La erupción del Mt. Pelée

Este relato se lo dedico a mis alumnos, ya que tienen un amor y un interés natural por estos fenómenos. Es que, ciertamente, un volcán, un sismo, despiertan la atención de todos por su violencia, su carácter inevitable, imprevisible y, si se quiere, su aspecto espectacular. La erupción del Pelée es uno de los hitos de la historia de la previsión de riesgos, ya que demostró la importancia de atender a los signos de la naturaleza y efectuar una adecuada tarea de evacuación o de preparación de las poblaciones para afrontar los desastres. Porque la erupción de un volcán es un fenómeno inevitable; lo que puede ser evitable es que ese fenómeno natural se convierta en un desastre por la falta de previsión.

Pero empecemos por presentar al protagonista: el monte Pelée (del francés: Montagne Pelée, ‘Montaña pelada’) es un volcán activo ubicado en el extremo norte del Departamento francés de Ultramar de la isla de Martinica, parte del arco volcánico de las Antillas Menores. El Pelée es uno de los volcanes más destructivos de la Tierra, famoso por la extraordinaria destrucción que provocó su erupción de 1902, en la cual murieron 30.121 personas y que arrasó completamente la región, destrozando St. Pierre —en ese tiempo, la ciudad más grande y la capital de Martinica— con enormes flujos piroclásticos.

Vista de St. Pierre y el Mont Pelée en la actualidad

St. Pierre, fundada a orillas del mar Caribe, era una próspera colonia francesa de más de 20.000 almas desde la cual se comerciaba la preciada caña de azúcar. Era el segundo asentamiento más importante de la región, ubicada a solo escasos 7 km de donde se elevaba el volcán, que actualmente tiene 1397 msnm. pero que en 1902 tenía una altura mucho mayor. En St. Pierre siempre se encontraban anclados navíos de diversa procedencia, en su mayoría europeos y estadounidenses que se encontraban en tránsito o cargando azúcar.

Desde 1899 el volcán comenzó a mostrar signos de mayor actividad: comenzó a incrementar el tamaño de sus fumarolas y a liberar vapor. Pero como las fumarolas habían estado apareciendo y desapareciendo o cambiando de lugar desde que se tenía memoria, ni el gobierno colonial ni la población dieron importancia al hecho.

A fines de abril de 1902 se produjo una ligera lluvia de cenizas que cayeron sobre las laderas sur y oeste, acompañadas de fuertes movimientos subterráneos. El 1 de mayo de 1902 la montaña vomitó una gran nube de rocas y cenizas desde la cumbre, que no causó daños por lo que las autoridades tampoco vieron en esto motivo de preocupación. El 2 de mayo comenzaron las grandes explosiones, fuertes terremotos y una enorme columna de denso humo negro. El 5 de mayo la montaña amaneció calma en apariencia; sin embargo, a las 13 horas una de las paredes del cráter se derrumbó, arrojando una avalancha de lodo y agua hirviente y sepultando al menos a 150 personas que trabajaban en un ingenio cercano bajo una capa de barro de entre 60 y 90 metros de espesor. A las 2 de la madrugada del día siguiente, comenzaron a escucharse fuertes ruidos originados en el corazón de la montaña. A las 4 de la mañana del miércoles 7, el monte Pelée extremó aún más su actividad: las nubes de ceniza ocasionaron el corte del suministro eléctrico en la ciudad y los dos cráteres comenzaron a brillar con luz rojoanaranjada en la oscuridad.

A lo largo de todo el día los pobladores intentaron huir de la ciudad, algunos navíos decidieron zarpar, como en el caso del vapor “Orsolina” que abandonó el puerto con solo la mitad de su carga de azúcar embarcada, a pesar de las quejas de los armadores y de la amenaza de arresto. Mientras tanto, la mayor parte de la población rural trataba de refugiarse en la ciudad, entre otras razones, porque los periódicos seguían diciendo que la ciudad constituía un refugio seguro, de manera que la mayoría de la gente se negaba a abandonar St. Pierre; incluso el gobernador y su esposa permanecieron allí.

