Un ángel cayó
Un ángel murió
Un ángel se fue
Y no volverá…
Maná
Cuando los ángeles lloran
Duele.
Mucho.
Demasiado.
Lucas era de lo más tranquilo en un curso de por sí tranquilo, amoroso, y trabajador. Lo que más recuerdo era que era capaz de sostener la mirada y trasmitir una calma que yo no tengo. Sonreía con suavidad, casi sutilmente, pero con la franqueza y picardía propia de sus 14 años. Y cuando hablaba, era pausado y nunca gritaba.
Recuerdo que no había recreo en que Paula no bajara a verlo, y aunque se molestaban a propósito mutuamente, se veía que tenían un amor fraternal enorme, un amor fraternal que yo no tengo. Y me pregunto… ¿de qué sirve la Geografía ante tanto desconsuelo, ante el sentimiento de Paula de que su vida perdió el sentido porque le quitaron a su hermano?
Cuando uno es profe, deja todo en el aula. En ese colegio dejamos todo más que en ningún lado. Terminamos en juicio, despedidos, pero después de haber luchado sin cuartel y sin cobrar. Y esa entrega total tenía una razón de ser: los chicos. Chicos como Paula, chicos como Lucas.
Entre profesor y alumno se va tejiendo un vínculo que resulta más fuerte de lo que nadie creería, ni siquiera nosotros mismos. Es ese vínculo el que se revela brutalmente en estos casos. Ahora miro a mis otros alumnos, los actuales, y siento pánico de que mañana sea cualquiera de ellos. Llegar un día y encontrar que se apagaron las estrellitas de un par de esos ojos que me miran a diario y por las que dejo todo, como se apagaron las de Lucas. Enterarme que alguien me arrebató violentamente, como me arrebataron a Lucas, otro de esos puñados de sueños que encuentro al pasar, enredados en la Geografía que pretendo enseñar.
Otra puñalada en el corazón, otro ángel que nos mira desde el cielo. Para mí, el segundo en el año. Sí que duele!!
Querido Lucas… Nunca te vamos a olvidar. Sé nuestro ángel… y descansa en paz!!


