El cerro rico de Potosí

Potosi - El cerro rico

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Hace unos días se cumplió el año de mi estadía en Potosí, y pronto será un año del cumpleaños que pasé en uno de sus bares. Siempre quise escribir sobre esa ciudad que me fascinó. Pero mi primera impresión fue casi de horror: el cerro fue lo primero que chocó la ruta a nuestra llegada a la ciudad. Sentí la impresión de estar revuelto, un escalofrío me recorrió pensando que esos montones de colores, esos agujeros eran cinco siglos de revolver el mismo lugar. Luego, caminando por sus calles que son como trasladarse en el tiempo, le fui encontrando todo el encanto. Pero el cerro siempre estaba ahí, imponiendo ese mudo respeto que implica rememorar el horror que encierra su historia.

El guía de la Casa de la Moneda nos contó la historia del cerro, cómo curiosamente los incas nunca lo habían explotado antes de los españoles. Eduardo Galeano incluye el relato en uno de sus más famosos libros, “Las venas abiertas de América Latina”. Fue leyendo este libro, que por tantos meses me llamó desde la biblioteca, que sentí que aún sentada en el borde de la pileta del club, tomando el sol de la mañana, volaba hasta los sitios que recorrí un año atrás; y una de las primeras imágenes que se me vino a la cabeza fue Gonzalo diciendo que las cosas estaban “Potojsi” cuando le gustaban mucho… Porque debo confesar que pese a haber estado ahí, no podría haberlo descripto mejor, y comparto todas las impresiones que él describe.

La historia de Potosí no había nacido con los españoles. Tiempos antes de la conquista, el inca Huayna Cápac había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orko, el cerro hermoso, y por fin pudo verlo cuando se hizo llevar, enfermo, a las termas de Tarapaya. Desde las chozas pajizas del pueblo de Cantiumarca, los ojos del inca contemplaron por primera vez aquel cono perfecto que se alzaba, orgulloso, por entre las altas cumbres de las serranías. Quedó estupefacto. Las infinitas tonalidades rojizas, la forma esbelta y el tamaño  gigantesco del cerro siguieron siendo motivo de admiración y asombro en los tiempos siguientes. Pero el inca había sospechado que en sus entrañas debía albergar piedras preciosas y ricos metales, y había querido sumar nuevos adornos al Templo del Sol en el Cuzco. El oro y la plata que los incas arrancaban de las minas de Colque Porco y Andacaba no salían de los límites del reino: no servían para comerciar sino para adorar a los dioses. No bien los mineros indígenas clavaron sus pedernales en los filones de plata del cerro hermoso, una voz cavernosa los derribó. Era una voz fuerte como el trueno, que salía de las profundidades de aquellas breñas y decía, en quechua: « no es para ustedes; Dios reserva estas riquezas para los que vienen de más allá». Los indios huyeron despavoridos y el inca abandonó el cerro. Antes, le cambió el nombre. El cerro pasó a llamarse Potjosí, que significa: «Truena, revienta, hace explosión».

«Los que vienen de más allá» no demoraron mucho en aparecer. Los capitanes de la conquista se abrían paso. Huayna Cápac ya había muerto cuando llegaron.. en 1545 el indio Hualpa corría tras las huellas de una llama fugitiva y se vio obligado a pasar la noche en el cerro. Para no morirse de frío hizo fuego. La fogata alumbró una hebra blanca y brillante. Era plata pura. Se desencadenó la avalancha española.

Fluyó la riqueza española. El emperador Carlos V dio prontas señales de gratitud otorgando a Potosí el título de Villa Imperial y un escudo con esta inscripción: « Soy el rico Potosí, del mundo soy  el tesoro, soy el rey de los montes y envidia soy de los reyes». Apenas once años después del hallazgo de Huallpa, […] Llovían los buscadores de tesoros sobre el inhóspito paraje. El cerro, a casi 5000 metros de altura, era el más poderoso de los imanes, pero a sus pies la vida resultaba dura, inclemente: se pagaba el frío como si fuera un impuesto y en un abrir y cerrar de ojos una sociedad rica y desordenada brotó, en Potosí, junto con la plata. […]

En Potosí se explota ahora el estaño que los españoles arrojan a un lado como basura. […] Desde las bocas de los cinco socavones que los españoles abrieron en el cerro rico se ha chorreado la riqueza a lo largo de los siglos. El cerro ha ido cambiando de color  a medida que los tiros de dinamita lo han ido vaciando y le han bajado el nivel de la cumbre. Los montones de roca, acumulaba en torno de los infinitos agujeros, tiene todos los colores: son rozados, lilas, púrpuras ocres, grises, dorados, pardos. Una colcha de retazos.

Eduardo Galeano. Las venas abiertas de América Latina. Bs As. Catálogo. 2003. ps 38, 39, 52

Yo no podría haberlo escrito mejor: las casas, las iglesias… aún hoy se ven sus esplendores pasados. Y el cerro causa a los viajeros la misma impresión que marcó a Huayna Cápac, además de que sigue en plena explotación. Tras 500 años de explotación continua, dicen que aún conserva ¾ partes de su riqueza mineral.

Sin embargo, Potosí no es la misma. La mayor parte de las minas actuales son cooperativas, y los mineros tiene un buen poder adquisitivo. Nos contaba un taxista que muchos no saben a ciencia cierta en qué invertir su dinero y compran autos modernos (algo visible en las calles). La riqueza actual del municipio se ve en sus obras públicas: mientras que a muchas ciudades de la talla de Sucre y Cochabamba se accede por caminos de ripio, Potosí está pavimentando todos sus accesos, con lo que eso implica en un territorio como el del altiplano boliviano. Hoy por hoy es el único distrito altiplánico con recursos naturales en explotación que generen un flujo importante de riqueza. Esto ya es mucho decir para un país convulsionado como está Bolivia hoy, y para una ciudad tan castigada por la historia como Potosí. Tal vez para ella finalmente llegó el momento de “que la tortilla se vuelva” como dice la vieja canción.

