel cultivado; rastrojo de trigo, maiz a punto de florecer, algunos viñedos y el leiv motiv de la soja.

También me sorprendió la campiña ondulada que abría postales de cultivos de diversos colores. Rastrojo de trigo, maiz a punto de florecer, soja creciendo en siembra directa entre el rastrojo del trigo… Y la noche cayó en un atardecer de colores, en una ruta bordeada de árboles por donde entramos a Colonia del Sacramento. Habíamos tardado más de 8 horas en un viaje que no suele demorar más de 5 o 6. Sin embargo, la noche nos encontró satisfechos, porque el viaje, si bien largo, nos había permitido recorrer una cara de Uruguay que tal vez no veríamos de otro modo, adentrarnos en la vida pausada de la gente y ser, al menos por unos momentos, testigos de su existir cotidiano.

Buscamos alojamiento, tarea difícil en la víspera del año nuevo, pero exitosa al fin. Salimos a caminar un poco por esta ciudad, a observar desde la rambla el enorme resplandor del gigante Buenos Aires, a comer un tradicional chivito con una tradicional cerveza Patricia, una buena ducha y a dormir!!

Algunas fotos…

Siguiente: Año nuevo en Colonia —>

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