El espíritu de la Navidad

Me gusta el espíritu navideño. Todos parecen llenarse de buenos deseos para con los demás, es un tiempo de alegría, de pensar bien en el otro, de reflexionar… es cierto que también surgen los dolores, tanto por aquellos que no están como por lo que fue y ahora no es, por lo que quisiéramos que fuera nuestra familia, por aquel amigo o pariente con el que peleamos… Pero en lo esencial todo el mundo quiere estar bien, todo el mundo quiere estar en paz.

Es por eso que recordé este relato emocionante, que hoy el diario también trabaja a propósito de la Navidad. Es el recuerdo de la Navidad ocurrida en 1914 durante la Primera Guerra Mundial, que tuvo como protagonistas a soldados alemanes e ingleses.

Todo ocurrió durante la Nochebuena de 1914, en Flandes (cerca de Ypres, Bélgica).  Y sucedió que de pronto, las tropas alemanas empezaron a decorar las trincheras con símbolos navideños improvisados y a canturrear la tradicional “Stille Nacht” (Noche de paz). Como en respuesta, en las trincheras opuestas los británicos comenzaron a cantar villancicos en inglés.

En ese sitio feroz, descarnado, de los dos lados se escucharon, sin embargo, gritos de alegría, de celebración, y hasta compartieron saludos personales, abrazos, cruzando las barreras y penetrando en una suerte de zona neutra, donde intercambiaron los pequeños regalos posibles: cigarrillos, cigarros, chocolatines, whisky.

Dice la historia que la artillería permaneció silenciosa durante toda esa noche. Los cuerpos de los soldados que habían muerto en la lucha fueron recuperados y enterrados con la participación de sus camaradas de ambos lados, en unas ceremonias increíbles que se realizaron con respeto y emoción en esa “tierra de nadie” donde varios “enemigos” leyeron, juntos, un fragmento del Salmo 23.

Se cuenta que la tregua llegó a otras áreas también, y si bien en algunos casos duró sólo la noche de Nochebuena, en otros se prolongó hasta el comienzo del nuevo año y en otras partes hasta febrero.

Este acto espontáneo, que por supuesto no contó con la aprobación de los superiores de los altos mandos, sino que tuvo terribles reprimendas, quedó como un hito en la historia bélica europea.

Años más tarde, y una vez terminada la primera contienda mundial, un comandante en jefe de un batallón inglés que aquella noche hizo un alto el fuego en la zona de su jurisdicción flamenca y que hasta entonces se había ocultado, le contó lo siguiente a la prensa de su país:

“La Nochebuena y el día de Navidad lo pasamos muy agradablemente. Algunas de nuestras trincheras estaban a menos de cien metros de distancia de las alemanas, y a veces sosteníamos conversaciones muy animadas. En nuestra línea de fuego, convinimos en que no haríamos ningún disparo durante la noche ni el día de esa gran festividad. Los alemanes cantaron y tocaron algunas de sus canciones populares y algunas de las nuestras, y nosotros correspondimos, como era natural. El regimiento que estaba atrincherado a nuestra izquierda salió de sus trincheras y cada vez que divisábamos un resplandor aplaudíamos y gritábamos”.

Y sigue su narración: “El canto y el baile continuó toda la noche y al día siguiente, día de Navidad. Visitamos las trincheras de los alemanes, visita que luego nos devolvieron. Uno de los oficiales alemanes hizo una foto de todos nosotros y llegamos al extremo de ponernos nosotros los cascos de los alemanes mientras éstos se ponían nuestras gorras de plato”.

Cuenta además ese comandante que durante la Nochebuena encendieron luces de colores y hasta jugaron un partido de fútbol entre las dos trincheras, que -según otra fuente- terminó con el resultado de 3 a 2 a favor de Alemania. “Hasta nos permitieron dar sepultura a nuestros muertos y aún algunos alemanes, con la cabeza descubierta, nos ayudaron en tan triste operación”, prosiguió.

El componente un poco idílico o candoroso de este relato responde, precisamente, según algunas versiones, a la época navideña que les tocó vivir a esos protagonistas anónimos: como si la Natividad de Cristo y el espíritu navideño les hubiese cambiado la mente y el corazón; como si hubiese en la esencia de esa fecha algo que va más allá de cualquier violencia o crueldad, incluso aquella obligada (como lo es una guerra), y que se constituye así en una especie de paradigma de unión, afecto y hermandad.

Extraído y adaptado del Diario La Nación. Ver artículo completo

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