Por mi parte, nunca olvidaré mis días allí.

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7 pensamientos en “El cerro rico de Potosí

  1. Hola!

    Interesante tu artículo, yo también fui a Potosí y fue tan mágico… no es un lugar para divertirse, para pasarlo bien o disfrutar del paisaje; sino es un lugar cultural, místico, lleno de leyendas, historia pura sobre la colonia, y es más interesante relacionar con escritos…
    saludos a todoa!!!!!!!!!!!

    • Hola Mauricia!!
      Gracias por tus palabras y por comentar.
      Creo que a nadie le gusta Potosí de entrada, creo que mi primer pensamiento fue “quién me manda a meterme acá!” Y eso que ni siquiera me había bajado del micro. Me produjo tanto horror la vista panorámica (más por los saberes históricos que por la ciudad en sí) que tenía ganas de salir corriendo. Además, nos habían metido miedo de que era muy peligrosa. Y convengamos: ninguna terminal de micros es bonita.
      Pero ya desde el colectivito que nos llevó al hostal, que daba vueltas por las callejuelas más antiguas, empecé a tomarle el gustito a esa ciudad que esconde tantos misterios y con la que uno finalmente queda fascinado. Porque si alguien me pregunta si vale la pena visitar Potosí, mi respuesta será que sin duda!! Que no se la pierdan!!
      Muchos saludos, y espero que tengas un muy buen fin de año y un mejor comienzo del próximo!!

    • Gracias por comentar, te cuento que no tengo mucha más información sobre el cerro, la que puse la saqué del libro de Galeano “Las venas abiertas de América Latina” y acoté algunas cosas que me enteré estando en Potosí. Si te interesa la historia del cerro, hay muchos textos de historia latinoamericana que cuentan como se vivía en la época colonial, detalles de la explotación de la plata, etc. Espero que puedas encontrar lo que buscás!!
      Saludos!!

  2. casualmente, estuvimos en potosí con un amigo la semana pasada y es como presenciar la vida de antes en nuestros días.. el estilo colonial que conservan las calles, las viviendas..
    la gente es bastante amable y cuando visitamos una de las minas cooperativas nos explicaron algo de la historia que ya habiamos leido en “las venas..” y la situación del minero actual..
    el minero es próspero siempre y cuando los ingenios paguen bien el mineral.. el guía nos contó que ahora estaban vendiendo los vehículos que compraron antes, cuando se pagaba bien; y que incluso varios optaron por un auto en lugar de una vivienda y por eso su situación ahora es medio complicada..
    de todas maneras, el minero obtiene solo un porcentaje del porcentaje que al ingenio le dejan los que finalmente se llevan el mineral a otros lados..
    es realmente triste observar la ciudad que pudo haber sido el centro del mundo gracias a su riqueza y hoy te recibe con amabilidad pero con pobreza, basura e incluso un fuerte hedor apenas te bajas del micro en la terminal..

    • Hola Carlos!!
      Muchas gracias por tu comentario!! Muchas gracias por el detalle de tu relato. Cuando viajo, además de los lugares, los paisajes, la historia… lo “turístico”, me gusta meterme en la vida cotidiana de la gente, hablar con el taxista, el almacenero, el colectivero… uno se entera de la vida real fuera del circuito de turismo, y eso es lo enriquecedor en los viajes.
      Tanto en Sucre como aquel taxista de Potosí me dijeron que la minería está pagando. Yo no fui a las minas por temas personales, invertí ese tiempo recorriendo más las calles; pero mis amigas que si fueron me contaron que en la mina cooperativa donde estuvieron les dijeron que la calidad de vida en ese momento (hace un año) había mejorado bastante. Pero claro, hay que tener en cuenta, como vos decís, que no deja de ser una economía primaria exportadora dependiente de lo que otros paguen por el mineral… de manera que es sumamente fluctuante e inestable.
      Cuando el taxista me dijo que los mineros andaban con autos caros, yo pensé en seguida que habrían dado prioridad a sus casas, entonces me dije “sí que están ganando!!”. Pero después, durante el año, hice una investigación para el profesorado sobre los inmigrantes bolivianos en el Alto Valle del Río Negro, y me sorprendió ver que para ellos el vehículo propio es un signo de ascenso social, aún más que la casa. Diferencias culturales… los que provenimos de inmigración europea, española en mi caso, damos prioridad a la vivienda, pero no todos piensan igual. Por eso será que ahora están vendiendo sus autos o tienen problemas con las casas… en el conexto de crisis actual la minería no debe estar pagando como hace un año…
      Y sobre la terminal… si… no es bonita esa zona… no creo que sea solo la terminal, es que uno va a turistear y se queda más con el circuito céntrico histórico y falta un poco recorrer la Potosí actual. Cuando me tocó volver de paso al regreso del viaje me sorprendió la diferencia en el alojamiento; tras haber estado en la calle Chuquisaca, bien céntrica, en un hostal para turistas, paramos en un hostal de la terminal donde se alojan los bolivianos. Por el mismo precio, la diferencia en la comodidad fue tristemente notable.
      Bueno amigo, gracias por el aporte, para mi es muy rico que mis artículos motiven a gente como vos a contar sus experiencias y percepciones!! Proximamente saldrá una segunda parte sobre “la villa imperial de Potosí” propiamente dicha, también con textos de Galeano. Te mando un saludo, estamos en contacto!!

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