Viejo y querido Subte A

El subte AEl subterráneo para mí tiene un significado especial, era una de esas cosas que me fascinaba de chica. Cada vez que iba al centro con mi mamá, esperaba que necesitáramos tomarlo.

En 1904, la lína A fue la primer línea de subterráneos de Sudamérica, y sus pasajeros hablaban del “pueblo de San José de Flores” sin imaginar que algo más de un siglo después esa misma línea tendría su cabecera en ese pueblo, ya integrado al tejido urbano. Hoy sus vagones de madera centenarios aún crujen al andar, y son pedazos de historia rodando por las vías, y encierran las historias particulares de cada uno.

Mis recuerdos infantiles están muy unidos al traqueteo del subte A. El día que a mi tía se le quedó el auto en Diagonal Norte y Florida, mi prima Ana nos pasó a buscar y nos trajo a casa con el subte A. Arrodillados en el asiento de madera, fuimos con mi hermano Martín con la nariz contra el vidrio mirando las vías más adelante. Aún hoy, al pasar por José María Moreno, recuerdo la parada donde nos tomamos el colectivo una vez que nos bajamos del subte, refunfuñando porque queríamos seguir.

Ni que decir las vivencias cotidianas de 10 años de profesorado… comenzando por el espanto que me dio la primera vez que al bajar me di cuenta que tenía que abrir yo la puerta de un tirón, porque no eran automáticas… Aún titilan sus lamparitas en ciertos puntos del túnel, y cruje aún detenido, esperando la luz. En esos momentos el silencio es tenso, y el rugir del subte que viene en el sentido contrario intensifica el nerviosismo al resonar en el túnel.

El otro día viví una situación así y me sentía dentro de “Moebius”, esperando que ocurriera el pasaje a otra dimensión de la cual no es posible regresar, porque de eso trata la película: las consecuencias de extensión de la red es que los trenes pasan a otra dimensión y desaparecen de la nuestra. Si no la vieron se las recomiendo.

De todas las líneas sigue siendo mi preferida. Y la miro con ojos de turista: fascinada, sacándole fotos, esperando que no le llegue el progreso y que los viejos vagones sigan circulando. Porque mientras subsista uno de ellos, nuestros recuerdos están a salvo, y muchas historias de la ciudad también.

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