Este relato es colaboración de mi colega y amigo Alejandro, que quiso relatar lo que vivimos este fin de semana… cumplo con la promesa de no censurar ninguna de sus partes!! (Había algo censurable?)
¡Gracias, Señor, por poner a personas determinadas en el camino de mi vida! Esta es la oración que brota de mi corazón en estos días… ¿Quién iba a pensar que conocería a gente tan buena en esta etapa? Gracias, gracias, gracias.
Desde el 2006 que te conozco, pero recién ahora me doy cuenta cómo sos. Vos pusiste el cartel en el Joaquín solicitando estudiantes de económicas en el colegio donde trabajabas. Y yo me presenté y quedé como colega tuyo. Compartimos mesas de exámenes, compartimos mates, compartimos la nevada, nos sinceramos mutuamente contándonos cosas muy profundas de nuestras vidas, compartimos momentos inolvidables, como el de la Plaza Devoto, como el regreso de Bolivia, como el de ayer…
Después de enterarme que el cumpleaños de Mariela era el viernes después de las 24 hs, apareció una luz de esperanza para ir a ver el recital de “Sin Bandera” que tantas ganas tenía. Y cuando Dios escribe una línea en el Libro de la Vida, es imposible borrarla… Se va dando todo “naturalmente”… Conseguí las entradas más caras 2×1 el mismo día del recital, conseguimos unos lugares bárbaros, viajamos tranquilos, todo se dio, como si Dios quisiera que estemos en ese momento, en ese lugar…
Y Ferro nos recibió con los brazos abiertos. Entramos, nos ubicaron, nos sentamos y hablamos (como hacemos siempre) de situaciones que nos agradan, otras que preferiríamos no haber vivido y, sobre estas últimas, buscamos soluciones para que esa persona pueda ser feliz como corresponde. Todo esto mientras esperábamos que comience “Camila”, la banda soporte. Las cámaras enfocaban a la gente que estaba en el estadio. Y todos las buscábamos para ver a quién era la persona que aparecía en la pantalla. Hasta que el camarógrafo (con un tinte morboso) apuntó la cámara a una joven con aparatos en su boca… y la imagen se tildó unos segundos. Los que miramos la pantalla en ese momento moríamos de risa. La gente hacía chistes. Pobre mujer, no se olvida más de ese chasco.
Y comenzó Camila: sonaron canciones lindas, otras no tanto, pero la idea era compartir el momento. Después comenzó el “vientito” a hacerse notar, y con esto llegaron los chistes: que las pantallas se iban a ir volando, que se produciría un asesinato con 30.000 personas de testigo, que quedaríamos empapados, etc.
Y el recital empezó: Sin Bandera comenzaba a despedirse de Ferro, de la Argentina (porque se separarían) con una tenue garúa que hacía pensar que se venía el cielo abajo. Sin embargo, vos me dijiste que sabías que eso no iba a pasar. Y me pediste que crea, y creí. Y no pasó.
Sin embargo, en cuanto comenzó a garuar, apareció el típico oportunista que nos sacó otra sonrisa de la cara: “pilotos, pilotos” dijo el señor. Tres gotas habían caído, y el hombre ya los tenía debajo del brazo, listo para enganchar a algún asustadizo que otro.
Los temas se iban sucediendo, uno tras otro; las chicas morían por el rubio ARGENTINO, y nosotros escuchábamos, cantamos alguna que otra; en definitiva, disfrutamos un buen momento. Y el final llegó. 19 canciones sonaron esa noche, la gran mayoría de amor en todos sus tintes (declaraciones, rupturas, etc). Pero 19 canciones bien elegidas para despedirse con todo. Creo que nadie puede decir que se fue defraudado, al menos yo me fui hecho. Quería estar en ese momento, en ese lugar y escuchar en vivo y en directo lo que siempre oigo en el mp3 o en la compu.
Salimos de Ferro y nos dirigimos hacia el cumple de Mariela. Pero antes, teníamos que cenar algo, porque nos esperaba una noche larga. Caminamos y encontramos un Uggis que nos alimentó. Compramos la coca y la cerveza que teníamos que presentar como invitación antes de entrar al cumple. Hicimos la cola para tomar el 5, nos subimos y bebíamos un poco de gaseosa mientras seguíamos hablando. Llegamos al cumple, la saludamos y nos ubicamos para pasar la noche. Saludaste a los que conocías, bailaste, tomaste, te divertiste.
Y la hora pasaba. Y nos fuimos. Vos estabas tan cansada que cabeceaste un poco en el colectivo: claro, habías empezado el día temprano, yendo al colegio después de las vacaciones, después de haber estudiado la materia que no te gusta, de haber ido al recital…
Y el día se iba terminando… y no parabas de dejarme enseñanzas… Es más fuerte que vos. Vivís para enseñar no sólo los contenidos conceptuales en el colegio o en las caminatas, sino también los actitudinales. No dejás de dar consejos en los momentos en que la gente los necesita. Siempre estás dispuesta a darte y entregarte por tus amigos, por las personas que vos valorás. Y eso es para resaltar y para comunicar a todo el mundo. Que todos se enteren que, a pesar de las dificultades, a pesar de todo lo malo que nos rodea, existe Nora Cecilia R. para ponerle el hombro a las situaciones y para dar esa palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado y que siempre estás disponible para quien se siente explotado y deprimido.
¡Gracias por todo!


