Löess

El Löess es un material geológico sedimentario eólico. Lo forman depósitos de limo originados por la deposición de partículas muy finas con tamaños que van desde los 10 a los 50 micrómetros y que son transportadas por las tormentas de polvo a lo largo de miles de años. Es de color amarillento, deleznable y carece de estratificación. Está formado principalmente por silicio, carbonato de calcio (piedra caliza), finísimos detritos orgánicos y arcillas. Constituyen un suelo de labor muy fértil y profundo.

El planeta que habitamos es un milagro.

La semana pasada, tras la lluvia, las terrazas, veredas y patios de la ciudad quedaron cubiertas de una capa de arcilla fina. Mi vecina de enfrente se preguntaba a gritos de qué obra había salido tanto polvo; mi madre igual. Pero luego, a 10 cuadras, mi tía se preguntaba lo mismo, y a 15, la mamá de Marina. No fue una obra de construcción; fue la obra de la naturaleza.

La llanura pampeana donde habitamos es una cuenca sedimentaria donde la mayor parte de los sedimentos son de deposición eólica, es decir, traídos por el viento. Los vientos predominantes en nuestra zona son los del oeste; y los sedimentos que se acumulan provienen históricamente de la erosión de las montañas del oeste de nuestro país.

Durante millones y millones de años, el viento ha ido trayendo desde el oeste sedimentos y los ha depositado en el lugar donde vivimos. De a pequeñísimas capas de un espesor ínfimo, la naturaleza ha ido construyendo el suelo donde hoy cultivamos. Y ese proceso continúa imperceptible mientras transcurre nuestra vida.

Desde la semana pasada está zondeando mucho en el Oeste, y los mendocinos están contentos porque van a tener agua para los cultivos en el verano. Nosotros, que recibimos el viento seco y frío, vemos depositarse con la lluvia una película arcillosa en las veredas; una película que ha viajado kilómetros y kilómetros, suspendida en el viento, desde la cordillera a nuestro hogar. Y renegamos por la suciedad sin reparar en el milagro de la naturaleza que sigue construyendo a su ritmo.

El planeta no es frágil, los frágiles somos nosotros. Por eso debemos cuidar nuestro mundo.

La naturaleza puede recuperar sin nuestra ayuda un suelo que agotamos con la soja, y nuestra vereda sucia es mudo testigo de ello, aunque no reparemos en el detalle. Pero ninguno de nosotros vivirá para verlo;  la naturaleza reconstruye en millones de años lo que nosotros destruímos en el término de una de nuestras brevísimas vidas. Sólo podemos esperar que aún haya seres humanos que puedan verlo. Todo lo que destruímos la naturaleza se encarga de reconstruirlo a su ritmo lento pero constante. Los que morimos de hambre somos nosotros. Los que quedamos sin agua somos nosotros. Los que somos los seres más frágiles de la creación somos nosotros.

Y pensar que nos sentíamos tan grandes y poderosos!!

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