El 8 de mayo por la mañana, una nave que se utilizaba para la reparación del tendido eléctrico tenía la ciudad a la vista desde el mar cuando el volcán entró en su erupción final: la mitad superior de la montaña se desgarró, se abrió y exhaló horizontalmente una densa nube de humo negro formando un gigantesco hongo que oscureció el cielo en un radio de 80 km. La velocidad de desplazamiento de esta nubes era de más de 670 km por hora. El flujo pirocástico cayó por la ladera y aceleró en dirección a St. Pierre: consistía en vapor supercaliente, gases volcánicos y polvo, todo calentado a temperaturas superiores a los 1.075 °C. En menos de un minuto envolvió la ciudad, incendiando instantáneamente todo elemento combustible con el que entraba en contacto.
Luego, durante la siguiente media hora, llovió una mezcla de barro, agua y cenizas.

Un testigo declaró: “La montaña explotó en pedazos sin aviso”. Otro dijo que “fue como presenciar la explosión de una refinería de petróleo gigante. Hacia nosotros vino una gigantesca pared de fuego, y su sonido parecía el disparo de mil cañones. La ola de fuego nos cubrió como si fueran relámpagos estallando sobre nosotros. Era un huracán de fuego”. Un tercero expresó: “La ciudad se desintegró ante nuestros ojos”.

Los restos de la ciudad ardieron durante varios días. El flujo piroclástico arrasó un área de 21 km2. Antes de la erupción, St. Pierre había tenido 28.000 habitantes, que sumados a aquellos que se dirigieron a la ciudad desde las zonas rurales, daban un total de más de 30.000. Unos pocos sobrevivieron, tal vez el más célebre fue Louis-Auguste Cyparis, un delincuente que estaba acusado de herir a un amigo con un puñal y que era mantenido encerrado en una celda subterránea de la prisión de la ciudad. Dentro del área de devastación total, la vida fue aniquilada totalmente y las propiedades destruidas. Siguiendo hacia el exterior, existió una segunda zona que sufrió un daño menor a pesar de haberse registrado numerosas víctimas.Luego de la erupción, el monte Pelée se mantuvo en actividad mediante eventos menores durante tres años más, volviendo a la calma el 4 de julio de 1905.

La erupción del monte en 1902 fue el primer evento volcánico de magnitud transmitido a todo el mundo con los modernos medios de comunicación recientemente desarrollados. Fue el peor desastre volcánico del mundo en el siglo XX en cuanto a pérdidas humanas; resultó ser la tercera erupción más potente del siglo XX, solo superada por las colosales explosiones de los montes Pinatubo (Filipinas, 1991) y Santa Helena (Estados Unidos, 1980), y su furia destructiva fue comparable a la del volcán Vesubio, que destruyó Pompeya en 79 tanto en daños materiales como en número de víctimas fatales.

Como consecuencia de la destrucción de 1902, los geólogos comenzaron a tomar medidas para vigilar y monitorear los volcanes, ya que el Pelée había demostrado que los estratovolcanes activos son perfectamente capaces de arrasar, completa, una gran ciudad capital y de matar a toda la población de un pequeño país. Esto condujo a un mayor desarrollo de instrumentos como los sismógrafos, y a numerosos esfuerzos tecnológicos para crear otras herramientas de observación y estudio geológico.

Desde 1932, el volcán no ha vuelto a dar señales de actividad, pero la experiencia pasada demuestra que no se debe confiar en su quietud. Casi con certeza, cualquier actividad eruptiva futura será precedida por ruidos, temblores, señales de inquietud y aumento de las fumarolas, tal como ocurrió en las cuatro grandes erupciones anteriores. El monte Pelée es uno de los volcanes más activos de su arco y del mundo, y es muy factible que haga erupción en el futuro. Es por ello que se lo mantiene bajo una estrecha vigilancia por parte de geólogos, geofísicos y vulcanólogos. Actualmente, la Comuna de St. Pierre tiene solamente (según censo 2004) 4.500 habitantes.

Otro relato sobre volcanes: el nacimiento del volcán Paricutín

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