El arte de contemplar

L'école de danse - Edgar Degas

Uno de mis libros de lectura de francés, “Musée: je, tu, il”, no era especialmente atractivo. Pero encontré un párrafo que me resultó interesante y que me llamó a pensar. Estamos tan acostumbrados a movernos rápidamente, la sociedad moderna tiene un ritmo cada vez más vertiginoso, que hemos perdido el tiempo de detenernos a mirar, a escuchar, a disfrutar, a contemplar.

El párrafo me resultó tremendamente significativo; el personaje, Yves, está en el Museo del Louvre. Comienza a mirar no ya los cuadros, sino la muchedumbre que visita las salas, porque el Museo, como todo París, está atestado de turistas. Y a Yves le cuesta entender que todos quieran ver La Gioconda, cuando existen en el museo otras pinturas igual de exquisitas.

Lo dejo aquí, traduciendo lo mejor que puedo la lectura para que no pierda su sentido… espero lograrlo.

Él debía estudiar otro cuadro de Champaigne, “El Cristo muerto”. Las salas siempre están atestadas, por lo que tuvimos que esperar que los visitantes nos dejaran el espacio libre; algo que no demanda en general más que unos pocos segundos porque la gente en los museos no hace otra cosa que desfilar delante de las pinturas: apenas la obra maestra comienza a mostrarse, a “hablarle” al espectador, que él se ha hecho humo. Esto debe ser frustrante para el cuadro… Un libro, una pieza de música, una película o una pieza teatral, exigen un tiempo determinado de lectura, de escucha; si uno se ha marchado de la sala antes de que el espectáculo termine, uno no puede tener la pretensión de “conocer” la obra en cuestión. Esto es totalmente distinto en la pintura. Uno dice “me encanta el cuadro X! Lo vi en tal galería o tal museo”, y nadie va a preguntar si uno lo ha contemplado “hasta el final” o “durante cuantos minutos”; es uno que decide, aparentemente, el plazo de observación. Pero esto no es así: uno no ha establecido ese vínculo íntimo e igualmente profundo que uno establece con un libro, por ejemplo. Esto es lo que hace que, aún la gran pintura, se transforme en un arte superficial en nuestros días y para la mayor parte de las personas.

Ciertamente, la próxima vez que vaya a los museos de bellas artes, que observe las esculturas y pinturas, o que hojee un libro de arte, pienso encarar la  tarea de otra manera. Planeo detenerme un rato a ver si la pintura me habla desde sus detalles, desde sus pinceladas. Como todo, es un aprendizaje. Tal vez sea cuestión de ir y ver unos pocos cuadros por visita y llenarse de ellos… Empezaré por el de Degás que encabeza el artículo, que es una de las láminas de mi libro de lectura.

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