Ser profesor

Educar a un niño o a un joven no es hacerle aprender algo
que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía.
John Ruskin (Crítico y escritor británico)

Si bien el cuento de Virtudes Choique es sumamente popular y gusta mucho (a mi me encanta), es la lectura del héroe de nuestro tiempo la que me hace sentir más identificada. Será que es explícitamente sobre un profesor de ciencias sociales, aunque implícitamente se refiera a las otras áreas también. Será que tiene algo de teatral que me hace sentir identificada… si debo confesarlo, hacia mis alumnos intento tener la actitud de Virtudes Choique, aunque son totalmente reales los altibajos anímicos que describe Reverte.

Últimamente nos faltan vocaciones de educadores, y creo que tiene que ver con el hecho de que la escuela está tan discutida socialmente y tan responsabilizada por muchos de los males que nos aquejan.  Son tiempos en los que el saber no cotiza y los chicos, creo, van a la escuela por una especie de inercia social: saben que deben estar ahí pero no tienen muy en claro por qué. Con suerte, irán develando el misterio a lo largo de su paso por las aulas. Probablemente salgan de ellas queriéndonos mucho, poquito, nada… pero de seguro la mayoría saldrá con una convicción: “no pasaría ni loco por lo que pasaron mis profesores” y tal vez agregue: “y menos por el sueldo que se cobra”.

En estos días entre el día del maestro y el día del profesor, en este mes de los educadores, quiero contar un poco mi experiencia, lo que es ser profesor en el mundo de hoy; y según pude indagar, esta descripción no es potestad de mi país, sino de muchos otros, de manera que lo que voy a decir aquí creo queson sentimientos y vivencias compartidas.

La realidad es que los profesores, en cierto punto, tenemos espíritu de estrellas. Nos paramos una y otra vez frente a un auditorio que sigue nuestros despliegues. Y alzamos la voz, y les hablamos, y tenemos una y otra vez ese montón de ojos mirando. Claro que de la estrella al estrellado hay dentro del aula una línea muy delgada. En medio de nuestra puesta en escena, puede quedar de manifiesto para el auditorio más crítico del planeta que nos colocamos un zapato de un color y otro de otro, que tenemos tiza azul en los cachetes o que repetimos incesantemente y de modo inconsciente esa muletilla tan molesta…

Digamos que como contrapunto, tenemos un cierto espíritu masoquista: amamos el conocimiento de nuestras materias y aún así, pretendemos transferir ese amor a una horda que no entiende bien por qué tiene que aprender eso, y sobre todo, que tiene la cabeza en cualquier otra cosa: la salida del sábado a la noche, la chica que le gusta o la coca que va a comprar en el recreo. Llegado este punto, creo que los sujetos más sabios de las escuelas son las paredes que nos escuchan en silencio una y otra vez. Mientras tanto, seguimos repitiendo el tema que más nos gusta a un montón de caras de asco, de desinterés, de indiferencia… Y luego vienen las pilas de pruebas para corregir, y el momento agónico del cierre del trimestre…

Sin embargo, ellos están ahí y nos miran. Y en algún punto, siempre tocamos su fibra, y dejamos una huella. En la capacidad de reir de nosotros mismos, en la perseverancia y la constancia aún ante la adversidad, en el valor de apasionarse por algo, por algún saber. Pero por sobre todo, creo que mostramos la importancia de amar. Amar lo que se hace, amar al saber, amar a la patria, amar a los demás… Creo que hoy día, quien elige educar es porque elige amar; y cuando uno ama, apuesta una y mil veces porque cree que es lo bueno, lo justo, lo trascendente. Y para nosotros que trabajamos con jóvenes, todo eso es el futuro mismo.

Personalmente, siento fuertes amores por mi tarea.

Amo cuando mis alumnos se van y me dicen: “qué linda clase la de hoy”.

Amo cuando, en algún tema complejo, después de mucho pujar y alentarlos, damos a luz el entendimiento, y esa luz se ve en sus sonrisas, en las miradas llenas de brillo de satisfacción por haberse dado cuenta cómo son las cosas.

Amo cuando se quedan durante el recreo a hacerme preguntas porque la vida, las noticias, la clase, las experiencias les generaron interrogantes…

Amo cuando los chicos me buscan y me cuentan sus problemas, me piden consejos y ayuda para solucionar sus temas.

Amo cuando, más allá del tema del día, me preguntan por qué estoy tan triste, por qué falté el día anterior. Cuando me cuidan y me ofrecen su ayuda para distintos menesteres de la clase.

Amo cuando veo que los chicos van puliendo sus hábitos, sus modales, se hacen responsables, más seguros de sí mismos con cada logro.

Amo mi vocación y no podría haber elegido otra. Y espero que sea así por siempre, por los largos años que me quedan por delante. Espero además que la llama del amor a la educación, a los chicos, a la escuela, no se apague en los demás, sino que se contagie a otros futuros docentes que se enganchen en este desafío de educar, de ser profesor.

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7 pensamientos en “Ser profesor

  1. To work as a teacher these days is hard. Parents are on your back, to claim for your single mistake. every now and then they acknowledge your effort and basically consider our profession as another job from the bunch.
    However all professions passed through our hands and although we are put all the blame, families and society share guilt of all this chaos the world is in nowadays.
    Particularly I love my profession, I do my best to make something better out of this world. But more frequently than ever, we have to see scenes at our school like that one when a teacher is feeding a five year old girl (old times back those used to be mother’s duties) now we have to because they are too busy working or simply they want to squeeze their kids capabilities as soon as possible.
    Since very early stages we as teachers have to put up with scorn from both parents and children, but as our Savior taught us we have to forgive them because they don’t know what they are doing.
    Happy teachers day.
    We also receive some good presents too, as well as letters

  2. Hola Norita, soy una profesora de Cali , Colombia, en mi país se celebra el día del educador el 15 de mayo, leí tu escrito , me pareció interesante y lo he compartido con mis compañeros .
    Un abrazo.

  3. Muy lindo lo que escribiste, me llegaron tus palabras… y en muchos tramos me sentí identificado, aunque en muchos otros no jejeje… Pero es verdad, amo o me gustaría amar varias cosas que mencionas

    Y me quedo con una gran frase, que terminé corroborando (aunque es difícil que suceda, a veces): “Creo que hoy día, quien elige educar es porque elige amar”

    • Muchas gracias Martín, y me alegro que te haya gustado. Seguro que cada uno, desde su experiencia, puede definir qué es esto de ser profesor, y que cada definición será distinta, aunque todas tendrán denominadores comunes. Hoy, a raiz de tu comentario, volví a releer lo escrito y, como vos, no me sentí tan identificada con ciertas partes. Cosas de la vida, de los estados de ánimo, de los momentos de cada uno.
      Te agradezco tus palabras y me alegro de encontrar gente que comparte estos sentimientos por una tarea tan linda y tan sacrificada a la vez, que yo, como dije en el texto y seguiré diciendo, amo profundamente y no dejaría por nada.
      Un abrazo y muchos saludos!!

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